Tras la debacle, el PJ debate cómo pararse frente al Gobierno en el Senado

Gustavo Ybarra
Gustavo Ybarra LA NACION
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25 de octubre de 2017  • 00:24

Como el Hamlet de Shakespeare, el peronismo se debate entre ser o no ser. Colaborar con el Gobierno o mostrar los dientes como una oposición cerrada se muestran como los caminos a seguir en un Senado en el que, a pesar del duro golpe que significó el resultado del domingo, las diferentes vertientes en que se divide el PJ conservan la fuerza suficiente para provocarle a Mauricio Macri más de un dolor de cabeza.

La vidriera electoral bonaerense dejó a Cristina Kirchner como la cara visible de la derrota y, por lo tanto, muy golpeada en su puja por mantenerse en el centro del escenario peronista. Sin embargo, la ola amarilla se convirtió en un tsunami que dejó por el piso a varios de los referentes del PJ que se anotaban en la fila de interesados por jubilar a la ex presidente. El salteño Juan Manuel Urtubey es el reverso de esa moneda.

Para agregar más confusión al panorama, los resultados del domingo les dieron una vida extra a dirigentes que parecían liquidados tras las primarias de agosto. En este caso, el paradigma es el puntano Adolfo Rodríguez Saá , quien ayer volvió a pisar el Senado fortalecido luego de haber revertido el duro sopapo que le significaron los 19 puntos de desventaja de las PASO .

En medio de esta incertidumbre, Macri convocó para la semana próxima a los gobernadores del PJ para discutir los lineamientos generales de la segunda mitad de su administración.

Aunque dependerá en gran parte del contenido de las reformas institucionales, políticas y económicas que impulsará el Gobierno, el llamado presidencial aparece a priori como un espaldarazo para Miguel Pichetto, el jefe del bloque de senadores del PJ-FPV y uno de los pocos dirigentes de peso, sino el único, que hizo público su deseo de dejar en el pasado la hegemonía kirchnerista y armar un PJ de perfil más racional y dialoguista.

Pichetto fue el primero en reclamarle a Macri la convocatoria a un gran acuerdo multipartidario que permitiera a tirios y troyanos sentarse a acordar políticas de Estado. El Presidente parece ahora responder a aquel llamado, aunque se tomó su tiempo.

Se entiende la demora: a principios de 2016, cuando el rionegrino lanzó su oferta, el Gobierno todavía se estaba acomodando y tenía una representación legislativa endeble. En el Senado, apenas 15 legisladores le respondían.

Las elecciones del domingo le dieron a Macri un espaldarazo importante que le permitirá pararse en otro lugar a negociar con los caciques peronistas. De todas maneras, no es para tirar manteca al techo. Las urnas lo dejaron con un tercio del Senado y lo acercaron al quórum propio en Diputados. Parece mucho, pero no alcanza para sancionar leyes clave para su gestión sin negociar con el peronismo.

Es en el Senado donde la necesidad del PJ de articular una personería jurídica unificada cobra mayor relevancia para la Casa Rosada. Es en la Cámara alta donde las tribus peronistas se muestran más dispersas y, se sabe, a río revuelto, ganancia del pescador.

Hay que tomar una definición cuanto antes, es una de las arengas que más se escuchan en los despachos peronistas del Senado.

Sin embargo, el panorama no parece sencillo. La derrota a nivel nacional del domingo dejó golpeados a varios de los caciques peronistas dispuestos a negociar con la Casa Rosada, lo que les quitaría peso a la hora de tomar definiciones pesadas, como la exclusión de Cristina Kirchner del PJ.

Por su parte, la ex presidenta mantiene su decisión, que les anticipó a varios allegados y simpatizantes antes de las elecciones, de apostar a las presidenciales de 2019 y que, más allá de su definición de que “Unidad Ciudadana llegó para quedarse” en la noche de la derrota electoral, pretende dar la pelea en el PJ. En esa línea, sus seguidores insistían ayer en asegurar que no será el kirchnerismo quién fracture el bloque en el Senado. La declaración tiene su lógica: abandonar la bancada les haría perder lugares en comisiones clave o en puestos estratégicos, como el Consejo de la Magistratura.

El problema es que, tras ocho años de ejercicio con mano dura del poder, Cristina Kirchner se ha ganado el rencor de buena parte de la dirigencia peronista. Gobernadores como Carlos Verna (La Pampa), Juan Schiaretti (Córdoba) y Mario das Neves (Chubut) ya mostraron su disposición a sumar, de manera oficial, sus senadores a la bancada que preside Pichetto, pero pusieron como condición cerrarle la puerta al ingreso de la ex presidenta. Este clima se perfila como uno de los principales obstáculos a una eventual reunificación del peronismo en el Senado.

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