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El arte de presupuestar en un país muy incierto

Juan Carlos de Pablo
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24 de septiembre de 2017  

Ojalá tengas que vivir una transición", reza una maldición china. "Ojalá tengas que preparar el presupuesto nacional en un país tan turbulento como la Argentina", constituiría la versión local de la referida maldición. ¿Qué diferencia existe entre pronosticar la cantidad de neumáticos que necesita un fabricante de autos para satisfacer un pedido específico, la cantidad de palmeritas que tiene que preparar un panadero determinado día y el presupuesto de ingresos y gastos del Estado nacional?

Al respecto consulté con el italiano Ugo Mazzola (1863-1899), quien en 1896, con otros economistas, compró el Giornale degli Economisti y lo transformó en un centro de pensamiento liberal. Según Federico Caffé, el aporte de Mazzola consistió en enmarcar la teoría de las finanzas públicas dentro del análisis económico general. En una obra publicada en 1890 aparece por primera vez la noción de bien público.

-Bien público se contrapone a bien privado. ¿A qué se debe y qué importancia tiene esta distinción?

-Un bien es considerado público cuando una misma unidad puede ser consumida simultáneamente por más de una persona. Los servicios que prestan las fuerzas armadas y las de seguridad, así como las emisiones de radio, son claros ejemplos. Por el contrario, un bien es considerado privado cuando existe exclusión en el consumo, porque un mismo bife de chorizo, por ejemplo, no puede ser comido por más de una persona.

-¿Por qué es importante la distinción?

-Porque mientras el financiamiento de los bienes privados se da naturalmente, el de los bienes públicos no tiene más remedio que ser impuesto. Nadie paga voluntariamente el salario de los militares, gendarmes y policías, de la misma manera que las radios no se financian con el aporte de sus oyentes, sino del de quienes publicitan. Esta distinción no tiene que ver con quién produce el bien: el Estado puede producir bienes privados, como los servicios de aeronavegación, y algunos particulares bienes públicos, cuando patrocinan conciertos al aire libre.

-Vayamos a la cuestión de los presupuestos. Al comienzo de esta conversación planteé tres casos. ¿Qué tienen en común y cuáles son las diferencias?

-Todo presupuesto está sujeto a error, porque el futuro es irremediablemente incierto. Pero el grado de incertidumbre es diferente en los tres casos.

-Explíquese.

-Para satisfacer un pedido de 10.000 autos, un fabricante demanda 40.000 neumáticos. Podemos imaginar situaciones donde aparezcan errores, pero estaríamos perdiendo el tiempo. El desafío que enfrenta cotidianamente cada panadero es diferente. Porque comienza a amasar a las cuatro de la mañana para tener listas las facturas cuando abra su local comercial, a las siete, sin saber quién le vendrá a comprar ni cuánto.

-¿Cómo resuelve el problema?

-Lo resuelve observando cuánto vendió ayer y conjeturando qué modificaciones debería esperar para hoy. Pensando en el día de la semana y del mes, si lloverá o no, más algún evento extraordinario que podría ocurrir en el barrio. Teniendo en cuenta, además, qué le resultaría más costoso: si que un cliente se fuera sin palmeritas porque subestimó la demanda o si algunas le quedarán "de clavo", porque la sobrestimó.

-¿Y el caso del presupuesto nacional?

-Es el más difícil de todos, porque, como bien explicaba Cayetano Antonio Licciardo, el presupuesto nacional es una autorización de gastos y un pronóstico de ingresos, así que hablar de déficit o de superávit es pura poesía. Los legisladores pueden autorizar el número de maestros que dictarán clases en las escuelas públicas, pero ¿sobre la base de qué pueden presupuestar los ingresos por impuestos a las ganancias, impuesto al valor agregado (IVA) o derechos de exportación?

-¿Cuál es el problema?

-Nunca resulta fácil pronosticar el valor real de alguna variable, como el número de facturas que puede vender un panadero, pero mucho más difícil resulta pronosticar el valor nominal que tendrán las variables el año próximo, porque esto implica conjeturar qué va a ocurrir con las tasas de inflación, devaluación y el aumento de los salarios públicos, así como la variación del producto bruto interno (PBI) real y las tasas de interés. En un país tan turbulento como la Argentina, no les envidio la tarea que tienen los encargados de la preparación del presupuesto nacional.

-¿Qué se hizo al respecto en años anteriores?

-El anterior gobierno subestimó de manera sistemática el aumento de los ingresos públicos, de manera que gastó de modo discrecional la diferencia entre lo que esperaba recaudar y lo que finalmente recaudó, y aplicando la ley de emergencia económica redireccionó también de manera discrecional algunas partidas de gastos. El presupuesto nacional será considerado la ley fundamental de la Nación, pero en esas circunstancias carecía de valor.

-¿Y ahora?

-Del lado de los ingresos probablemente se vuelva a subestimar la tasa de inflación, aunque nadie espera que de manera tan significativa como entre 2007 y 2015, y del lado de los gastos, existe menor flexibilidad que antes para redireccionar las partidas de gastos. Ergo, el tratamiento del presupuesto 2018 debería ser más cuidadoso.

-Don Ugo, muchas gracias.

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