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Muro

Pablo Sirvén
Pablo Sirvén LA NACION
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20 de septiembre de 2017  

Definitivamente, la historia argentina tiene muy raros designios: un brujo levanta un muro y un ingeniero lo derriba. Aunque alejadas en el tiempo 43 años una acción y otra, las alegorías subyacentes son bien fuertes y dialogan contradictoriamente entre sí: en la primera (año 1974), José López Rega buscaba aislar aún más a la entonces sufriente habitante de la residencia presidencial de Olivos (María Estela Martínez de Perón) al reemplazar el enrejado que dejaba ver hacia dentro por compactas paredes de ladrillos que lo impedían. En la segunda (año 2017), una cuadrilla repone en estos días un enrejado similar en el frente que da sobre la avenida Maipú.

En la escena actual hay dos sugerentes bonus tracks: se liberan 14.500 metros cuadrados de la quinta para transformarlos en paseo público y es el propio presidente Mauricio Macri en persona, con casco puesto, quien tira de una soga, junto con unos obreros, para hacer caer el muro de tan nefasto recuerdo.

No tendrá la épica de la caída del Muro de Berlín (año 1989) ni una repercusión planetaria, pero a escala local encierra paradójicas connotaciones a considerar. Cada cual con su particular credo ideológico sabrá decodificar estas gestualidades mínimas del devenir patrio.

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