The Handmaid's Tale: una distopía feminista que resuena con más fuerza

La serie, con la que Hulu se afirma como un jugador de peso en la industria, aún no tiene pantalla en nuestro país
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19 de septiembre de 2017  

Cada premio que se llevó The Handmaid's Tale en la ceremonia de los Emmy, anteanoche, fue un nuevo argumento en favor de su estreno en nuestro país. La serie, que se convirtió anoche en el primer drama emitido en una plataforma de streaming en ganar el premio central en los Emmy, no es una producción original de los grandes rivales del mundo On Demand -Netflix y Amazon-, sino de Hulu, un servicio mucho más pequeño, sólo disponible en los Estados Unidos y Japón, que supo arrebatarles el premio central con esta estupenda producción.

A pesar de su enorme calidad artística y de sus pergaminos literarios (adapta un clásico instantáneo de la escritora canadiense Margaret Atwood), la serie continúa sin distribuidor en nuestro país.

La serie, como la novela -de la que se aparta en algunos detalles-, está ambientada en la República de Gilead, una teocracia surgida en lo que antes era la costa este de los Estados Unidos tras una catástrofe ambiental que hizo bajar drásticamente la tasa de fertilidad. "Bajo los totalitarismos -escribió Atwood en The New York Times-, la clase gobernante monopoliza lo que considera valioso, así que en Gilead la elite decidió arrogarse la propiedad de las mujeres fértiles, asignadas a los comandantes como criadas." La protagonista, interpretada por Elisabeth Moss, es Defred (Offred, en el original en inglés). Las criadas son identificadas por su dueño, en este caso el enigmático comandante Fred (Joseph Fiennes). No tienen permitido leer, moverse con libertad o formar vínculos. Su único propósito es procrear. Del ritual también participan las esposas como Serena Joy (Yvonne Strahovsky) que se quedarán con sus hijos.

Esta primera temporada de diez episodios (con una segunda en preparación) está ambientada en Boston, Massachusetts, cerca de la Universidad de Harvard (cuyos muros son usados para exhibir los cuerpos de quienes infringen las reglas), y también de Salem, donde se realizaron en el siglo XVII los célebres juicios por brujería.

Y, de hecho, el terrible mundo que describe la serie tiene una sola regla. Todo lo que imagina El cuento de la criada -recientemente reeditado en castellano- ya ha ocurrido al menos una vez: "Ni leyes imaginarias, ni aparatos imaginarios, ni atrocidades imaginarias. Dicen que Dios está en los detalles. También el diablo", escribió Atwood.

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