La obsesión de Lord Byron se vuelve sana

Javier Navia
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15 de octubre de 2017  

En el barrio londinense de Saint James existía, a comienzos del siglo XIX, una tienda de vinos -Berry Bros & Rudd- a la que concurrían asiduamente los caballeros ingleses, no para proveerse de alcoholes, sino por sus balanzas. Con discreción, empleaban las básculas para conocer su peso antes de continuar camino hacia los clubs o sastrerías de la zona. Durante años, uno de esos caballeros fue el poeta Lord Byron, que desde sus tiempos en Cambridge se esforzaba por combatir la tendencia a subir de peso. Según los registros asentados en Berry Bros & Rudd, entre 1806 y 1811 logró perder 32 kilos, lo que no pasó inadvertido en la sociedad londinense de la época que durante mucho tiempo se obsesionó con su célebre dieta basada en vinagre de cidra.

Desde la Antigüedad hay constancia de la amarga y errática lucha del hombre con los kilos de más. En el siglo V a.c., Hipócrates, el padre de la medicina, aconsejaba a los demasiado robustos realizar ejercicios o trabajos que requiriesen el uso de la fuerza, así como consumir platos ricos en grasas para saciarse más rápido, comer una sola vez al día o no beber antes de la comida. Pero fue en el siglo XX cuando la moda y el culto a la imagen exacerbaron la obsesión por las dietas hasta puntos literalmente enfermizos. Desde que Horace Fletcher a comienzos de siglo propusiera masticar cada alimento no menos de cien veces, cada generación lo ha probado todo para mantener la figura. Se dice que la cantante de ópera Maria Callas llegó a recurrir a la dieta de la lombriz solitaria, ingiriendo una pastilla que supuestamente contenía parásitos, para bajar de peso. algo que efectivamente logró. Otros han seguido regímenes basados en la posición de la luna, en brebajes promocionados como mágicos y en excéntricas conductas atribuidas a famosos.

Pero las promesas incumplidas por las dietas más los peligros asociados a los trastornos alimenticios vinculados con la autopercepción del cuerpo, sobre los que las sociedades de Occidente han ido tomando más conciencia en las últimas décadas, han llevado a que las dietas fueran desapareciendo de las portadas de las revistas de moda y de las listas de los libros más vendidos. Las dietas se fueron convirtiendo en mala palabra, y la búsqueda del bienestar asociado al cuerpo adquirió otras formas mucho más saludables.

De esto nos habla hoy desde Estados Unidos nuestra colaboradora Juana Libedinsky, que describe cómo, si bien la obsesión por el físico no ha desaparecido, hoy se promueven otros métodos para alcanzar el bienestar. Legítimamente, muchos se preguntan si esto se debe meramente a la corrección política, o a un profundo y verdadero cambio de paradigma. Lo cierto que es, afortunadamente, la idea de estar sano hoy le gana a la de "estar en forma". Y que a esa búsqueda, para empezarla, ya no es necesaria esperar al lunes.

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