Outlander: Claire y Jamie tuvieron su esperado y fogoso reencuentro

Claire y Jamie tuvieron su esperado reencuentro
Claire y Jamie tuvieron su esperado reencuentro Fuente: Archivo
Llegó el momento tan esperado en el sexto episodio de esta tercera temporada
Laura Marajofsky
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24 de octubre de 2017  • 00:48

Finalmente llegó el momento que todos los fans de la serie estaban esperando, y que se venía palpitando desde hace al menos dos semanas: el encuentro entre la Sra. y el Sr. Malcom -nada de usar Randall o Fraser ahora, como le corregirá Jamie más adelante. En el nuevo episodio de esta semana de Outlander vimos recompensada nuestra espera con un extra de 74 minutos que hizo del capítulo “Malcom A.” una verdadera montaña rusa de emociones. Veamos algo de lo todo lo que pasó... (¡Atención: hay los spoilers!).

Si el cierre del anterior capítulo había sido un poco abrupto, por no decir, ridículo (inclusive generando algunos memes en la web), el hilo argumental retoma justo donde nos quedamos: con Jamie desmayado por la emoción y Claire mirando sin saber bien qué hacer.

Acto seguido vemos cómo se desarrolló la previa al encuentro pero desde la perspectiva del caballero en vez de la dama. Así nos enteramos que Jamie de alguna manera convive con una mujer que le arregla el cuello esa mañana antes de salir de lo que parece su actual hogar, que llega a la imprenta para encontrar a sus empleados ebrios, y que antes de ponerse a trabajar (con lentes claro, porque el paso del tiempo no es gratuito), les entrega a sus hombres panfletos políticos para repartir que saca de una caja fuerte. Les advierte que tengan cuidado y que la próxima vez entren por la puerta trasera. Luego de eso llega Geordie, otros de sus empleados, quien al parecer no es muy querido por nadie, a quien envía a hacer un recado. En eso suena la campanilla y todos ya sabemos que del otro lado está Claire y lo que sobreviene.

Las situaciones entre incómodas y adorables continúan, ya que cuando Jamie vuelve en sí, ayudado por Claire quien se acerca a auxiliarlo, piensa que se orinó encima. No es lo más romántico del mundo, pero tenemos que admitir que sí lo más realista (¿cómo reaccionarías si alguien que creyeras desaparecido para siempre regresara de un día para le otro?). Ojo, tampoco se trata de que el galán se haya orinado, sino que se volcó un tarro de tinta encima, y para cambiarse le pide a Claire que se de vuelta. Lo cierto es que para dos personas que están casadas pero que hace veinte años que no se ven, mucho menos tienen intimidad, el pedido no suena tan descabellado. Entonces Jamie agarra de las manos a Claire, quizás por miedo a que sea un fantasma, comprueba que ella todavía lleva su anillo y le pide el primer beso; para ser luego interrumpidos por un puritano Geordie -intuímos que este personaje será uno de los comics reliefs de la temporada-, que escandalizado porque su jefe anda besando a mujeres sin pantalones en la oficina (“Por dios santo, no es ni siquiera mediodía”, se lo escucha decir indignado), le declara que renuncia.

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Luego de que Jamie se cambia y le muestra donde pasa algunas noches (un camastro cerca de la prensa), se intercambian recuerdos y fotos. Claire le muestra fotografías de Brianna, y le cuenta un poco cómo es su hija, no sin antes recordar brevemente a Faith (la niña que Claire perdió en la anterior temporada) y escandalizarse por la bikini de su hija lleva puesta en una de las fotos. Hablando de hijos, Jamie le cuenta que él también tiene un hijo, pero le aclara que ya no está con su madre porque murió. Claire por su parte le relata su arreglo con Frank, quien sabía todo, y de cómo pese a ello fue un buen padre. Jamie recuerda que tiene una cita en una taberna cercana, y le pide a ella que vaya con él. En el camino la ahora Sra. Malcom lo pone al corriente de los eventos históricos que sucedieron a la batalla de Culloden y la suerte de los jacobitas sobrevivientes.

El primer momento emotivo llega de la mano de un encuentro inesperado: para los que se habían olvidado del adorable Fergus, ahora ya está hecho todo un hombre, y al ver a Claire ambos se abrazan. Luego llegan a una taberna, donde Jamie debe encontrarse con un tal Mr. Willoughby, que en verdad es un exiliado chino rescatado por éste y viviendo ahora en Edimburgo. Otro personaje cómico-dramático se asoma. Al verlo, borracho y persiguiendo a chicas (por el libro sabemos que es un borracho empedernido con un fetiche por los pies de las mujeres), Claire se empieza a preguntar por la actual ocupación de su marido. Todavía no sabemos bien la naturaleza de su arreglo, pero esto es algo que se desentrañará en episodios por venir. Acostumbrada a tratar con los “outsiders” y los más desprotegidos, y precisamente porque ella ha sido continuamente una exiliada en todo tiempo y lugar, Claire y Willoughby mantienen una conversación amena y parecen caerse bien.

Hacia el final de la jornada finalmente arriban a donde se supone que Jamie vive, y que es nada más y nada menos que un burdel. Allí nos encontramos con toda una camada de nuevos personajes, la madama del lugar (quien le arreglara el moño a Jamie esa misma mañana), y que parece menos que complacida de conocer a la esposa de Mr. Fraser, y varias prostitutas del lugar con las que nuestra heroína se quedará socializando. Pero primero, tienen que pasar la noche. Y Jamie tiene que explicar a su mujer por qué vive en un burdel... A esto el protagonista sólo tiene para decir en su defensa que son cuestiones de practicidad e intimidad, en especial dada su nueva profesión: dueño de una imprenta de día, contrabandista de noche.

¿Pero acaso Claire volvió sólo para traerle noticias de su hija y nada más? ¿Va a quedarse y ser su esposa o va a volver a irse? Las motivaciones no están claras, mucha agua ha corrido bajo el puente, y ambos quieren saber qué ha sido de la vida del otro, pero sobre todo, si todavía se quieren y se desean. Besos van, besos vienen, juramentos renovados, son interrumpidos por la madama de nuevo -a quien ya estamos odiando desde luego-, que les deja comida para una cena. Luego de cenar Jamie le pide a Claire que vaya a la cama con él y las escenas hot pero cuidadas a las que la serie nos tenía acostumbrados volvieron. Sí, es todo lo que prometió el trailer y más. En particular, vuelven con algunos gags (Jamie le da un cabezazo a su amante, etc), que muestran lo fuera de forma que ambos están, y que hacen que la escena no sea totalmente cursi e insufrible para el televidente.

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Algo de debate en la web se ha producido respecto de lo poco creíble que resulta que un hombre viviendo en el siglo XVIII cuando todavía no existían los avances de la medicina o la estética con los que contamos ahora, y habiendo pasado por la cárcel, siga luciendo fibroso y saludable aunque con un poco de miopía. O para el caso, que el personaje de Balfe sólo tenga unas pocas canas. En la serie se ha justificado el estado de Jamie con su nuevo trabajo como contrabandista de alcohol. Es claro que los guionistas nos están pidiendo que hagamos un gran salto imaginativo.

Al día siguiente, luego de varias horas de sexo y confesiones entre las sábanas, Jamie tiene que irse corriendo a hacer un recado y deja sola a Claire, quien baja a desayunar con las prostitutas del lugar. En una charla informal en la que éstas la toman por una trabajadora más, le revelan consejos que van desde cómo darle placer a los hombres a tratar ciertas enfermedades. Pero el episodio reencuentro no podía terminar bien, y como para ponerle un poquito de emoción y drama en la vieja tradición de Outlander -después de todo es la serie que devolvió el melodrama en formato inteligente a la pantalla chica-, Claire sube a su cuarto para encontrar a un matón revolviendo, en busca de algo en posesión de su marido. Ante la amenaza de ésta, se le tira encima. Tendremos que esperar un breve receso de la serie para volver a ver capítulos estreno. Mientras tanto y para matizar la espera, siempre podemos volver a hacer replay del reencuentro.

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