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Testigos y peritos, un cóctel decisivo

Declaraciones y análisis psicológicos sellaron la suerte de Silva
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11 de octubre de 2017  

Sólo Julieta Silva es capaz de saber exactamente qué pasó por su cabeza cuando tomó el volante del auto, giró en U y arrolló a su novio, Genaro Fortunato, en la puerta del boliche Mona, en la lluviosa madrugada del 9 de septiembre pasado. Pero la conjunción de lo que vieron los testigos y lo que interpretaron los encargados del peritaje psiquiátrico de la acusada bastó, en esta etapa procesal, para que la Justicia le cayera encima con todo el peso de la ley.

Ella buscó instalar la hipótesis de que no había visto que el rugbier estaba en su camino y que sólo supo lo que había hecho cuando frenó y se lo dijo el cuidacoches. Pero él la desmintió: declaró que ella había girado para atropellar al joven, a quien ya había hecho caer.

Silva dijo que quizá no vio a Genaro en el piso porque no llevaba los anteojos que le habían sido recetados para conducir. Pero nunca pudo explicar por qué se fue intempestivamente del lugar manejando cuando, según ella misma dijo, no podía hacerlo.

Finalmente, los psiquiatras advirtieron en ella una personalidad propensa a reacciones violentas ante situaciones de frustración. Eso selló su suerte.

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