Vicios del poder: cuando la corrupción queda al desnudo

El inspector, el clásico de Gógol, vuelve a escena en el San Martín en la versión de Daniel Veronese; la coima, la dádiva y el encubrimiento, en clave satírica
Malva Marani
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22 de septiembre de 2017  

Pablo Finamore, Jorge Suárez y Carlos Belloso, en una de las escenas más contundentes de El inspector
Pablo Finamore, Jorge Suárez y Carlos Belloso, en una de las escenas más contundentes de El inspector Fuente: LA NACION - Crédito: Alejandro Guyot

En el amplio hall que antecede la sala Martín Coronado del Teatro San Martín hay tres actores volando. O casi. Faltan horas apenas para el estreno de El inspector, y el entusiasmo que sienten María Figueras, Carlos Belloso y Jorge Suárez transmite una extraña sensación de levitación. No es para menos. La gran comedia de Nikolái Gógol subirá a escena en la versión de Daniel Veronese, responsable de su dirección. Y los tres actores han desmenuzado con tan amorosa minuciosidad el texto, se han apasionado tanto con él, son tan precisos al momento de describir los mecanismos internos de la arquitectura teatral que prácticamente sobran las preguntas cuando se intenta comprender el proceso creativo de la pieza publicada en 1836 y estrenada ese mismo año con la autorización del zar Nicolás I, tras unos cuantos intentos de censura. Se comprende esa irritación: la pieza de quien es considerado uno de los pilares de la novela rusa moderna es una sátira feroz sobre la corrompida y perezosa burocracia rusa.

La historia de un grupo de funcionarios corruptos que reciben la noticia de que está por arribar al pequeño pueblo un inspector gubernamental desde la capital sigue haciendo reír y reflexionar, 181 años después, acerca de este vicio que suele envilecer el ejercicio del poder. " El inspector pone en primer plano lo que parece y lo que es. Muestra la apariencia y la mentira como cuestiones que contienen la corrupción como macroestructura, entre las que también están el encubrimiento, la coima, la dádiva que parece coima, pero no lo es. Y desnuda la corrupción como un sistema exactamente contrario a la solidaridad", reflexiona Belloso, quien interpretará a un fantástico personaje en ésta, su primera aventura teatral bajo la dirección de Veronese.

Suárez tiene un vínculo especial con la pieza de Gógol: hace 17 años fue parte de la puesta del uruguayo Villanueva Cosse que, en esta misma sala, llevó a escena El inspector. Por aquel entonces él mismo encarnaba al director de escuelas (papel que ahora interpretará Gonzalo Urtizberea, que también estuvo en aquella versión de 2000), mientras que esta vez será el alcalde del pueblo donde se desarrolla la historia. Belloso recuerda la puesta anterior, pero asegura que no pudo verla: en aquellos días integraba el elenco que brillaba, encabezado por Alfredo Alcón, en La tempestad, de Shakespeare.

"En relación con aquella vez, ésta es otra obra, otro mundo. Aquél era de los personajes más tiernos de la obra y ahora es todo lo contrario: el alcalde del pueblo es un hombre autoritario y, a veces, malcriado como un niño. Tiene una ambición desmedida y se le nota todo el tiempo el orillo. Demanda un gran esfuerzo físico y vocal, porque está en los cinco actos y eso pesa", explica Suárez, quien en estos días finaliza las grabaciones de Sandro de América, la miniserie de Adrián Caetano en la que interpretará al padre del ídolo en su juventud.

Para Figueras, que creció en una familia en la que se respira teatro, ser parte de este proyecto tiene un guiño biográfico. "Me la contaron incluso antes de que yo la hubiera leído. En mi familia es muy difícil dejar de hablar de teatro, porque el teatro nos atraviesa a todos, y El inspector circuló mucho en reuniones, almuerzos y cenas familiares: la dirigió mi tío, Jorge Petraglia, y actuaban mi mamá, Elena Petraglia, y mi papá, Daniel Figueiredo; fueron sus protagonistas unos muy jóvenes Javier Portales y Luis Brandoni y era una versión muy expresionista: estaban todos vestidos de negro y pintados de blanco", aporta Figueras, que durante la conversación le envía mensajes a su madre para que le dé detalles de aquella puesta de hace más de medio siglo. Las vueltas de la vida hicieron que hoy ella interprete a la mujer del alcalde, madre en la ficción del personaje que, hace cincuenta años, encarnaba su propia madre.

Veronese se suma más tarde a la entrevista y es quien describe al personaje interpretado por Belloso. "Ellos creen que quien llega al pueblo es el inspector y cualquier cosa que este hombre produzca es mirada como algo sobresaliente; la más tremenda banalidad es leída como algo excéntrico que los subyuga. Cuando consiguen quitar ese cristal ven que en realidad es un pobre tipo, un idiota simpático, alguien que mira la vida con una desmesura que es tomada como una excentricidad exquisita. Se necesitaba un actor especial y Carlos me permitió este enfoque de persona no aprovechadora; es alguien a quien las circunstancias le dan un palacio y él se mete. Hay algo en su forma expresiva, en su modo de moverse, que me llevó hacia ese lugar. Si bien el alcalde recorre toda la obra -la abre y la cierra-, mientras que el inspector no está ni en el primer acto ni en el último, todo gira en torno de él. Es quien produce la acción de la obra y eso me permite que lo interprete un actor con un color expresivo tan especial".

En 2011, Veronese se dio el gusto de dirigir -también en el San Martín- su versión de La gaviota, de su admirado Chéjov, a la que bautizó Los hijos se han dormido. "La emoción que siento por Chéjov no la siento por nadie; para mí, es un autor que escribe teatro para nuestros tiempos y por eso suelo utilizar vestuarios contemporáneos para sus obras, dándole un carácter actual, como si todo estuviera sucediendo aquí, a la vuelta de la esquina. Esto que hacemos de Gógol es una verdadera fiesta del teatro. Es una obra de mucha teatralidad, que amerita vestuarios, pelucas, muchos actores? Lo que sucede es bastante previsible, no hay mucha intriga, pero lo entretenido es el lenguaje, las situaciones y el modo en que situaciones en apariencia previsibles son desarrolladas por Gógol mediante personajes patéticos y al mismo tiempo encantadores", expresa el dramaturgo, actor y director.

"Para escribir sobre Gógol hay que escribir libros o no escribir", sentenció en 1902 León Trotsky, al cumplirse 50 años de la muerte del prolífico escritor nacido en 1809 en Sorochyntsi, parte del imperio ruso y actual Ucrania. Gógol supo manejar también con maestría el relato corto y la novela. En El inspector, con la que retrata a una humanidad miserable, se eterniza como dramaturgo desnudando cada uno de los elementos del mecanismo teatral: sus personajes "actúan" y el autor hace sutiles referencias al público y hasta a sí mismo.

Belloso señala que sobre el escenario también aparece esa celebración de lo teatral. "Hay como cajas teatrales en nuestra puesta. En un momento, literalmente, cada actor contempla al otro trabajar, como en una especie de espejo continuo. El teatro de Gógol es en ese sentido muy especular, y si hay teatralidad en la obra, acá hay más teatralidad todavía", describe.

Suárez precisa que Veronese trató de suavizar un poco las aristas de esta extrema teatralidad del texto, tan abundante en guiños al público. Belloso, fascinado estudioso de El inspector, vuelve a la carga: "Gógol nombra a Pushkin, el gran poeta ruso del siglo XIX, un autor contemporáneo a él. Y se ha dicho que la pieza fue idea de Pushkin. Es como una especie de reality show del que Gógol también forma parte. El reality show queda expuesto cuando, adelantándose a Pirandello, un personaje de la obra dice: «Algún dramaturgo mediocre, barato y resentido va a escribir sobre esto». Es impactante ese momento, porque de algún modo la obra se habla a sí misma".

La trama de corrupción que desnuda El inspector, con la crudeza del humor de su autor y mal que nos pese, la vuelve un clásico universal y contemporáneo. "La obra posa una lupa sobre cada uno de nosotros. Ojalá podamos lograr que cada espectador se ría, se emocione y salga con una reflexión sobre nuestro país y nuestra idiosincrasia... ¡Que es tan rusa! Estuve en Rusia y me di cuenta de que somos muy parecidos. La casa de Chéjov estaba destruida, a ellos no les gusta mucho, tienen la dejadez de quien parece decir «lo que viene de afuera es mejor»? Pasaron del zarismo al comunismo y de ahí al capitalismo más salvaje, pero vos vas hoy a Rusia y nada cambió", se sorprende Figueras.

¿Qué pasará desde ahora, en la sala Martín Coronado, cuando comience a nacer esta versión de El inspector que tiene a los actores vibrando de entusiasmo y con Gógol a flor de piel? "Pueden pasar muchas cosas -imagina Suárez-. De lo que estoy seguro es de que esto va a ser una fiesta. Una celebración de lo teatral, de la oportunidad de hacer un clásico, de la alegría de reunir a tanta gente sobre el escenario."

Reparto

El talentoso elenco se completa con Lautaro Delgado, Gabo Correa, Gonzalo Urtizberea, Marcelo Xicarts, Mauricio Minetti, Maida Andrenacci, Pablo Finamore, Paula Ituriza, Daniel Kargieman, Ximena Banús, Agustín Vásquez, Guillermo Aragonés y Sebastián Mogordoy, acompañados por Gonzalo Martínez en la asistencia de dirección.

Otros caminos para artistas versátiles

Carlos Belloso sintió desde hace algún tiempo el deseo de dirigir. Tiene en cartel Julito, comedia costumbrista a partir de un cuento de Fontanarrosa que puede verse los viernes en la sala Colette del Paseo La Plaza. El actor, junto a Jorge Suárez, fue elegido por Veronese para una de sus próximas obras: El test, comedia del catalán Jordi Vallejo que se estrenaría en enero de 2018, en el Multiteatro. Este año, María Figueras debutó como directora en Hermanas, de Carol López, y también está a cargo de Las chicas, de Matías del Federico, dentro del ciclo Microteatro. En Hermanas, en el Camarín de las Musas, dirige ni más ni menos que a su madre, la gran Elena Petraglia. "Acaba de ganarse el Trinidad Guevara a la trayectoria. Estoy muy emocionada", cuenta. El camino inverso, de la dirección a la actuación, es el que cada tanto realiza Veronese incursionando en cine. La semana que viene se estrena Zama, la nueva película de Lucrecia Martel, y él es parte del elenco. "Al cine voy a jugar y puedo por fin depender de otro", destaca Veronese. De su segundo film como actor -el anterior había sido La tercera orilla- destaca: "Vi trabajando a Lucrecia y entendí por qué me gustan tanto sus películas. Es muy buena a la hora de la charla con los actores: es de un socialismo inmenso y hermoso. Es una persona que entiende de cine y de humanidad".

El inspector

de Gógol

Versión y dirección, Daniel Veronese.

Teatro San Martín, Avenida Corrientes 1530.

De miércoles a domingos, a las 20.30.

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