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Kintsugi

Ariel Torres
Ariel Torres LA NACION
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12 de septiembre de 2017  

Fieles a nuestro estilo, la propuesta de que los alumnos del quinto año de la secundaria tengan sus primeras incursiones en el ambiente laboral ha originado una nueva polarización. O, como nos gusta decir ahora, otra grieta. Tarde o temprano vamos a tener que hacer un curso veloz de kintsugi, el arte japonés de la reparación de vajilla de cerámica.

Lo interesante, en este caso, es que sin importar cuál de los dos lados tenga razón, cuanto antes los alumnos tengan contacto con el mundo laboral, mejor. Si no lo encuentran atractivo, todavía estarán a tiempo de elegir otro tipo de empleo. Si resulta que eso era lo que en verdad querían hacer, el incentivo para ponerle garra será mayor.

No equivocarse en elegir el tipo de empleo y descubrir una vocación tempranamente se han vuelto cuestiones críticas, porque estamos marchando a paso rápido hacia un mundo de inteligencia artificial, robots y vehículos autónomos. Si algo va a cambiar durante los próximos 25 años es el trabajo, y será la primera vez que la humanidad asista a semejante transformación.

Así que también en este caso la grieta sólo sirve para perder un tiempo precioso. Un tiempo que no tenemos. Mejor hagamos un poco de kintsugi; reparemos y sigamos.

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