Por qué es importante compartir la mesa en familia

La alimentación de los chicos no sólo se compone de alimentos sino también de afecto; mirá estos tips para generar en ellos buenas conductas alimentarias
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7 de octubre de 2017  • 00:00

¿Sabías que el acto de comer implica mucho más que el simple hecho de ingerir alimentos? De hecho, es justamente uno de los momentos claves en los que se establecen y refuerzan las relaciones que sostienen a la familia y a la sociedad. La mesa es el espacio simbólico donde un grupo comparte sus valores y sentidos sociales. Además, las conductas alimentarias comienzan a desarrollarse desde edades tempranas y luego influirán en la salud durante la edad adulta. Por eso, aunque cueste conciliar horarios, es muy importante inculcar este hábito a nuestros hijos desde chiquitos.

Entre los habitantes de la Ciudad de Buenos Aires, la cena es el momento en el que se reúnen con mayor frecuencia todos o casi todos los integrantes del hogar. Así lo reveló la Primera Encuesta Alimentaria y Nutricional de la Ciudad. ¿Vos estás en este grupo y te reunís con tu familia por la noche? Si todavía no lograste hacerlo, nunca es tarde para empezar.Tené en cuenta este dato: la alimentación de los chicos no solo se compone de alimentos, sino también de afecto. “Los padres tienen un rol muy importante porque deben estar atentos a qué comen los chicos y cuándo lo comen. Son quienes tienen que identificar si los chicos comen por hambre, por alguna emoción o por aburrimiento,” señala la licenciada en psicología Valeria Luski, coordinadora del área infanto juvenil de la Clínica Doctor Cormillot. Los padres son los que modelan los hábitos de alimentación, son ellos quienes hacen las compras y deciden qué es lo que se come en una casa. La psicóloga indica que hay diversas estrategias para crear mejores hábitos. En este sentido, la comensalidad tiene varios beneficios y te contamos cuáles son algunos de ellos:

  • Genera un buen ambiente alimentario: el tipo de ambiente alimentario familiar influencia el desarrollo y refuerzo de los comportamientos alimentarios de los chicos. Un buen ambiente alimentario en la familia determina la calidad de la alimentación de la persona toda la vida.
  • Crea un saludable contexto familiar: los modelos de alimentación que transmiten los padres están condicionados por tradiciones, disponibilidad de alimentos y por la interacción con los niños. El contexto familiar tiene enorme influencia en las preferencias o rechazos del niño a determinados alimentos. Si tenés hijos chiquitos, seguro "renegaste" más de una vez porque no quieren comer tal o cual cosa. Es que las conductas de los padres en relación a la alimentación de los niños, es decir, la presión, el elogio, las amenazas, las recompensas y los razonamientos son recibidos, traducidos e interpretados por sus hijos. Esto impactará en las conductas del niño y en su salud física y emocional. Es importante que los chicos tengan acceso a alimentos saludables y que éstos estén a la vista, ya sea en la heladera o en una frutera. “El acceso y la visibilidad favorecen el consumo. Además, los papás tienen que comer lo mismo que les proponen a sus hijos, porque si ellos no lo consumen tampoco lo harán sus hijos. También es importante que los chicos participen de la compra y de la cocción de los alimentos. Y es clave repetir la exposición: si un chico no come algo que le estoy proponiendo, no hay que desecharlo, sino volver a ofrecérselo para que adquiera el gusto. Realizar por otra parte diferentes preparaciones de un mismo alimento, facilita su incorporación,” aconseja Luski.
  • Evita mirar televisión: tener como costumbre esta práctica durante la comida puede dificultar el registro de los sabores y de la sensación de saciedad. Esto lleva a un mayor consumo de alimentos, que se relaciona al incremento del sobrepeso y la obesidad.
  • Una alimentación de mejor calidad está relacionada a factores como la frecuencia, el lugar, la presencia de los padres. Por el contrario, una alimentación de menor calidad se relaciona con la participación activa de los niños en las decisiones alimentarias e implica la selección de alimentos menos saludables.
  • Compartir la comida también implica poder compartir la preparación previa y es conveniente hacer participar a los chicos en alguna tarea: condimentar alguna ensalada o llevar los cubiertos y servilletas para poner la mesa. Así como también, dentro de sus posibilidades y cuando ya tienen edad suficiente, pueden colaborar a levantar la mesa. La importancia de compartir todo lo referente a la alimentación en el núcleo familiar permitirá que el chico, además de aprender, se sienta parte activa del grupo familiar.

Fuente: Estaciones Saludables, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

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