Metáfora de una emoción: claves para entender la obra de Elba Bairon

Detalle de la instalación que exhibió en el Malba
Detalle de la instalación que exhibió en el Malba Crédito: Gentileza Nora Fisch
Mientras exhibe sus esculturas en la galería Pasaje 17, la artista prepara una instalación que mostrará en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires
Daniel Gigena
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24 de septiembre de 2017  

El origen de la muestra individual de Elba Bairon (La Paz, 1947) en la galería porteña Pasaje 17 se encuentra en un libro. Para celebrar los diez años de esa galería no comercial del barrio de Congreso, se decidió que en vez de organizar un festejo se publicaría el primer libro de artista de Bairon. Ahora que existe, parece insólito que no hubiera uno antes. Con texto de la investigadora Andrea Giunta, diseño editorial de Javier Cuevas y traducción al inglés de Jane Brodie, el libro, como cualquier otro trabajo en el que está involucrada la mirada envolvente y cálida de Bairon, provoca un efecto de intimidad extraviada.

Algo similar sucede con la muestra, que reúne ocho nuevas piezas instaladas sobre mesas blancas y una escultura de pie que se expuso este año en arteBA. Una Leda abrazada a un cisne observa a los transeúntes que se detienen ante la vidriera de la galería. "Desde afuera se ve un paisaje", sugiere la artista.

Una situación teatral

"En las muestras hay una situación ideal de las puestas, una situación teatral y efímera que no volverá a tener ese grupo de piezas", dice Bairon, rodeada de moldes de yeso en el taller donde prepara su próxima exposición. En la primera semana de octubre inaugurará en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires una instalación al cuidado de Sofía Dourron. En el subsuelo del museo presentará dos esculturas de pie, de tamaño natural, y una casa de mayor escala.

"No será una casa de juguete ni tampoco una muy humana. Sobre todo, es una geometría", adelanta la artista. Como suele ocurrir en sus muestras, habrá esculturas de animales blancos como la nieve. "El animal tiene algo de metáfora -sugiere-. Es la metáfora de una emoción."

Modeladas en arcilla, luego vaciadas en yeso y por último trabajadas en pasta de papel, las obras de Bairon poseen atributos orgánicos y la estampa de tótems blandos, en los que se diluyen la fantasía, el temor y la incertidumbre. La técnica fue ideada por ella misma hace varios años.

Detalle de las esculturas que exhibe en Pasaje 17
Detalle de las esculturas que exhibe en Pasaje 17 Crédito: Gentileza Nora Fisch

Historia de una metamorfosis

En Pasaje 17, detrás de Leda y el cisne, sobre dos mesas pintadas de blanco se dan a ver instalaciones que parecen plasmar frases misteriosas. Cada objeto equivale a una palabra en la sintaxis de Bairon y el soporte funciona como una página. El "vuelo" de la imaginación de los espectadores está garantizado por la escultura de un pájaro blanco, que reluce de manera tenue junto a ¿un pan?, ¿una nube? "A ella la sala le pareció una nave", cuenta Dolores Casares, una de las coordinadoras de la galería de APOC y Ospoce.

Así considerada, la muestra sin título de Bairon constituye un viaje morfológico. "Todas las piezas figurativas toman para mí un carácter abstracto y viceversa", señala la artista. Los soportes de las obras están concebidos para el lugar y la muestra opera como un acto teatral. "Las piezas no están puestas sino que son de ese lugar", destaca. La elección de la Leda, entonces, no es fortuita. El viaje narra una metamorfosis.

Detalle de las esculturas que exhibe en Pasaje 17
Detalle de las esculturas que exhibe en Pasaje 17 Crédito: Gentileza Nora Fisch

La obsesión y el silencio

La artista pidió que detrás de las mesas se ubicara un banco de madera, para que el público se pudiera integrar a la escena. Como los que había en la instalación El paseo, en la Universidad Nacional de La Plata en 2015, éste es un "banco de la contemplación", prestado por la pintora Paola Vega, amiga de Bairon.

"Conocí su obra cuando ganó en 2001 el Primer Premio en la Bienal de Bahía Blanca, donde yo vivía -cuenta Vega-. Eran liebres junto a unas flores, todas de color rojo, puestas en la pared. Parecía que iban a despegar o a salir corriendo, una mezcla de apariencia confitada con la fuerza de los relieves antiguos." Vega encuentra afinidad entre la obra de Bairon y la de Giorgio Morandi. Como el pintor italiano, Bairon investiga y recrea la naturaleza muerta de modo original e inspirador. "Tienen mucho en común: la persistencia en una imagen y una forma que los obsesiona. Ella trabaja en sus piezas incansablemente, en la forma y en la terminación. Lija, pule infinitas veces y siempre cree que falta más."

Bairon produce de manera continua, aunque (si es posible) prefiere hacer un paréntesis tras una muestra individual. Mientras hace un elogio de la pausa, alude indirectamente a otra característica de su obra: "Están buenos los silencios".

Sensación universal

En la introducción del libro sobre su trabajo, Giunta destaca una encrucijada. "Situada frente a la obra, uno de los aspectos que más me impacta es la posibilidad de emprender distintos caminos interpretativos", escribe la ensayista. No obstante, se puede elegir uno y desandarlo. Si la muestra fue ideada como un recorrido por el que las miradas viajan, en una trayectoria diluida donde el destino pierde consistencia, se puede recurrir a la figura del nómade.

"El exilio es una sensación casi universal -dice Bairon-. El mundo entero está casi exiliado. Tal vez en el futuro esa sensación esté vinculada con algo positivo, pero ahora posee algo de pérdida, un sentimiento doloroso." Objetos amputados, mitades de esculturas e "interrupciones", como ella denomina determinados cortes en las obras, comparten el espacio de la mesa con otras formas llenas y el entorno. "Como seres vivos", agrega.

Ver la poesía

"Es muy difícil explicar qué se puede esperar de una muestra; por eso, le encuentro afinidad con la poesía", expresa Bairon. Como sucede con cierta poesía, la atmósfera metafísica de las obras se impone con un gesto elegante y radical. Esa resistencia a la explicación, quizás, las vuelve únicas.

El aspecto verbal siempre está presente en los trabajos de la artista que este año formó parte de Plataforma ARCO. En 2012 ganó el XVI Premio Klemm, y al año siguiente expuso una muestra individual en el Malba.

En la instalación que realizó en la galería Braga Menéndez en 2008, las estanterías se asemejaban a bibliotecas, a un supermercado de cosas sin inventariar o al reducto de un coleccionista. Las obras mismas nacen de una escritura. "Hago bocetos y dibujos, son apuntes hechos en acuarelas o en tintas. Los tengo que archivar y 'poner en valor'", bromea. Escrita con arcilla, yeso y pasta de papel, su muestra actual instruye toda una mitología de la transformación de la materia en belleza pura.

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