Nicolás Cabré: "Mi hija Rufina puso en mí sonrisas que antes no tenía"

Entre las grabaciones de su última ficción, Cuéntame cómo pasó, y las funciones de teatro de Sugar, Nicolás aprovecha cada minuto libre para estar con su hija Rufina (la lleva a los estudios de televisión y también al camarín del teatro ).
Entre las grabaciones de su última ficción, Cuéntame cómo pasó, y las funciones de teatro de Sugar, Nicolás aprovecha cada minuto libre para estar con su hija Rufina (la lleva a los estudios de televisión y también al camarín del teatro ). Crédito: Juan Ignacio Roncoroni
En un año de mucho trabajo en televisión y teatro, se pone reflexivo y dice que su única hija de 4 años es la mayor debilidad que tiene; repasa su carrera y cuenta cómo la paternidad le cambió la cabeza
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21 de septiembre de 2017  • 13:13

Saluda sin darse cuenta que tiene brillantina pegada en una de sus mejillas. Enseguida, una asistente se ríe y le marca el descuido: “Rufina te dejó toda la cara pintada”, dice mientras le quita a Nicolás Cabré (37) el brillo. En medio de las grabaciones de su última ficción, Cuéntame cómo pasó, el actor se las ingenió para jugar con su hija –fruto de su relación con Eugenia “China” Suárez (25)–, que lo acompañó a los estudios de la Televisión Abierta. Rufi, de 4 años, investiga con curiosidad los pasillos, decorados y camarines del emblemático canal de Barrio Parque. “Siempre está acompañada pero es muy independiente. Le encanta venir. A veces me pasa que es sábado y me pide ir al canal”, cuenta el orgulloso papá.

Simpático pero reservado en lo que atañe a su vida privada, Nicolás escapa a la conversación cada vez que se le pregunta por su novia desde hace nueve meses, Josefina Silveyra (23). Sin embargo, se entrega enseguida si es para hablar de su hija y de su último trabajo.

–La serie atraviesa la historia argentina desde 1976 a 1984. ¿Te resultó difícil recrear esa época?

–No, en absoluto. La referencia más directa es mi abuelo. Todo me hace acordar a cosas de mi familia. Me visten con la camisa y la musculosa abajo y enseguida pienso en mi abuelo. Esa ropa estaba siempre, la musculosa es mi abuelo.

–¿Sentís que replicás cosas de tu papá en la crianza de Rufina?

–Sí, todo el tiempo. Ojalá yo sea el dos por ciento de lo que fue mi viejo conmigo. Ser padre me cambió la perspectiva de todo, me cambió la manera de ver las cosas. De repente me di cuenta de que me estaba poniendo grande. [Risas]. Me escuchaba repitiendo lo que mi abuelo alguna vez me dijo a mí: “Vamos despacito, sin apuro. Nadie nos corre”. Hoy siento que ya estoy con otra energía. [Risas]. Tengo recuerdos de conversaciones con mi abuelo en las que le contaba lo ansioso que estaba por comprarme tal cosa y él diciéndome: “Andá despacio. Yo hace dos días tenía 18 años y ahora tengo 72”. Y es así. Uno inevitablemente va acercándose a esa etapa, donde ya buscás otras cosas. Te conectás con la vida de otra manera. Yo estoy más grande y me concentro en disfrutar de ver crecer a mi hija. Lo demás me resulta anecdótico. Ella es la personita más maravillosa que tengo en la vida.

–¿Hay algo de lo que te arrepientas?

–[Lo piensa un rato]. Sé que cometí errores, pero cada vez que me doy vuelta y miro mi vida para atrás, siento orgullo de lo que logré con todos mis aciertos y desaciertos. Si tuve que pasar por lo que pasé y hacer las cosas que hice para tener a esta preciosura que me tiene corriendo de un lado para el otro, no tengo nada de que arrepentirme. Soy el hombre más feliz del mundo. Sé que no siempre tuve razón, pero también sé que cambié mucho desde entonces.

–¿Cómo es la vida con Rufina?

–Siempre estuvieron en mí las ganas de tener un hijo. Así que cuando llegó Rufi me volví loco. Me llenó la vida de alegría. Ahora cantamos Topa todo el día, la llevo al colegio en auto, ella se baja y yo sigo escuchando esa música. Y es eso. Es la personita que me da ganas de venir al trabajo contento, la que me hace reír cuando estoy mal. Rufi puso en mí sonrisas que no sabía sacar.

–¿Tenés ganas de tener otro hijo?

–Hoy no lo pienso, no hago futurología. A mí, la profesión y la vida me sorprendieron siempre. Y me encanta que haya sido así y de alguna manera quiero que siga siendo así. Hace un año me preguntabas si algún día haría teatro y televisión al mismo tiempo y te decía que no. Y fijate ahora, estoy con la obra Sugar y la tele.

–Da la sensación de que mejoró bastante tu relación con los medios.

–Creo que dejamos de tirar de la piola de los dos lados. Nunca fui de salir a contestar pero si lo hacía era porque me divertía un poco, ahora ni me interesa. Nunca me importó que alguien que no me conoce dijera que yo era un amargo. Ojo, eso no quiere decir que no me afecte la mirada de afuera, de hecho a veces me enoja. Pero para mí es un orgullo que determinadas personas hablen mal de mí porque eso habla muy bien de mí.

–Con Eugenia generaron un buen vínculo a pesar de estar separados.

–Sí, los dos construimos una relación maravillosa con Rufina, pero eso no quiere decir que siempre estemos de acuerdo. Creo que tuvimos claro que la prioridad era Rufina y nosotros aceptamos lo que éramos de una manera muy natural. Nuestra hija no tiene recuerdos de la China y yo juntos, pero sí tiene recuerdos de dos personas que son amigos, que se llevan bien, que se entienden. No es que yo la llevo a su casa, la dejo y me voy. Con su madre nos quedamos hablando de lo que sea antes de despedirme. Rufi se cría rodeada de amor y no hace falta nada más. Sabe que sus padres se quieren y se respetan.

–¿Seguís en pareja con Josefina Silveyra?

–Esa es la parte que yo ya no hablo. [Risas]. Estoy muy bien, perfecto.

–¿Cómo definirías tu presente?

–De mucha felicidad. Estoy en los lugares donde quiero estar. Y en lo personal, rodeado de gente a la que hoy le toca acompañarme sabiendo que tengo poco tiempo. Ellos me ayudan a priorizar lo único que me importa en la vida, que es mi hija.

  • Texto: Jacqueline Isola
  • Fotos: Juan Roncoroni

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