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El dilema de las relaciones comerciales del país

Marta Bekerman
Marta Bekerman PARA LA NACION
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1 de octubre de 2017  

Las tendencias recientes que muestra el comercio exterior argentino, donde se observan niveles muy altos de déficit comercial, plantean la importancia de desarrollar líneas de acción que permitan una inserción internacional más diversificada y que genere empleo.

Sobresalen hoy cuatro grandes líneas de acción, señaladas por el Gobierno. Cada una está llamada a tener impacto sobre la futura inserción internacional del país. Incluyen la propia continuidad del Mercosur, un rápido avance del acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur, un acercamiento a la Alianza del Pacífico (AP), y una redefinición de las relaciones con China.

El Mercosur entró en un proceso de fuertes dificultades profundizadas por la recesión y la interminable crisis política de Brasil, que frenan la expansión del bloque, en un contexto donde se genera un constante aumento de las vinculaciones comerciales de la región con China.

Por su parte, pese a la clara voluntad del Gobierno de avanzar en las relaciones con la Unión Europea, lo esperable es que, de haber un acuerdo, éste tenga un carácter débil, parcial, con características más políticas que económicas. Según declaraciones tanto de funcionarios argentinos como europeos no está previsto que el tratado sea 100% de libre comercio, ya que algunos sectores no estarían incluidos, como el caso de ciertas manufacturas elaboradas y la producción agropecuaria, en particular la carne y el biodiésel, muy resistidos por los productores agropecuarios europeos, en particular los franceses.

Cruzando el Atlántico, con la llegada de Donald Trump a la Casa Blanca, la Alianza del Pacífico queda -al menos momentáneamente- fuera de foco para la administración norteamericana, lo que limita las posibilidades de ver a esa alianza como la gran ganadora en la lucha regional por modelos de desarrollo.

Por otro lado, un acercamiento a esa Alianza genera una contradicción con la pertenencia de los países al Mercosur, dado que la misma puede ser un vehículo para la firma de acuerdos bilaterales de libre comercio. Por tanto, la pertenencia a los dos bloques obligaría a uno de ellos a transformarse. O el Mercosur se flexibiliza, o la Alianza se constituye en un supraacuerdo que acepta al Mercosur como un todo en su interior.

Finalmente, emerge China, como el nuevo gran jugador que parece llamado a ocupar (paradójicamente) el lugar de promotor del libre comercio a nivel global, ante el retiro de Estados Unidos, y teniendo en la región bases materiales consistentes para reclamar ese lugar. En este contexto cabe preguntarse: ¿en qué situación se encuentra hoy la relación Mercosur-China o los acuerdos bilaterales entre los países del bloque con el gigante asiático y cómo afecta esto a las relaciones intrarregionales?

En un contexto de rápido avance de las relaciones comerciales, hoy tiene lugar un agresivo crecimiento de las importaciones de la región desde el mercado chino. Esto genera un desplazamiento de la Argentina y Brasil como proveedores mutuos de productos industriales. Es así como, pese al retroceso global de las importaciones en ambos países, la participación china en estas operaciones aumenta rápidamente.

Hay indicios muy claros de que la fuerza de las exportaciones chinas debilitó las posibilidades de inserción de las exportaciones brasileñas, tanto en el Mercosur como en la Aladi, lo que representa una situación preocupante para Brasil. Similar fenómeno se da con relación a las exportaciones argentinas a Brasil, haciéndose fuerte el reemplazo, incluso en sectores de bajo contenido tecnológico, como el textil o el de alimentos envasados.

Es decir que la presencia china en el Mercosur, que cada vez adquiere más protagonismo, lejos de favorecer la integración, contribuye a deteriorar las bases materiales del acuerdo. Esto es mucho más nocivo para la Argentina, dada su fuerte dependencia de la demanda brasileña para diversificar y densificar su matriz productiva. Así, se generan riesgos en materia de empleo y en las posibilidades del desarrollo tecnológico nacional.

La fascinación por la captación del mercado chino llevó tanto a la Argentina como a Brasil a establecer una dinámica competitiva e individual en su relación con el gigante asiático, y si bien se evitó el libre mercado, no se coordinó una forma común de negociar. Mientras tanto, al interior del Mercosur y ante el fracaso de algunas iniciativas como la integración productiva y la crisis de los últimos años, primó la parálisis antes que la construcción de formas asociativas.

Sin embargo, actualmente es el propio Mercosur el que puede revertir esa dinámica competitiva y alcanzar un rol clave para aumentar la capacidad negociadora frente a China. También, para avanzar en la construcción de políticas productivas que permitan sostener y desarrollar a nivel regional a los sectores industriales y apuntalar el empleo.

Así como fue posible el sostenimiento y la expansión regional del sector automotor a partir de la regulación del comercio y la apuesta por cadenas productivas binacionales, se requiere avanzar hacia planes estratégicos que permitan recuperar y expandir espacios regionales de mercado en otros sectores.

Investigadores de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA

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