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Anatomía del destino: un cubo mágico sobre las diversas vueltas de la providencia

Leni González
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19 de octubre de 2017  

Anatomía del destino / Dramaturgia y dirección: Gabriel Fernández Chapo / Elenco: Clara Díaz y Federico Justo / Músico: Federico Justo / Escenografía y dirección de arte: Emilia Pérez Quinteros / Diseño de luces: Carolina Rolandi / Diseño de vestuario: Daniela Chihuailaf / Producción ejecutiva: Malón Teatro / Sala: El Ópalo, Junín 380 / Funciones: viernes, a las 21 / Duración: 70 minutos / Nuestra opinión: muy buena

Federico Justo y Clara Díaz, dos excelentes intérpretes para esta propuesta
Federico Justo y Clara Díaz, dos excelentes intérpretes para esta propuesta

¿Cómo se arma una vida? ¿Depende del azar o de las decisiones tomadas ante cada encrucijada? ¿Cuántos destinos posibles compiten al doblar la esquina? Clara estudió Psicología, pero trabaja en la oficina de personal de una multinacional que la manda, a su pesar, desde España a una filial en la Argentina con la misión de despedir empleados. Podía negarse e ir al paro, o aceptar el mandato con resignación. Al llegar a Ezeiza, los remises esperan a los pasajeros. Ella podrá tomar uno a su nombre, enviado por la empresa, u optar por otro, cambiar su identidad y dejarse llevar por un camino muy distinto al previsto.

"¿Qué hacer?", pregunta Clara, de cara al público involucrado desde la primera escena en los dilemas del personaje, dudas con las que podría identificarse cualquier espectador. Pero la narración en segunda persona es sólo una parte. A la manera de libros como Elige tu propia aventura, se trata de introducir al espectador en la situación dramática. Entonces veremos a Clara Díaz, la actriz española que interpreta al personaje Clara, pasar de un momento a otro, de una vida a otra, junto con el actor y músico Federico Justo que se pone en la piel de todos los otros personajes que rodean los destinos de la psicóloga: la construcción ficcional es tan transparente para el público como las cavilaciones de la protagonista.

Los dos actores están "encerrados" en una escenografía que los autoabastece, un dispositivo tipo jaula donde tienen las luces, el sonido, la música -la guitarra que toca Justo-, la pantalla de video, el vestuario necesario para los múltiples cambios, en fin, una máquina de artificio para generar las distintas líneas del relato. Sin embargo, aun en ese mundo caótico donde no se sabe bien por qué suceden los hechos, el desempleo, la alienación y la injusticia no son casualidades, sino que atraviesan la historia de los personajes.

Anatomía del destino es un andamiaje con muchas capas y requiere una mirada atenta, como Clara pide desde el inicio. Y la consigue porque la obra escrita y dirigida por Gabriel Fernández Chapo es un cubo mágico perfectamente encastrado donde cada elemento -texto, imágenes, canciones, flashbacks- está conectado e integrado en ese mundo cerrado, sin dejar cabos sueltos. Y cuenta con dos actores impecables: Díaz, ya hace una década en el país, fue la protagonista de La mujer del anatomista (obra anterior de Chapo) e integró el elenco de Granos de uva en el paladar (de Susana Hornos y Zaida Rico), y Justo demuestra versatilidad y carisma para encontrarle el lado humorístico a sus personajes; ambos revelan gran complicidad para apropiarse de sus roles en un espacio acotado que multiplican como los destinos, infinitos si todos pudieran ser vividos.

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