Bienal de Arte Joven: un faro que ilumina a las nuevas generaciones

La muestra, que se pone hoy en marcha, busca promover la creatividad y la multiplicidad de voces, y se interroga sobre el espíritu artístico de la época; fueron seleccionadas 230 obras de 800 artistas entre 6600 aspirantes
Leni González
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25 de septiembre de 2017  

Joaquín Bonet, Iván Fund, Luciana Blasco y Lara Marmor
Joaquín Bonet, Iván Fund, Luciana Blasco y Lara Marmor Fuente: LA NACION - Crédito: Daniel Jayo

Casi tres décadas después de su primera vez, la Bienal de Arte Joven vuelve al Centro Cultural Recoleta. Allí, en 1989, quedó inaugurada esta plataforma de experimentación y lanzamiento para los artistas de todo el país de entre 18 y 32 años. Un faro que guía a los creadores más noveles en su camino a consolidar una propuesta, una estética, un lenguaje propios.

La Bienal, que comienza hoy y finaliza el domingo, será la quinta (se hizo en 1989 y 1991, y se retomó en 2013), y la tercera bajo la gestión de Luciana Blasco, subsecretaria de Políticas Culturales y Audiencias del GCBA.

"El sello distintivo de la Bienal es el trabajo conjunto entre el Estado y la comunidad artística local. Empezamos en 2012 y siempre el objetivo fue que no volviera a interrumpirse, que esto se mantuviera, y para eso había que trabajar con los artistas. Son ellos los que toman las decisiones sobre quiénes serán los bienalistas y acompañan la gestación creativa. El concepto de la próxima Bienal, la de 2019, debe salir de esta coparticipación", comenta la funcionaria sobre el hiato de 1991 a 2013 en que este proyecto no aparecía en ningún presupuesto: hoy cuenta con 27 millones de pesos para su realización.

Un total de 230 obras y proyectos realizados por equipos de 800 artistas fueron seleccionados entre 6600 postulaciones (más de 17.000 artistas) de artes visuales, audiovisuales, artes escénicas, música y un regreso: literatura.

La edad promedio de los artistas cuyas obras fueron seleccionadas para participar de la muestra es de 27/28 años. Según Blasco, esto se debe a la necesidad de cierta maduración y algo de experiencia previa para poder atravesar el proceso de desarrollo de una obra. ¿Por qué? En cada disciplina hay dos líneas de participación: por un lado, proyectos que fueron trabajados de mayo a septiembre con los tutores y que se estrenan en la Bienal; por otro, selección y muestra de obras ya terminadas cuyos autores concursan para becas de formación en nuestro país y en el exterior; en ambos casos, con entradas gratuitas.

"Hicimos un taller de creación de obras de teatro musical con Pablo Gorlero y Martín Bianchedi para estimular y mejorar su generación. Seleccionamos diez proyectos y desde ese germen trabajamos de forma intensiva para que terminen la obra. De las diez elegimos a dos que estrenan en la Bienal. Y las otras ocho esperamos que lo hagan pronto, de la misma manera que están estrenando los que quedaron de la Bienal anterior porque había muy buen material", dice el autor y director Joaquín Bonet, uno de los tutores de artes escénicas.

Además de los dos musicales surgidos del taller, en distintas salas del off se estrenarán seis obras elegidas y supervisadas por Rubén Szuchmacher, Luis Cano y la coreógrafa Andrea Servera.

"Nos llegaron 200 proyectos, muy buenos, entre los que elegimos seis que recibieron 95.000 pesos cada uno para desarrollar la obra, más el taller y las tutorías. Es gente de distintas partes del país, equiparados por género y que por diferentes razones no podía realizar su proyecto", dice la curadora Lara Marmor, del comité de artes visuales, junto con Patricio Larrambebere y Marcela Sinclair. Esta exposición estará en el Recoleta hasta mediados de diciembre. Pero sólo durante la semana de la Bienal, el público podrá visitar la muestra de los 45 artistas visuales elegidos como expresión joven del arte contemporáneo local.

Ruido blanco, de Franco Calluso y tutoreada por Rubén Szuchmacher, una de las obras que se exhibirán en el Recoleta
Ruido blanco, de Franco Calluso y tutoreada por Rubén Szuchmacher, una de las obras que se exhibirán en el Recoleta Fuente: LA NACION

Desmitificar la producción cinematográfica fue la idea del taller que dictó el cineasta Iván Fund, jurado del área de artes visuales, a veinte directores que presentaron un corto y un proyecto para desarrollar. "Eran muy eclécticos y variados, con distintas experiencias. Venían con tabúes de todo lo que hay que esperar, con el temor de que los proyectos quedaran empantanados. Apostamos a la continuidad y el seguimiento, a que las películas se pueden hacer", dice Fund, que compartió la decisión de seleccionar a los 20 creadores junto con Paola Buontempo, Nele Wohlatz, Tomás Dotta y Hernán Rosselli. A su vez, tres series Webs, Emilia envidia, Protagonistas y Minga, que contaron con la tutoría de Florencia Clerico, Javier Zevallos y Santiago Melazzini, se estrenarán en el cine del Recoleta y estarán disponibles en la Web de la Bienal.

En Literatura, 16 escritores desarrollaron novelas breves en una clínica de obra con Marina Mariasch y Hernán Ronsino, y una de ellas será publicada por editorial Entropía en 2018. El cuento y la poesía presentarán dos antologías: en un caso, Raros peinados nuevos, por Eterna Cadencia, y por otro, Van llegando, por editorial Mansalva.

En lo que respecta a la sección de música, se presentarán en vivo las 25 bandas y solistas emergentes que fueron seleccionados: cuatro de ellos grabarán un disco.

A la maratón de arte en toda la ciudad, pero con epicentro en el Recoleta, se suman actividades de todo tipo: charlas, lecturas, talleres, paseo gastronómico, intervenciones urbanas y conciertos. Todo está en bienal.buenosaires.gob.ar/festival/programacion

¿Qué buscan?

Ante cada Bienal, la pregunta siempre gira en torno del aire fresco: ¿cuál es el espíritu de época? ¿Qué traen de nuevo los jóvenes? La respuesta no es sencilla, aseguran los organizadores, porque la multiplicidad de voces es la única característica común. Quizá, si se rasca la superficie, aparece la mirada política sobre la obra.

"Encontré una conciencia muy fuerte respecto de qué generaba cada proyecto, qué estabas diciendo. A algunos -cuenta Fund-, sin embargo, les jugaba en contra porque temían cómo iban a ser juzgados por los otros." En su ámbito, Marmor notó la preocupación por la temática de género, pero reconoce que a veces resultaba complicado por el riesgo de caer en "la literalidad explícita". En el caso del teatro musical, Bonet subrayó la intención de conmover a todo público más allá del grupo de convencidos.

De todas formas, los tutores coinciden en que los que buscaban soluciones mágicas o respuestas definitivas podían sentirse desorientados. Porque lo enriquecedor estaba en compartir experiencias.

"La Bienal no es un concurso de talentos como los de la tele, donde hay un ganador que debe ajustarse a las premisas del marketing. Acá no hay idea de dónde se va a llegar, sino qué se va a aprender. Es una oportunidad selectiva para que algunos puedan desarrollar su potencial. Damos herramientas para poder hacer lo que quieran. La construcción de una voz propia es el aporte esencial", dice Bonet. Para Marmor, es la posibilidad de salir del "marco productivista", de tener que hacer algo por encargo: "Es casi impensable experimentar en otras circunstancias".

Ampliar la mirada a través del cruce con los que están en igual condición y con quienes ya llevan más horas de vuelo. En esas ganas de compartir y empujar juntos, en ese terreno común construido con generosidad, los responsables de esta Bienal encuentran el principal rasgo unificador de los jóvenes.

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