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Kendrick Lamar: El rey humilde del rap

Kendrick Lamar en Nueva York, en julio
Kendrick Lamar en Nueva York, en julio Crédito: Mark Seliger
El mejor rapero de su generación revela sus hábitos obsesivos en el estudio, qué aprendió de Bono y las tentaciones de la fama
Brian Hiatt
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22 de septiembre de 2017  • 16:27

Hay muchas cosas pasando en este momento en la vida de Kendrick Lamar, pero no te darías cuenta de eso al verlo. En un backstage en Duluth, Georgia, un par de horas antes de su último show agotado en un estadio techado, irradia unos niveles sobrenaturales de serenidad y enfoque, echado en un sofá en su camarín. Tiene un equipo de jogging color durazno y Nikes blancas, y lleva en la mano un vaso de jugo verde (“Un poco de kale, manzana, espinaca. Buena mierda”). El combustible le debe funcionar: tiene un hit en el puesto Número Uno de los rankings de pop con “HUMBLE.”, un elaborado video con Rihanna a punto de salir, un par de docenas de fechas todavía por tocar.

En 2017 no dejan de pasar cosas extrañas, la mayoría horribles, pero al menos una anomalía es para mejor. El artista joven más excitante e innovador de la música popular –el mejor rapero de su generación, para empezar– de algún modo se convirtió en uno de los más grandes. Y lo consiguió sin concesiones, después de lanzar tres discos clásicos seguidos.

Su debut en un sello grande, good kid, m.A.A.d city, de 2012, era un autobiografía impresionante, una virtuosa deconstrucción del gangsta rap centrada en relatos de infancia en Compton, Los Angeles, donde muchos de sus amigos eran miembros de pandillas y el acoso policial era una amenaza constante. El sucesor, To Pimp a Butterfly, de 2015, era una meditación densa, cerebral, jazzera y vertiginosa sobre la raza en Estados Unidos, y dio lugar a una de las canciones más importantes de la década –el himno del movimiento Black Lives Matter, “Alright”–, pero no contenía ningún hit radial. En el último, DAMN., de este año, se pasó de carril, logrando hacer un LP que es igual de conceptual, pero más ajustado, con más ganchos, más accesible.

Lamar, de 30 años, está contento con sus logros comerciales recientes, pero dice que ése no es el objetivo: “Si puedo hacer que una persona –o 10 millones– sienta algún tipo de euforia con mi música, ésa es la idea”.

Rapeaste acerca de los sueños adolescentes de “vivir la vida como los raperos”, pero tu propia vida de rapero ha resultado ser bastante tranquila. ¿Cuáles son tus vicios en este momento?

Mi mayor vicio es que soy adicto a perseguir lo que estoy haciendo. Se vuelve un vicio cuando dejo afuera a gente que realmente me quiere, porque estoy demasiado enfocado en hacer circular mi mensaje. Estar en ese escenario, saber que le estás cambiando la vida a la gente, para mí es una droga. A veces, cuando te estás esforzando demasiado para hacerle llegar algo a un extraño, te olvidás de la gente que está más cerca de vos. Es un vicio.

¿Sentís a veces que deberías divertirte un poco más?

La diversión es diferente para cada persona. La mía no es beber. Tomo de vez en cuando. Me gusta agarrar gente de mi barrio, alguien que recién haya salido de la cárcel después de cinco años, y verles la cara cuando van a Nueva York, cuando salen del país. Mierda, eso es diversión para mí. Lo ves a través de sus ojos, ves cómo se iluminan.

La gente te trata como si fueras un santo o un monje. Debe ser raro...

Pero la gente más cercana sabe quién soy de verdad. Ellos ven todas las versiones.

Sin embargo, ¿hay algo de monje en tu personalidad?

Creo que eso se puede remontar a cuando era chico. Siempre me sentía como si estuviera metido dentro de mi cabeza. Sigo teniendo esa naturaleza. Siempre estoy pensando. Siempre estoy meditando sobre el presente o el futuro.

Cuando eras chico, ¿tenías la sensación o el presentimiento de que eras especial?

Por lo que me dice mi familia, yo me comportaba como un hombre, por eso me llamaban “Man Man”. Eso me dejó un estigma sobre la idea de reaccionar como un niño por momentos; yo me lastimaba y ellos esperaban que yo no llorara. Eso me cargó con un montón de responsabilidad, y me preparó para la responsabilidad que me generan los fans. También me hizo resistente, por ejemplo, a las críticas. La primera vez en el estudio, [el jefe del sello] Top Dawg me decía: “Man, esto es una mierda”. Y otros artistas no podían tolerar algo así. Pero a mí me hacía volver a la cabina y esforzarme el doble.

"Ese es el desafío que me mantiene en movimiento: ¿Puedo superarme otra vez? Si no tuviera eso, habría dejado después de mi primer disco de platino."

¿De dónde salió toda esa madurez?

De juntarme con motherfuckers más grandes, man. Yo tenía 7 años y jugaba al tackle football con chicos de 14. Con quien fuera que anduvieran mis primos más grandes, yo quería andar con ellos. Siempre fui petiso [se ríe]. Todo el mundo era más grande físicamente y de edad que yo. Eso me dio un entendimiento particular sobre la gente.

Dijiste que, entre tus amigos, vos eras uno de los pocos que tenía a su padre cerca. ¿Qué diferencia tuvo eso para vos?

Me enseñó a lidiar con... [hace una pausa] las emociones. Mejor que muchos colegas. Cuando ves chicos haciendo cosas que el mundo cree que son peligrosas o una amenaza, es porque no saben cómo lidiar con sus emociones. Cuando tenés un padre en tu vida, hacés algo mal, y él te mira y te dice: “¿Qué carajo estás haciendo?”. Te pone en tu lugar. Te hace sentir así de chico. A mis colegas, puede que las madres y las abuelas les hayan enseñado el amor y el cariño, pero no pudieron enseñarles eso.

¿Qué te hace encabronarte?

Que haya personas alrededor mío que sean chupadores de energía, o alguien que no tenga el mismo empuje que yo. No puedo tener a esa gente en mi entorno. La vida es demasiado corta.

Tenés esa frase en “DNA.” que dice: “Las cosas que me pasaron probablemente te ofendan”, y enumerás: “Asesinatos, condenas, celulares no registrados...”.

No puedo decirte las cosas que me pasaron sin decirte las cosas que me pasaron. Puedo decir: “Conozco el asesinato, las condenas, celulares no registrados, ladrones, muerte, redención, investigadores, padres muertos”. Te puedo hacer una enumeración de mi vida desde cuando nací y todo derecho hasta los 21.

Hay una cierta cantidad de trauma implícita en tus historias. Fuiste testigo de asesinatos, incluso cuando eras chico. ¿Cuánto tuviste que luchar con eso como adulto?

Bueno, en realidad también hubo un montón de fiestas y de humor, lo cual bloquea a veces las mierdas jodidas que vi. Todas las cosas graciosas con mis tíos, que son más locos que la mierda, y con mis padres. Es más gracioso que la mierda. Mi mamá es una persona muy graciosa y adorable. Todas estas cosas contrarrestaban la mierda negativa que tuve que vivir, y me ayudaron a ser capaz de entender la tragedia, pero no a liberarme completamente de ella.

¿Qué cosas te hacen reír ahora?

Mierda, cualquier cosa me hace reír. Todo. ¿Ves ese tipo ahí [señala a su videógrafo]? Tiene algo abajo del sombrero que hace que explote de la risa cada vez que se lo saca. No tenía idea que Dios había inventado pelos así. ¡Esa mierda es terrible [risas]! Siempre digo que los mejores entretenedores tienen que tener el sentido del humor más raro, para ser capaces de absorber el dolor y transformarlo en risa.

Más allá de un par de letras, te has mantenido bastante callado al respecto de Donald Trump. ¿Por qué?

O sea, es como pegarle a un caballo muerto. Ya sabemos lo que es. ¿Vamos a seguir hablando de eso o vamos a actuar? Uno llega a un punto en el que se cansa de hablar. Te agobia y te saca la energía hablar de algo o alguien que es completamente ridículo. Así que, en el disco y fuera de él, me tomé el trabajo de actuar en mi propia comunidad. En el disco, mi acción consiste en no hablar acerca de lo que está pasando en el mundo, o de los lugares en los que nos pone. Hablá de vos, reflexioná primero sobre vos. Es ahí donde va a empezar el cambio.

En tu entrevista falsa con Tupac, en “Mortal Man”, le preguntaste cómo mantener la salud mental de cara al éxito. ¿Cuál es tu respuesta a esa pregunta?

Las cosas podrían ser peor. Así es como lo veo yo. Siempre recuerdo eso: tickets de comida, que me desahucien de casas alquiladas. Todavía tengo familiares que la pasan mal, y tengo que cuidarlos. Pensalo así: el estilo de vida que llevo ahora empezó hace... ¿cuánto? ¿Cinco años? Desde 2012. Antes de eso, fueron dos décadas de no saber lo que me iba a pasar al día siguiente. Todavía tengo eso incrustado en mí. Así que no puedo dejar que mi carrera se lleve lo mejor de mí.

En “ELEMENT.” hacés una distinción graciosa entre “artistas negros [black] y artistas pésimos [wack]”. ¿Qué define a un artista pésimo para vos?

Me encanta esa pregunta. ¿Cómo definiría a un artista pésimo? Un artista pésimo usa la música de otra gente para recibir su aprobación. Es alguien que está asustado de construir su propia voz, que busca el éxito y las cosas de los demás, pero huye de las suyas. Eso hace que la escena esté tan lavada. No todo el mundo va a ser capaz de ser un Kendrick Lamar. No te digo que rapees como yo. Sé vos. Tan simple como eso. Veo a muchos artistas caer porque están tan enfocados en los números que hizo tal tipo que bloquean su propia creatividad. Lo cual finalmente bloquea al oyente, porque a fin de cuentas, esto no es para nosotros. Es para la persona que maneja hacia su trabajo, y que esa mañana no se siente con ganas de ir a trabajar.

¿Está bien, en alguna circunstancia, que un rapero tenga a alguien que le escriba las letras? Obviamente, vos escribiste cosas para Dr. Dre.

Depende en qué categoría quieras ubicarte. Yo me consideraba el mejor rapero. Pero no me puedo considerar el mejor rapero si tengo a alguien que escribe para mí. Si vos decís que sos un artista diferente, y no te interesa la disciplina artística que implica ser el mejor rapero, entonces hacelo. Hacé una música genial. Pero ese título no lo vas a tener.

Si vos tuvieras, de algún modo, a alguien escribiendo para vos, la gente querría conocer a ese tipo.

[Risas.] Tenés razón.

Cada vez que abrís la boca para rimar, estás en la obligación de sostener esa reputación. ¿Cómo lidiás con eso?

Bueno, ese es el desafío que me mantiene andando. ¿Puedo superarme otra vez? ¿Puedo escribir algo mejor que lo que escribí la vez anterior? De eso se trata toda la búsqueda. Si no estuviera ahí, habría dejado todo después de good kid, después de mi primer disco de platino. Pero, ves a Jay-Z [se ríe]. Es multimillonario. Ves a Dr. Dre. Jay sigue escribiendo bien, porque sabe que se trata siempre de una búsqueda de ser honesto no sólo con la cultura, sino también capaz de generar un proceso creativo que sea orgánico respecto de uno mismo, que te pueda desafiar.

¿Alguna vez te preocupó que se te acaben las palabras?

Nah, man. No puedo ni pensar en eso. Ahora no. En este momento, no. Definitivamente no.

¿Cómo terminó Bono participando en la canción “XXX.”?

Teníamos otra grabación diferente que supuestamente íbamos a hacer juntos. Me la mandó, le agregué unas ideas, y no sabíamos a dónde iba a ir. De casualidad yo tenía un disco que iba a salir pronto, así que le pregunté: “Ey, ¿me harías el honor de permitirme usar esto que grabamos, esta idea que quiero armar porque estoy escuchando un cierto tipo de 808, una batería?”. Y aceptó.

De modo que fuiste como un caníbal de una canción ya existente y te quedaste con ella, lo cual hacés a veces.

Puedo hacerlo. Tiene que tener sentido. Hay un montón de grabaciones buenas, con artistas invitados geniales, que el mundo probablemente nunca escuche, porque no se sentía bien, no importa lo grande que sea el nombre. Pero Bono tiene mucha sabiduría y mucho conocimiento, en la música y en la vida. Sentado al teléfono con él, podría hablar durante horas. Las cosas que hace en el mundo, ayudar a la gente, es inspirador.

Tu propio viaje a Africa, dijiste, fue algo importante para vos. ¿Por qué?

Sentí que era el lugar al que yo pertenecía. Tan simple como eso. Uno escucha sobre la tierra, y verdades desconocidas acerca de ella, y uno ahora es lo suficientemente grande como para verlo con sus propios ojos. Me dio otra perspectiva acerca del lugar de donde soy. De lo que hacemos en Compton, y de cómo el mundo es mucho más grande que Compton. Es algo que volvió conmigo al estudio. Cuando nos tuvimos que ir y subirnos al avión, me sentí raro. Todos dijimos lo mismo, como: “Maldición, vamos a volver a la ciudad. Esta es nuestra verdadera casa”.

En Sudáfrica visitaste la cárcel donde estuvo preso Nelson Mandela. ¿Cómo fue esa experiencia?

Nos sentamos en su celda. Vimos las piedras que tenían que cargar día tras día. Fue una locura. Podías sentir sus espíritus ahí, básicamente te decían: “Agarrá una pieza de esta historia y llevala a tu comunidad”. Eso es exactamente lo que hice en To Pimp a Butterfly, donde soy yo hablándoles a mis amigos con el conocimiento y la sabiduría que había obtenido.

¿Qué te pasó por la cabeza cuando estabas en la celda de Mandela?

Lo fuerte que era ese hombre. Si pudieras ver esa celda, man. Y estaban acostados en el piso, un piso frío. Para ser capaz de llevar un mensaje y de movilizar socialmente a tu gente desde adentro de esa celda, tenés que ser un individuo fuerte.

Lamar encambezó la tercera fecha del festival Coachella, en Indio, California, el 23 de abril. "Estar en el escenario, saber que cambiás vidas... es como una droga."
Lamar encambezó la tercera fecha del festival Coachella, en Indio, California, el 23 de abril. "Estar en el escenario, saber que cambiás vidas... es como una droga." Crédito: Kevin Winter/Getty Images for Coachella/AFP

¿Cómo empezó “HUMBLE.”?

Primero vino la base. [El productor] Mike Will Made-It me mandó el beat. En lo único que pude pensar fue en “The Symphony” [de Marley Marl], y en las primeras épocas del hip-hop, donde existía una simplicidad compleja, pero también había alguien haciendo cosas nuevas. Esa base se siente como mi generación, ahora. Lo primero que me vino a la cabeza fue: “Sé humilde”.

¿A quién le hablás en el estribillo? ¿A vos mismo?

Sí, definitivamente. Es el ego. Cuando te fijás en los títulos de las canciones en este disco, son todas mis emociones y mis expresiones acerca de quién soy. Por eso hice una canción así, en la que no me importa una mierda, o en la que le digo al oyente: “Vos no podés joder conmigo”. Pero a fin de cuentas, me estoy mirando en el espejo.

Tenés un tema en el Número Uno, lo cual significa, en algún punto, que sos un artista de pop.

Se pone difícil porque es posible tener un tema así de grande, y mantener la integridad al mismo tiempo, pero no muchos pueden hacerlo... guiño-guiño [se ríe]. Tener unos raps locos en el disco, y un tema en el Número Uno, guiño-guiño. Llamalo como quieras llamarlo. Siempre y cuando el artista siga siendo honesto con la creación del hip-hop, y con toda su cultura, es lo que es.

El tema “LOVE.” probablemente se convierta en otro hit y es la cosa más pop que jamás hayas hecho. Pero seguro debés tener un límite a partir del cual la cosa se pone demasiado blanda para tu gusto.

Lo llamamos “golosinas para los oídos”. Hay cosas que son golosinas para los oídos, y hay cosas que son cursis. Tenés que tener un oído increíble para reconocerlo, y también un equipo increíble, y para saber cuál es la diferencia. Necesitás años de experiencia. Años de hacer mierdas espantosas [risas], y de saber qué funciona para vos, y también saber cuándo salirte del molde e intentar cosas que se sientan bien y puedan seguir siendo tuyas.

¿Grabaste canciones en las que dijiste: “Esto suena como un hit del Número Uno, pero es demasiado cursi para mí, así que no voy a editarlo”?

Por supuesto. Hice cosas improvisando mierdas con un micrófono y varias eran posibles éxitos, pero para cuidar mi marca, y dónde quiero que llegue, a veces tengo que pensar más en el largo plazo, en lugar de dejarme llevar por lo que tengo enfrente.

¿Rechazás también canciones simplemente porque no encajan en el concepto general del disco?

Hice mucho eso. Me importa la obra, no sólo el single. Vengo de esa época. No importa cuántos streamings tenga. Con el streaming, necesitás buenas canciones.

¿Cuán consciente eras de querer hacer que DAMN. fuera un disco más accesible que To Pimp a Butterfly?

La meta inicial era hacer un híbrido de mis dos primeros discos comerciales. Ese era nuestro enfoque, cómo lograr eso sonoramente, líricamente, con la melodía; y salió exactamente como lo escuchaba en mi cabeza... Son todos fragmentos de mí. Desde los cuatro años que me mueve mi sentido de la música. Son pedazos de mí, man, y cómo lo ejecuto es el mayor desafío. Pasar de To Pimp a Butterfly a DAMN., esta mierda podría haberse destruido si no lo ejecutaba bien. Así que tenía que tener mucho cuidado con el material temático o cómo entro y salgo de los temas, para que se siga sintiendo orgánicamente como yo.

Cuando hiciste el remix de “Bad Blood” con Taylor Swift, ¿eras consciente de que estabas tomando partido en una pelea del mundo del pop, puesto que ella supuestamente se refería a Katy Perry?

[Riéndose a carcajadas] No, no era consciente de eso, bro. Es una buena pregunta. ¡No! En la grabación, no. Lo cual hace que ahora sea más gracioso, seguro. La verdad es que es un asunto que está lejos de mis preocupaciones. Tengo que mantenerme alejado de esas cosas, seguro. Esa es una pelea en serio [risas].

¿Qué aprendiste trabajando con Beyoncé en Lemonade?

Lo particular que hay que ser con tu música. Ella es una mujer perfeccionista. Pensá en la performance de los BET Awards. Ella fue muy precisa: las luces, la puesta de cámaras, la transición de la música al baile. Fue una confirmación de algo que yo ya sabía.

Tus videos son cada vez más ambiciosos. ¿Recibiste ofertas de actuación?

Sí, definitivamente. Pero tendría que estar 110.000 por ciento dedicado a eso. Es una habilidad, un talento que la gente perfecciona con años de ensayo. Para mí, meterme ahí sólo porque soy Kendrick Lamar... no quiero recibir esa palmadita en la espalda. Voy a esperar hasta ser capaz de tomarme un tiempo y estudiar el oficio de la actuación. Y en este momento, me estaría inclinando más hacia el costado de la dirección.

"Hay cosas que son golosinas para los oídos y hay cosas que son cursis. Necesitás un oído increíble para saber la diferencia. Necesitás años de experiencia, años de hacer cosas de mierda."

En la música, parecés pensar como un productor, incluso si no te asignás ese título en los créditos.

Te lo voy a decir así: no podés hacer este tipo de discos sólo con productores mandándote bases. Tenés que estar codo a codo con ellos. Tenés que estar en cada redoblante, en cada 808, en cada transición, en cada arreglo. Tenés que estudiar y estar en cada recoveco. Yo estoy ahí para todo el proceso. Y ésa es una de las razones por las que puedo formular esa coherencia.

Pero alguien como Future rapea sobre los beats que recibe, y es genial a su manera. Ustedes dos son muy diferentes, así que fue interesante escucharlos en el remix de “Mask Off”.

El es un genio a su manera. Lo vi en el estudio. Cómo se le ocurren las melodías así [chasquea los dedos]. Tenés que hablar un determinado lenguaje, y haber estudiado música –como lo hice yo– para lograr lo que hizo él. Estoy seguro de que se crio escuchando un montón de R&B. Ver cómo se le van ocurriendo las melodías... es un nivel superior, entender el costado sonoro.

¿Cuál es tu canción preferida de Drake?

Mi canción preferida de Drake [se ríe]. Tengo muchas canciones preferidas de Drake. No puedo nombrarte una en particular así nomás… Tiene un montón.

¿Lo preferís cuando canta o cuando rapea?

Las dos cosas. Sí.

En tu primer mixtape, de 2003, cuando tenías 16 años, hay momentos en los que sonás igual a Jay-Z.

Oh, sí. El era mi héroe. Lo sigue siendo. Sigo siendo fan. Eso es una página que saqué de su libro: ser capaz de llevar una letra a través de la conversación, y hacerte sentir que estoy ahí hablando con vos.

¿Cuándo crees que encontraste verdaderamente tu estilo?

Creo que fue el día en el que dije que iba a empezar a usar mi verdadero nombre, Kendrick Lamar.

¿En lugar de K-Dot?

Sí. Y simplemente contar mi verdadera historia. Cuando hice eso, fue más fácil para mí encontrar mi propia voz, porque nadie podía contar mi historia como yo mismo.

En 2010, grabaste “The Heart Pt. 2”, que fue una revelación en cuanto a su honestidad emocional. ¿Cómo pasó eso?

Me acuerdo de decirme a mí mismo: “Quiero mostrar un vómito de emociones en un tema. No me importa cuán largos sean los versos, quiero que la gente me tenga que sentir”. Me dije que si no podía conectarme de ese modo, entonces no tenía sentido juntar un puñado de buenas palabras. Así que esa parte rara hacia el final, donde parece que me ahogo y pierdo el aliento... Quería mantener todo eso.

En el estudio podés entrar en un estado diferente. ¿A veces te asustás?

La ironía es que sí me asusto, porque emocionalmente uno va a ciertos lugares, pero después te acercás a transformarte en un robot de esa emoción. Querés seguir haciendo tomas, una y otra vez. Ahí es cuando entrás en otro estado y cuando verdaderamente conectás con el público. Se puede escuchar eso que pasa en la cabina, como en “The Way I Am” de Eminem, o en “Song Cry” de Jay-Z, o “Dear Mama” de Tupac. Podés contar esas historias y esas historias les llegan de verdad.

Mucha gente piensa que el virtuosismo lírico, tener estrofas, no está tan valorado en el hip-hop como antes. ¿Estás de acuerdo?

Yo dejé mi huella en el momento justo, man. En 2011 y 2012. Fue ese período en el que los fans querían escuchar letras. Hoy probablemente podés entrar en el juego con letras. Pero puede que no esté tan respetado, porque los tiempos cambiaron de manera drástica.

También sugeriste que los críticos no valoran las letras tanto como dicen.

El hip-hop tiene un montón de aspectos hipócritas en lo que refiere a las letras. Hay miles de raperos que pueden meter grandes estrofas. Pero el DJ local no va a pasar eso, sin importar de qué época dorada venga, porque a fin de cuentas también tiene que hacer plata. Es la verdad del asunto.

¿Fue André 3000 el primero que te metió en la cabeza que los raperos pueden cantar?

Para mi generación, definitivamente es André 3000. Fue el primero. Volvíamos de la escuela y él estaba un día rapeando en la TV, y la semana después tenía una canción llamada “Prototype”, que te volaba la cabeza, ¿entendés lo que digo?

¿Tenés canciones que nunca hayamos escuchado y que sean sólo cantadas?

Totalmente llevadas por la melodía, seguro. A fin de cuentas, eso es como una práctica para mis discos de rap. Compongo muchas de las melodías. Mierda, en general el 95 por ciento. Puedo entrar y salir. Puedo hacer un gancho como el de “ELEMENT.”. Puedo hacer una estrofa en un tema de Travis Scott con el “falsete del ghetto”. Así le digo yo [risas]. Me gusta coquetear con la idea de ser capaz de llevarlo ahí.

Tu falsete suena un poco como el de Curtis Mayfield. ¿Sos su fan?

Definitivamente. Era el preferido de mi padre. El de mi madre, en realidad.

Tu primo Carl es miembro de los Hebrew Israelites, que creen que los afroamericanos son los verdaderos descendientes de los israelíes bíblicos. Carl aparece en un mensaje de voz en “FEAR.”. En el disco, te considerás un israelí. ¿Cuánto de su teología has adoptado o hasta qué punto estás sólo jugando con la idea?

Todo lo que digo en ese track es desde su perspectiva. Lo mío siempre fue así. Siempre escucho la historia y el trasfondo de la gente. Quizás no son como los míos, quizás no son como los tuyos. Fue tomar su perspectiva sobre el mundo y la vida de un pueblo, y ponerlo en un lugar donde la gente puede escucharlo y tener su propia perspectiva, esté o no de acuerdo. Para eso creo que sirve la música. Es un portavoz.

Entonces, ¿qué opinás de la idea que trae Carl, de que la gente negra está maldecida por Dios según el libro del Deuteronomio, del Antiguo Testamento?

Esa mierda es verdad. Hay tantas maneras de interpretarlo, pero es definitivamente verdad cuando hablás de unidad en nuestra comunidad, o algunas cosas sobre las que no tenemos control. Cada vez que hay una pelea contra el gobierno, contra nuestras propias ideas políticas, siempre hay un ser más elevado ahí, dispuesto a detenerlo.

Se podría decir que echarle la culpa a una maldición divina de alguna manera excusa a un sistema racista.

Es cierto. Tomalo como a vos te parezca. La conversación está ahí. Podemos sentarnos a hablar de esto todo el día. Yo lo hago, todo el día [risas].

Cuando ves una marea de chicos blancos rapeando las letras de temas en los que hablás de cuestiones raciales, como “Blacker the Berry”, ¿qué te pasa por la cabeza?

Yo sé que mis oyentes de verdad escuchan lo que yo digo, y saben que estoy hablando por toda una cultura, un pueblo. Así que para los chicos suburbanos que no saben cómo crecimos nosotros, o la historia de mi gente, escuchando las letras pueden entender. Es como una lección de historia que no les enseñaron en la escuela.

En algún momento hablaste de tus problemas con la depresión. ¿Seguís padeciendo algo de eso?

Eh... en este momento, estoy cool. No diría que estoy contento. No quiero esa palabra. Todavía no estoy satisfecho. Pero en cuanto a tener un nivel de estrés personal de esa magnitud, no. Es un buen estado, porque ahora puedo escuchar los problemas de mis oyentes, y ayudarlos.

¿Pero podés entender por qué tantos artistas terminan autodestruyéndose?

Oh, no, eso es fácil. Especialmente con este estilo de vida. Todo está a tu alcance, lo que sea que quieras, lo que sea que necesites. Cuando las cámaras están sobre vos, lo que necesites. Pero la persona que realmente sos aparece cuando se apagan las luces. Todo se trata de cuánta disciplina tengas.

¿Sos optimista o pesimista acerca del futuro?

Soy jodidamente optimista, seguro. ¡Si no lo fuera no estaría acá! Vamos, man, esta mierda no le pasa a todo el mundo. Casi todos mis mejores amigos están en la cárcel. Sentencias de más de 40 años. Me piden ver fotos de cada recital. Me dicen: “Tenés que ser más optimista que la mierda para estar donde estás. Nosotros no tuvimos eso. El vaso estaba siempre medio vacío”. Y no se trata sólo de ser optimista. Es ser responsable. Podés hablar de tus sueños todo el día y de “lo que quiero”, pero tenés que actuar en consecuencia para llegar a conseguirlo.

Pero también has planteado públicamente que creías que la humanidad estaba llegando a “el fin de los tiempos”.

Yo balanceo eso dando todo lo que puedo de mí, con la esperanza de pasar el conocimiento que tengo a la próxima generación, o a todas las que vengan. Con cualquier situación jodida en la que estemos, se trata de la evolución del hombre. La gente se confunde porque piensa que es la forma física. No, es la evolución de la mente. Así que, siempre que me esté dedicando por completo a mi potencial y a este don, no hay nada más que pensar. Me puedo ir a dormir en paz. Puedo irme con la consciencia tranquila.

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