No es la selfie, sos vos: pequeños y grandes momentos de moda

Javier Arroyuelo
Javier Arroyuelo LA NACION
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15 de octubre de 2017  

Por su estilo, la actriz francesa Jeanne Moreau representa uno de los "momentos de moda"
Por su estilo, la actriz francesa Jeanne Moreau representa uno de los "momentos de moda"

Con el tiempo, se me ha hecho una verdad patente algo que desde un inicio sospeché: los momentos de moda más fuertes y que más se asientan en la memoria tienen lugar, la mayoría de las veces, fuera de la moda misma y de su circuito de pasarelas coreografiadas, presentaciones rimbombantes, fotografías deslumbrantes y fiestas celebradas bajo el halo de algún logo. Ya que lo que perdura, lo que crea sentimiento, no es un vestido, un traje, puestos en el rol protagonista, por refinados o espectaculares o sensuales que puedan ser, sino el modo en que la gente los lleva o, más precisamente, los vive. No es la fachada, es la persona. No es la selfie, sos vos.

¿Qué llamo momentos de moda? Aquellas apariciones inesperadas, en un destello, de personas cuya apariencia nos encanta porque tienen un modo de estar presentes en el mundo. Manifiesto en la conjunción de ciertas cualidades físicas y opciones visuales, es algo específico y personal que hará que, desde allí y para siempre, esa persona se constituya para nosotros en una nueva prueba, un nuevo modelo de imaginación y de gusto. Algunos de mis momentos de moda marcantes los tuve al descubrir en ediciones Vogue del pasado y de mis sucesivos presentes ciertos personajes y ciertos autores de imágenes. La Lisa Fonssagrives que, retratándola, forjaba Irving Penn, en los 50, es sólo uno de los ejemplos máximos –en este caso de una sofisticación llevada al límite pero vibrante, sin riesgo de congelación.

Pero con mayor frecuencia, intensidad y alcance encontré mis momentos en el cine, el teatro, la ópera, los espectáculos musicales, el ballet, donde a la completitud de la presencia, al poderío de la allure, se sumaban las seducciones variadas de las voces, los movimientos, los talentos, las personalidades. Todo lo que lxs artistas llevan son, bastante a menudo, prendas hechas a medida o adaptadas sabiamente a sus cuerpos y se trata, tanto o más aún que en las producciones fotográficas de las grandes revistas, de ficciones –estupendas pero ilusorias, por cierto, y a la vez artificiales pero factibles.

Sería demasiado extensa para esta brevísima columna la lista de los nombres de artistas, venidos de los últimos cien años, de todas las escenas y pantallas del espectáculo que me parece imprescindible citar como referencias obligadas de estudio y de admiración para todxs lxs amantes del estilo así como para quien quiera que pretenda emplear con propiedad palabras como elegancia, chic o glamour, tan devaluadas hoy por tantas bocas que hablan sin cerebro que las rija.

Pero lo inolvidable nos acecha también en la vida diaria. Justamente, una circunstancia porteña, en el trajín cotidiano, me llevó a tomar estos apuntes. Fue en el subte, of all places, una de esas tardes de humedad insidiosa, cuando la nube baja hasta el andén y sube al vagón. Mientras un arpista abría una playa de sereno encanto, vi a una señora, reposada y única, de ojos claros y pelo de corte carré en una escala de blancos, vestida del mismo irreprochable color, de la campera plumón a los mocasines chatos con moño.

Aún en una gran capital del desaliño militante como Buenos Aires, las pequeñas felicidades de este espectador son casi cotidianas y no se limitan para nada al sporty chic de esta señora. Puede ser el muchacho con la remera, entre tropicalista y goth, estampada, en blanco, rojo y verde, de cráneos y rosas y el jean de época, oscuro y ceñido. Una silueta medieval, impecable y enfatizada por las zapatillas en punta sin cordones.

De nada vale querer el retorno de un pasado cuyos esplendores dependían de unos usos sociales que ahogan de sólo pensarlos, pero hay que saber inspirarse y gozar de sus maravillas. Y sin falta estar siempre listxs para el próximo instante memorable, que tal vez nos esté esperando a la vuelta de la esquina.

El autor ha colaborado en Vogue París, Vogue Italia, L'Uomo Vouge, Vanity Fair y Andy Warhol's Interview Magazine, entre otras revistas

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