TED o no TED: del auge a los replanteos

Exitoso. Replicado en múltiples versiones de encuentros, cursos o conferencias, el célebre formato de charlas afronta el desafío de no quedar confinado a la lógica de lo "viralizable" o al simple entretenimiento
Laura Marajofsky
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8 de octubre de 2017  

Crédito: Javier Joaquín

Otro tipo de programa cultural se ha instalado en Buenos Aires en los últimos años. No se trata de obras de arte, muestras o ferias, sino de un activo circuito de charlas y conferencias, que en distintos formatos y abarcando diversas ramas del conocimiento, intentan llevar ideas, proyectos y experiencias al público masivo. Así, pensadores, artistas, científicos, emprendedores y muchos otros etcéteras convocan pequeñas multitudes que se acercan a estos espacios para escuchar, aprender e intercambiar con otros. La oferta es cada vez más amplia y está organizada tanto por empresas, como por ONGs y entidades gubernamentales: desde las populares TED (con su versión TEDxRío de la Plata, cuya edición 2017 se realizará el 20 y 21 de este mes), hasta otros formatos importados como las Pecha Kucha Nights (traídas de Tokio), las FUN (Fuck Up Nights de México); e inclusive ciclos avalados por el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como InnovatiBA, la Noche de la Filosofía o la reciente IDEAS, a cargo del Ministerio de Cultura de la Nación. ¿Podemos decir que existe algo así como una industria de las "buenas ideas"? ¿Qué valor e impacto real tienen estos eventos? ¿Cómo separar las buenas ideas del voluntarismo marketinero o el optimismo desmedido?

De un tiempo a esta parte numerosos intelectuales comenzaron a reflexionar sobre la utilidad y trascendencia de esta clase de eventos, el vínculo entre corporaciones, ideas e innovación y, quizá más importante aún, el tipo de modelo de contenidos que se fomentan desde estos espacios. Con al advenimiento de los formatos digitales y las charlas acotadas, el estándar de producción y elaboración à la TED -uno de los precursores-, se naturalizó al punto de que hoy todos buscan replicarlo. "Digerible" y "viralizable": dos valores que para algunas cosas están bien. Y para otras, tal vez no tanto.

Puntos de vista

"Desde mi punto de vista lo importante no es el formato sino la calidad del expositor. No hay formato, ni luces, ni marketing que pueda camuflar la falta de ideas o un mal presentador. Lo que se busca es una combinación no siempre fácil: alguien en la vanguardia de su campo y que además pueda presentar ideas complejas de manera accesible e interesante pero sin perder profundidad", explica Iván Petrella, uno de los organizadores de IDEAS, ciclo que tuvo dos características atípicas para estos eventos: mayor duración (45 minutos) e interacción con el ponente.

La problemática del formato suele ser una de las primeras objeciones. Suele contarse con 18, 7 o 6 minutos para desarrollar temas que además son tratados de manera que atraigan a una audiencia joven y acostumbrada a contenidos de alto impacto. "TED es sólo una de las manifestaciones visibles de un enfoque sobre las ideas y la creatividad que se está extendiendo en todo el mundo, y que provee pedacitos de contenido rápido para una audiencia distraída que ha perdido la habilidad de concentrarse. Sólo porque algo toma 18 minutos en ser visto, no significa que sólo toma ese tiempo en ser comprendido", dice Julian Baggini, escritor y fundador de The Philosophers' Magazine en una editorial de la revista digital Aeon. Por su parte, el crítico Benjamin Bratton, que dio su propia charla TED sobre todo lo que no funciona con estas charlas, dice que estamos creando "megaiglesias del infotainment para los intelectuales".

Sin embargo, para muchas personas estas charlas pueden servir como una antesala a un conocimiento puntual, o para interesarse por determinado tema. Un "tentempié" o disparador que, en el caso de TED, ya lleva más de 1800 charlas subidas a la Red, las más populares con varios millones de views. "Yo creo que los eventos TED y otros formatos similares son grandes puertas de entrada al conocimiento de campos en los que uno es ?extranjero'. Pero como educadora, coincido mucho con quienes manifiestan preocupación. Lo importante es diferenciar los distintos usos de las charlas. Si son para aprender sobre un tema, es fundamental que sean sólo la punta del iceberg. Que se complementen con lecturas, discusiones y perspectivas contrapuestas si las hubiera", explica Melina Furman, bióloga, educadora y una de las organizadoras de TEDxRíodelaPlata.

Con este espíritu, Furman también cuenta que junto con Gerry Garbulsky creó un curso llamado El Mundo de las Ideas, donde los participantes se dedican cinco meses a ampliar su repertorio de temas, a buscar cuál es su "para qué" y, a partir de ahí, diseñar estrategias para comunicar eso que tienen para decir. Furman propone romper la dicotomía entre conocimiento y entretenimiento. "Las charlas también sirven para entretenernos. En ese sentido, creo que el formato corto se compara a muchos otros consumos culturales "rápidos", pero en este caso tiene el plus de que ese entretenimiento tiene un foco distinto: las ideas. Para mí, que las ideas entretengan es un aporte social súper valioso, especialmente si las comparamos con otros productos ?viralizables' de la época".

Por su parte Hernán Vanoli, editor de la revista Crisis y autor de Cataratas y Pyongyang (dos novelas sobre cultura, tecnología y política), se pregunta por el lenguaje en el marco de estas iniciativas. "Creo que hay una proliferación de charlas, coloquios y congresos de ?buenas ideas' que muchas veces son valiosas. El problema que yo les veo es que si bien difunden enfoques novedosos, hay un entusiasmo un poco sobreactuado que les quita profundidad. Creo que hay una franja intermedia entre lo pesado y rutinario que tienen los papers académicos y lo frívolo que puede tener una charla de ese estilo, y que el desafío es buscar esos formatos intermedios, más abiertos al diálogo, o que puedan permitirse también una pregunta en torno del lenguaje. Porque la forma en que se transmite una idea también la determina".

¿Acaso el consumo rápido -o el análisis superficial de ciertos fenómenos- actúa como un placebo? En su charla TED Benjamin Bratton puntualiza que sí, y que estas dinámicas de producción y consumo desvían nuestro interés, entusiasmo e incluso potencial indignación. "No tengo nada en contra de gente inteligente explicando lo que hacen de forma que todos lo puedan entender. Pero si realmente queremos transformación, tenemos que abrirnos paso a través de las cosas ?duras' (historia, economía, filosofía, arte y sus ambigüedades y contradicciones); tenemos que subir el nivel general de comprensión al nivel de complejidad de los sistemas en los que estamos inmersos (y que están inmersos en nosotros). No se trata de ?historias personales de inspiración' ".

Mirada personal

En este sentido, tras una inmersión rápida en muchas de estas charlas, aún aquellas que suponen hablar sobre el fracaso, revela la misma característica: suelen ser en tono optimista o uplifting, cuando no epifánico. Son, en su mayoría, historias personales sobre experiencias, descubrimientos o proyectos en positivo. Algo que acompaña muy bien el leimotiv de inspirar y generar empatía, pero que abre un cuestionamiento por la posibilidad de otros matices discursivos, como la crítica o la denuncia.

"Uno podría decir que el espectador sale de una charla TED impactado, pero no conmovido. La conmoción, en ese sentido, produce un ruido, y creo que es un ruido a veces necesario. Creo que hoy la innovación tiene un estatuto casi divino en el lenguaje del capitalismo, y es muy difícil oponerse a la innovación sin quedar en un lugar retrógrado o nostálgico. Lo que yo creo que hay que discutir es la relación entre el poder y la innovación", advierte Vanoli.

Asimismo, Julian Baggini plantea que habría que apuntar a un sano desarrollo del escepticismo en las generaciones más jóvenes. "Las grandes ideas se esculpen con el cincel del pensamiento crítico, no surgen del genio espontáneo o las buenas intenciones. No necesitamos regodearnos con ironía posmoderna en las contradicciones y paradojas del mundo moderno, pero tampoco ignorarlas".

En este contexto, ¿cómo fomentar la tan declamada búsqueda de lo disruptivo? "Creo que la clave de este tipo de eventos es plantearle al speaker que sea generoso, que comparta algo íntimo que aprendió en el camino; no se trata de compartir datos duros que podemos encontrar googleando, -comenta Noel Yolis, vocera de Pecha Kucha Nights-. Por otro lado, un lugar muy importante en la grilla de Pecha Kucha en las ediciones locales, es el que siempre le damos a, al menos, una ONG que esté trabajando en temas actuales y con miradas críticas. Creo que la mirada crítica desde un evento de este estilo se puede construir al armar la grilla. Es casi una decisión política: detrminar sobre que querés hablar y a través de qué voces" .

Actividades complementarias que permiten profundizar ciertas temáticas, enfoques transdisciplinarios y no ultraespecializados, creciente espacios para ONGs u otras iniciativas no académicas, y la posibilidad de abrirse a un mayor valor crítico y de debate: por aquí parecen perfilarse las búsquedas másrecientes de estos eventos. No dejan de ser formatos en transformación, en busca de un espectador dispuesto a continuar la búsqueda. O como sugiere Bratton, una mentalidad que entienda que los problemas no son puzzles a ser resueltos asumiendo que todas las partes necesarias están ahí y sólo hay que reubicarlas. "La innovación definida como la Gran Idea que cambie el status quo roto -afirma- es precisamente el status quo que hay que cambiar."

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