Del presente irreal y el amor para la foto

Crédito: LatinStock
Carina Durn
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23 de octubre de 2017  • 09:55

"¿Tenés alguna foto de él para mostrarme?" Desde que estoy de novia, no hubo ni una sola vez en la cual mis amigas - las que no conocían a Diego - no me lo hayan preguntado.

"¿Nada más?", manifestaban disconformes, al ver su foto vieja de perfil del whatsapp. "¿Pero ni una que se hayan sacado juntos? ¿Facebook?". "Es que no lo tengo en Facebook. No se me ocurrió agregarlo y se ve que a él tampoco. Ni lo comentamos", era mi respuesta.

Los meses pasaron y, con aquellas amistades que todavía no habían tenido la oportunidad de conocerlo, la pregunta resurgía, una y otra vez. "Sabés que no..." Y hasta yo me sorprendía ante mi respuesta, calcada de tiempo atrás. ¿Tantos meses saliendo y todavía no teníamos una foto juntos? ¿Cómo pudo haber pasado? Y todo siguió igual hasta hace poco. Estábamos sentados en un bar que a él le fascina -uno que está escondido en capital y que es muy atractivo- cuando de pronto me dijo: "¿Sabías que cada semana le cambian la decoración?" Miré a mi alrededor y pude observar cómo del cielo raso colgaban lámparas arañas, que parecían medusas flotando en un universo rodeado de lunares metalizados; estaba encantada.

"Esto se merece una foto", dijo él de pronto. Y, acto seguido, nos sacó dos con su celular. Ambas salieron oscuras. Ahí estaba, nuestra primera selfie, con nuestros rostros apenas divisibles. No importaba, nosotros sabíamos que estábamos ahí, y las luces de ese océano imaginario fantástico, se podían apreciar con claridad. La primera y última foto que nos sacamos juntos. Y así, sin intentarlo nuevamente, el tema pasó al olvido.

Para lo que sigue, les comparto esta canción imperdible. Banda completísima y, para mí, la mejor voz de la actualidad. Todos sus temas me hacen sentir a fondo. "El amor es nuestra resistencia".

"¿Todavía sin una imagen como la gente? Me parece genial.", me dijo una amiga hace poco, "Se nota que están demasiado entretenidos entre ustedes, como para acordarse de capturar esos instantes juntos. En esta sociedad no tenemos paciencia, nos aburrimos rápido y estamos pasando demasiado tiempo con las fotitos. Nos estamos perdiendo de vivir el presente, de saborear el momento."

Ante sus palabras, recordé aquella vez, hace como veinte años, cuando un primo inglés de una amiga vino de visita. Estaba viajando por el mundo sin cámara de fotos. "Quiero vivir el momento", se explicó ante nuestra sorpresa. "De esa manera, voy a capturar los instantes de forma directa y retener las imágenes para siempre. La foto, reemplaza y anula el verdadero recuerdo."

La realidad, es que a mí me encantan las fotos. Cada tanto, me detengo un instante a observar con ternura las de mis amigos y mi familia, y agradezco aquellas imágenes que capturan las risas y los hermosos momentos de aquellos a quienes tanto amo.

Y supongo que ya tendremos fotos con Diego, pero tal vez hoy estemos necesitando de otra cosa y, por esa razón, todavía no sea el momento. Y, la verdad, es que me alegro de que sea así. En nuestro presente, estamos en una instancia sensorial y de charlas interminables.

Definitivamente, creo que cada pareja tiene derecho a vivir su relación como lo deseé y como la haga más feliz. Sin embargo, me llama la atención observar como ciertas personas, muestran al comienzo de sus relaciones cientos de fotos y mensajes de amor abiertos a los ojos de todos. Después, me sorprendo al ver que esos comienzos que parecían perfectos y colmados de un amor increíble, se esfuman en un abrir y cerrar de ojos. Esos amores parecían tan fuertes y verdaderos... ¿Cómo pudieron sentir tanto y después tan poco? Tal vez, eran sólo amores para la foto.

Sin ir más lejos, yo lo hice. Desde el principio, con mi ex marido nos retratamos muchas veces. Hubo imágenes de los paseos, de los viajes y hasta de las rutinas. Allí todo se veía tan ideal, que no podía evitar compartirlas. ¿Por qué lo hacía si por dentro mi alma se caía a pedazos? Tal vez, estuviera queriendo convencer al mundo y a mí misma de una realidad que ni existía. Tal vez, fuera para subir mi autoestima y por vergüenza al fracaso. Sí, sin dudas la sonrisa, era para la foto; puertas para adentro, la historia era otra y en pocos años, el espejismo cayó al vacío.

Soy una creyente de que, con amigos, familia o pareja, es necesario dejar el celular de lado. A veces, se pueden observar grupos de personas que están juntas, pero ausentes; todos pendientes del chat, de las fotos constantes, de no esperar otro momento para retocarlas, y tener la necesidad de subirlas al instante para luego estar alertas y a la espera ansiosa de los "me gusta". Y, todo esto, mientras supuestamente comparten un momento con amigos. Momentos olvidables. Porque sé que las noches verdaderamente inolvidables, raramente tengan fotos. En esas ocasiones, estamos demasiado ocupados viviéndolas.

No digo que mi experiencia, sea la de todos. Sin embargo, creo que nunca está demás detenernos un instante a observar cómo estamos viviendo nuestro presente con nuestros seres queridos. Parar un poco para contemplarnos, percibirnos y cuestionarnos en nuestras inseguridades, en nuestra autoestima; frenar un poco y preguntarnos si estamos viviendo el hoy con todos nuestros sentidos. Un hoy en donde esté permitido aburrirse en compañía, donde sepamos disfrutar de los cómodos silencios; un hoy más táctil entre nosotros y en donde exista el mirarse a los ojos de manera profunda, darse la mano, acariciarse sin distracciones y besar como si se acabara el mundo.

Crédito: LatinStock

Tal vez, hoy sea tiempo de dejar de lado el artefacto intermediario para vivir de forma directa a través de nuestra retina.

Tal vez, sea tiempo de sentir más la piel, las voces, los aromas, las miradas y los sabores de la vida en su dimensión corpórea, real.

Sé que da miedo y es muy intenso eso de vivir con todos nuestros sentidos en el mismísimo presente, de manera íntegra y total. Se siente demasiado fuerte.

Pero tal vez, si dejamos de lado las evasivas tecnológicas, encontremos un mejor camino hacia de la verdadera entrega, el verdadero sentir y, por ende, el verdadero amor.

En este mundo donde pareciera cada vez más complejo desprenderse de la tecnología, ¿le pasa eso de querer mostrar a toda costa lo que están viviendo, o tratan de disfrutar más el instante, sin que importe tenerlo para la foto?

Beso,

Cari

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