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Fuera de línea

Diana Fernández Irusta
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9 de octubre de 2017  

Fuente: AP - Crédito: Michael Probst

La relatividad también podría ser eso: pasear en moto e ingresar en la zona donde todo parece tambalear. Se mueve uno, sí. Se mueve el mundo hacia los costados, al fondo, hacia un punto de fuga inapresable; sí, también. Algo de esto ocurre en la foto. Está el cielo, enorme pero no tanto. Extrañamente poco abrumador pese a los nubarrones, el horizonte, el vacío. Están los árboles: lineales, rectos y casi envarados al centro; presurosos y como escapando hacia la izquierda.

Entonces surge la anomalía, eso que siempre interrumpe hasta la más obsesiva de las previsiones. A la derecha, un árbol repentinamente inclinado, casi fantasmal: empujado por el viento que no roza a los otros; testimonio de que algo, en algún remoto momento de su existencia, quizás se torció. La moto avanza, impertubable. Y una metódica plantación de árboles en las afueras de Fráncfort nos recuerda que todo es posible, menos la astucia de lo uniforme.

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