Los pueblos fantasma de la Patagonia

La camioneta vuela sobre el pedregullo; la soledad le gana a todo el paisaje y de repente parece disiparse cuando a lo lejos empiezan a dibujarse los contornos de algunas casas; pero no, al llegar, son sólo estructuras olvidadas, donde el viento se ensaña con los carteles
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17 de julio de 1998  

Atravesando la Patagonia hacia el Sur por la ruta nacional 3, a poco de ingresar en la provincia de Santa Cruz se alcanza el caserío de Fitz Roy. No se debe confundir esta denominación con el nombre de monte Fitz Roy, cerro fronterizo que es el símbolo provincial y también del montañismo patagónico. Esa montaña es quizá tan conocida en el ambiente internacional como el Aconcagua y, sin duda, mucho más codiciada, aun teniendo la mitad de altura que éste.

Fitz Roy alguna vez fue un pueblo. Este pequeño caserío casi abandonado tiene una estación de servicio de concurrencia casi obligatoria en la peregrinación al lejano sur. Es norma del buen viajero patagónico cargar combustible cada vez que se pueda (y consumir algo en los pocos boliches de campo que aún subsisten a la vera del ripio, agonizantes en la era del turbo diesel y del aire acondicionado si la travesía es en verano).

Las estaciones de servicio son pocas en la Patagonia y no siempre están provistas. Mucho menos de combustibles sin plomo o GNC.

Por eso, ciertos surtidores suelen tener una cola de vehículos hasta en medio de la estepa.

Fitz Roy, Tres Cerros, Bajo Caracoles, Tres Lagos, Esperanza... sólo algunas casas, unas bombas y el viento.

No todo es aventura



En esas colas, en las que se estiran un poco las piernas y algún voluntario busca conseguir agua caliente para el mate, se cruzan algunas palabras con otros conductores.

La parada sirve, también, para abandonar el tedio del camino. Porque no siempre subirse a una camioneta de doble tracción es sinónimo de aventuras sin límites.

"¿Cómo está el ripio de la isla?" "¿Está serruchada la 40?", refiriéndose al tramo santacruceño de la ruta nacional 40, aún de ripio, y que el Ejecutivo Nacional prometió pavimentar cuando su relación con el Ejecutivo provincial era más afectuosa.

Casi siempre el tema es el ripio. Los todoterreno y las camionetas sobre el ripio y el consolidado duro producen casi placer en comparación con igual experiencia en auto de ciudad. Aun con serrucho, costilla o calamina (nombres regionales para el mismo fenómeno de arrugamiento de la superficie del camino) o incluso con crestas de piedras elevadas a lo largo de la ruta, los 4x4 absorben los tumbos y las vibraciones. Su suspensión es muy versátil como para tolerar la circulación sobre piedrones o en el más liso pavimento.

Esa circunstancia entraña también peligro. La alta velocidad sobre el pedregullo se siente como en una autopista, pero los dos mil kilos de camioneta están virtualmente volando, casi sin agarre al camino.

Acostumbrarse a un 4x4 diesel, ruidoso y pausado, para luego subir a una pickup naftera, silenciosa y veloz, hace que sin darse cuenta se lleve el velocímetro a valores peligrosísimos.

El derrape en una curva de ripio puede llegar a ser el principal condimento de un accidente evitable. Los 4x4 son altamente seguros si se manejan con conciencia.

El largo camino a Deseado



Antes de llegar a Deseado hay etapas intermedias para los 4x4. Por la 281, unos 40 kilómetros desde Jaramillo, sale hacia la izquierda, hacia el mar, un camino de tierra que cruza las vías. Es la ruta provincial 68 que lleva hacia Punta Nava.

Casi a campo traviesa, y siguiendo algunos carteles, se alcanza la Estancia La Madrugada. Allí, Lucas Fabiani (068-242263) puede ofrecer desde alojamiento en su casa hasta un programa de recorridos por sus tierras, incluyendo el acercamiento a la Reserva de Vida Silvestre Cañadón del Duraznillo, donde conviven mamíferos marinos y varias especies de aves costeras, como pingüinos y cormoranes.

Luego de una visita a Puerto Deseado, para seguir al Sur hacia Tierra del Fuego, usualmente se vuelve a la ruta 3 por donde se vino, bordeando el viejo ferrocarril. Pero en camioneta se puede continuar al Sur para empalmar con la ruta 3 más adelante, cerca de San Julián. Este camino es la ruta 47, poco transitada y con muchas huellas, que sale hacia el Atlántico.

La única compañía son los peludos, las liebres y los guanacos que se empeñan en correr delante del paragolpes. En particular, uno de estos caminos vecinales lleva a campo traviesa hasta Estancia El Amanecer, en Punta Medanosa.

Desde la estancia se pueden visitar, por caminos rústicos, colonias de fauna y un viejo faro.

Laura, o el Oso Marino



Conviene asesorarse en Deseado sobre el estado de los caminos y de los puntos más convenientes para visitar en diferentes épocas del año. Esas huellas conducen a otros puntos panorámicos y a colonias de fauna poco conocidas, como bahía Laura, bahía Oso Marino, etcétera.

En esta zona no hay mayor apoyo logístico, por lo que se debe estar preparado para acampar y contar con combustible y provisiones adicionales.

Como en toda travesía por lugares poco frecuentados e imprevisibles, es mucho más prudente estar acompañado de otro vehículo.

Una buena idea es ir marcando en un mapa los puestos y estancias que se van viendo, al mismo tiempo que el kilometraje del odómetro. Un GPS es aquí realmente útil. Estos aparatitos, cada día más baratos -y, mejor aún, más fáciles de usar-, dan la marcación satelital de latitud y longitud.

Se podría decir que, contando con algunos días de tiempo, se puede ir recorriendo el sector costero al sur de Puerto Deseado.

Esa zona, casi virgen para el turismo, espera todoterrenistas que quieran vadear sus arroyitos, cruzar sus grietas y bajar a sus playas de piedras y fósiles para descubrir lugares inéditos.

Sergio Zagier

En vía muerta

En el barcito de YPF de Fitz Roy hay una colección de objetos arqueológicos prolijamente expuesta en unas vitrinas. Tal es la cantidad de elementos recolectados que el conjunto sería el orgullo de más de un museo provincial.

Puntas de flechas de todo calibre, para cazar desde un colibrí hasta un ñandú; bolas de piedra, fósiles y piñas petrificadas.

Hay una gran proporción de casas en el pueblito, donde todavía pueden leerse los carteles que indicaban hotel (por supuesto abandonadas). El porcentaje de hoteles por habitante debe haber batido todas las marcas. A espaldas del pueblito quedan los restos de una vieja estación de ferrocarril.

Es la línea que unía Puerto Deseado, en la costa atlántica, con Las Heras, pueblo petrolero en el corazón de la provincia de Santa Cruz. Esa línea de rieles está hoy abandonada. Es la línea férrea convencional más al sur del mundo.

La trocha de los carboneros

Mucho más al Sur que la trochita de Esquel. Otros rieles no se pueden considerar en la misma categoría, ya que son sólo carboneros (Río Gallegos-Río Turbio) o forestales (Ushuaia, hoy reconstruido como tren turístico). Ese ferrocarril fue diseñado para continuar hasta los Andes y luego cruzar al Pacífico. Un auténtico transcontinental.

Los rieles, casi en línea recta, se pueden seguir desde Fitz Roy hacia el Atlántico. La ruta 281, pavimentada, nace cerca del caserío y corre hacia Puerto Deseado paralela a las vías. A unos 21 kilómetros de Fitz Roy se atraviesa el pueblo de Jaramillo -también con estación-, pueblo que tuvo protagonismo en el levantamiento obrero de los años veinte.

Más adelante, otras estaciones solitarias hacían la provisión de agua a las locomotoras de vapor. Sólo quedan las paredes de piedra amarillenta, hermosas construcciones que fueron expoliadas de todo lo que fuera madera o chapas, como techos, ventanas y puertas.

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