Los cambios que entendió Cambiemos

Fernando Laborda
Fernando Laborda LA NACION
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24 de octubre de 2017  • 00:01

La victoria electoral de Cambiemos reconoce varias razones. Aunque es probable que las explicaciones económicas no pesen más que las vinculadas con los cambios culturales que se han producido en buena parte de la sociedad y que los dirigentes de la coalición gobernante han sabido detectar.

“El mundo cambió”, les viene diciendo Jaime Durán Barba a sus discípulos del Pro. “El votante no es de nadie. Las alianzas, en vez de sumar, pueden restar. Vivimos en el mundo de la fugacidad y la urgencia. Se rompió la política vertical. Ahora la política es horizontal. Antes el Presidente decía algo y los medios tradicionales lo tomaban. Ahora, todos somos receptores y emisores, y lo que vuelve a través de las redes sociales no tiene nada que ver con el mensaje original”, explica el consultor político ecuatoriano.

El macrismo entendió perfectamente que, en ese contexto, los discursos cargados de ideología no servían de mucho. Lo único que sirve, al menos para ganar elecciones, es escuchar a la gente y buscar soluciones prácticas a sus problemas. En palabras del analista de opinión pública Eduardo Fidanza, el Metrobus vence a la lucha de clases.

Para Durán Barba, ha sido evidente que Cristina Fernández de Kirchner también estudió sus textos u otros parecidos, y que en la campaña proselitista previa a las PASO del 13 de agosto buscó innovar y asumió algunos rasgos de la estética propia de Cambiemos. “Pero cuando mientes no tienes futuro. Y una forma de mentir es presentarte como no eres”, fue la conclusión del asesor de Mauricio Macri .

Superadas las PASO, la ex Presidenta, en su afán por captar votantes independientes, modificó su estrategia de hablar sólo en público y se abrió a entrevistas con el periodismo. Aquí apareció la verdadera Cristina, la que pretendía dictar cátedra a la prensa e incurría en contradicciones. Con la llegada del caso Maldonado , buscó llevar agua a su propio molino y, junto a algunos de sus allegados, intentó instalar la hipótesis de que había sido Macri el responsable de una desaparición forzada del joven artesano afín a los mapuches porque “su modelo económico no puede cerrar sin represión”. La irresponsable actitud de la ex presidenta le empezó a restar intención de voto en las encuestas, hasta que, inteligentemente, dejó de hablar de Maldonado.

Cuanto más hablaba Cristina Kirchner, más sentimientos de rechazo generaba entre votantes de terceras fuerzas que optaban por mudar su voto a Cambiemos para evitar una victoria kirchnerista. Puede hipotetizarse que los cuatro puntos que anteayer sufrió Sergio Massa con respecto a las PASO se explican por ese fenómeno: terminaron yendo a Esteban Bullrich y Gladys González . Y también puede conjeturarse que la polarización entre macrismo y cristinismo llevó a una nacionalización de la campaña en no pocas provincias, favoreciendo a Cambiemos y perjudicando a gobernadores peronistas incluso alejados del kirchnerismo.

El resto lo hizo la estrategia de Cambiemos machacando sobre la responsabilidad del peronismo en la penetración del narcotráfico en la provincia de Buenos Aires, las mafias sindicales y la administración fraudulenta de obras públicas de la era kirchnerista que, además de ser muy costosas, nunca se terminaban. Una campaña que difícilmente hubiera sido tan efectiva sin la ayuda de imágenes desgarradoras, como las de José López en el convento de General Rodríguez o las de Juan Pablo “Pata” Medina resistiendo su detención en La Plata.

Podría concluirse que el triunfo de Cambiemos sobre Cristina Kirchner obedeció a que el electorado bonaerense interpretó que había un mandato para ponerle un punto final a la carrera política de la ex jefa del Estado.

No es la economía lo que explica mayormente el triunfo del oficialismo. Cabe preguntarse, sin embargo, si el éxito electoral hubiese alcanzado los niveles que tuvo si, en los dos últimos meses, no hubiéramos asistido a la mejora económica que empezó a llegar al Gran Buenos Aires de la mano de la obra pública, a la recuperación del consumo, al impacto de los créditos Argenta sobre algunos de los sectores más necesitados de la población y al auge del crédito hipotecario.

La combinación de estos factores, culturales, políticos y económicos, explican que Cambiemos haya empezado a ganar donde nunca había ganado a nivel nacional y a crecer en lugares del Gran Buenos Aires que parecían patrimonio exclusivo del kirchnerismo.

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