Mondongo, con nueva receta

La muestra Tres, en la galería Barro, incluye performances
La muestra Tres, en la galería Barro, incluye performances Crédito: Gentileza galería Barro
El dúo de artistas conformado por Juliana Laffitte y Manuel Mendanha exhibe en la galería Barro, en La Boca, decenas de dibujos realizados con el escritor, músico, dramaturgo y cineasta Sergio Bizzio
María Paula Zacharías
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10 de octubre de 2017  • 12:07

Los ingredientes habituales de las obras de Mondongo suelen ser tamaños monumentales, laboriosidad descomunal, obsesión y detallismo al extremo, una cocción lenta de horas y horas sobre cada trabajo y una mesa servida con cierta espectacularidad. Sus imágenes son proezas de paciencia, construidas con toneladas de plastilina, kilómetros de hilos de coser, galletitas, chicles o espejos rotos. Pero para la muestra que se expone hasta el sábado en la galería Barro, Tres, han cambiado la receta. Incursionan en otras disciplinas y se olvidan de la logística de las megaconstrucciones. El plato que ofrecen esta vez es distinto, pero igual de sabroso.

La galería parece más grande, dividida en tres salas por una sucesión de telones rojos que suman esa pizca de teatralidad que nunca falta. Corriendo el primero, hay un golpe de efecto con una marioneta construida por la dupla de Juliana Laffitte y Manuel Mendanha: Luciana, harapienta y cabizbaja, se hamaca acompasadamente, mientras se escuchan llantos, ruidos y alaridos de la banda sonora creada por Ismael Pinkler. Es una gigante triste que mete miedo.

La poeta Cecilia Pavón cuenta en su texto que la chica fue a un taller de poesía y escribió estos versos: "Quiero no tener ninguna edad. Quiero no madurar. Quiero maquillarme con todos los colores del crepúsculo. Quiero drogarme para siempre. Quiero no parar de ir y venir en una hamaca celestial". Frente a ella, cuelga el dólar construido con 82.000 clavos unidos por alambres y, debajo, un esternón hecho con miles de monedas de 5 y 10 centavos de peso, dos obras anteriores sacadas oportunamente del freezer para completar el universo de significados posibles.

Dólar (de la serie Merca, 2005), realizado por Mondongo con clavos
Dólar (de la serie Merca, 2005), realizado por Mondongo con clavos Crédito: Gentileza galería Barro

Tras el segundo cortinado se llega a la sala que da nombre a la muestra. Se trata de 220 de los 400 dibujos que hicieron a seis manos con el escritor, músico, dramaturgo y cineasta Sergio Bizzio, que no colabora como nada de eso sino como artista (ya hizo una exposición de pinturas en Miau Miau en 2012). Esta vez, en hojas A4 y con tinta, grafito y acuarela de sólo tres colores (rojo, negro y dorado), se sentaban semanalmente los tres a dibujar cada uno en su hoja, hasta que alguno dijera ¡paso!, y entonces rotaban los dibujos. A veces agregaron pedacitos de hilo, fuego, rasgaduras, agujeros y recortes de otros dibujos.

Hay bancos para sentarse a ver el conjunto, pero conviene acercarse para captar los detalles de estas escenas surrealistas y bastante oscuras. Cadáveres exquisitos que titularon luego en dos jornadas, donde se nota la mano del escritor: ¿Dónde podré olvidar la florecita que me haga olvidarte?, De cada uno de ellos la mayor parte, Mentir para parecer más sucia y Las piezas de la nostalgia, por ejemplo. También están en formato libro.

Dibujos realizados con Sergio Bizzio para la muestra Tres, en Barro
Dibujos realizados con Sergio Bizzio para la muestra Tres, en Barro Crédito: Gentileza galería Barro

La tercera sala deja al espectador debajo de una gran corona de espinas y frente a un túnel dorado, como un boquete adentro de un lingote de oro, con nueve anillos como el infierno de Dante. Al final, se divisa un conejo mínimo y delicado. Ahí dentro, cultivaron otro género en el que son casi nuevos: la performance. Esta es su segunda ocasión y pone el cuerpo Carolina Stegmayer.

Su proceso creativo habitual parte de dibujos que no son los que se ven, sino su materialización tortuosa en otra escala y con materiales extraños. Esta vez, no. "Fue puro placer", dice Laffitte, y el juego continúa. "Construyen una lengua más en el interior de la propia lengua y llenan de reflexiones y pensamientos subversivos a las imágenes oficiales de la comunidad", señala la cineasta Albertina Carri en otro de los textos de sala. Sastres de sus propias marionetas (una nueva obsesión), directores de performances, constructores de escenarios y tranquilos dibujantes de escritorio que saben compartir la hoja. Los Mondongo se dejaron tentar por nuevas maneras de amasar su arte. Y el resultado es un disfrute.

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