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Juan José Campanella: "Me hubiera gustado hacer periodismo de investigación"

El director de cine fue el primer invitado de Hablemos de otra cosa, el programa que la señal LN+ empezó a emitir los martes, a las 23
Pablo Sirvén
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27 de octubre de 2017  

Pablo Sirvén con Campanella, quien de joven soñaba con ser periodista o dedicarse a la música
Pablo Sirvén con Campanella, quien de joven soñaba con ser periodista o dedicarse a la música Fuente: LA NACION

El domingo que pasó Juan José Campanella fue fiscal en la mesa 1715, en La Matanza, donde ganó Cristina Kirchner. Vio pasar a 285 votantes, el 81,42 por ciento de quienes debían sufragar allí. El sufragante N° 92 fue Toty Flores, el candidato a diputado por Cambiemos, impulsor de la cooperativa La Juanita, en Gregorio de Laferrère, donde el director de El mismo amor, la misma lluvia, El hijo de la novia y Luna de Avellaneda es padrino de la escuela y empuja un proyecto digital para capacitar en nuevas tecnologías a los habitantes más jóvenes de esa zona.

El ganador del Oscar con El secreto de sus ojos fue el primer invitado de Hablemos de otra cosa, el programa que la señal LN+ empezó a emitir los martes, a las 23. Y habló, además de su actividad, de esas "otras cosas": la política, su vocación frustrada de ser periodista de investigación, las clases de Grecia y Roma antigua que escucha en su auto y anécdotas jugosas como cuando siendo asistente de producción, casi al principio de su carrera, una jovencísima y monumental Moria Casán, tras una escena, se le acercó vestida de Eva.

El ciclo tiene dos particularidades distintivas: el "hablemos de otra cosa" alude a tratar de conocer al ser humano que se esconde detrás del personaje del espectáculo, la política, el periodismo o el deporte. Quién es en verdad, qué siente, cuáles son sus ilusiones y frustraciones esenciales, su vida privada. Si por casualidad o por inducción, ya que hay varios estímulos durante el programa (saludos de amigos, videos, fragmentos de películas, fotos y otras sorpresas), la charla deriva hacia la vida pública del personaje invitado, hay una cordial penalidad: una "pregunta incómoda" sobre la misma.

En el caso de Campanella, hubo un casi constante ir y venir de su vida privada a la pública, así que se sucedieron varias preguntas incómodas. Como por qué su inclinación política pasó de una alianza de centro izquierda (Unen) a otra de centro derecha, su relación dual con la crítica cinematográfica y también habló de sus próximos proyectos en cine y teatro.

-De no haber sido lo que sos, ¿qué podrías haber sido?

-Me hubiera gustado hacer periodismo de investigación y de policiales. También estuve por estudiar musicología, quería dirigir una orquesta. Toda la vida estudié un instrumento musical y ahora hace años que estoy con el violín.

-¿Qué había en la cabeza de ese pequeño Campanellita?

-Seguramente, el llegar a casa para ver el show de Los tres chiflados. Nací en el 59 y tuve una infancia muy feliz, con muy buenos padres, con unos hermanos con los que me llevo bárbaro, con grandes amigos y en un barrio y en una época en que mami me decía volvé antes de que oscurezca. A los nueve años uno se iba a potrerear y no había ningún peligro.

-Vos hiciste una película muy exitosa y que fue nominada al Oscar, El hijo de la novia (en la que Norma Aleandro protagoniza a una persona con Alzheimer). ¿Cuánto tiene ese personaje de tu mamá?

-Mucho, prácticamente todo. En el momento en que estábamos filmando, ella tenía Alzheimer y falleció de eso nueve años después. Todas las frases que dice el personaje de Norma fueron de mi mamá. El Alzheimer es una enfermedad que degenera muy lentamente y que somete a la familia a mucho estrés. Cuando empieza el proceso, es de negación, decís: no, siempre fue distraída. Y Norma hizo una cosa impresionante en la película, lo hizo increíblemente bien, porque para interpretarlo el actor tiene que desaprender, no hay una línea dramática de memoria emotiva, necesitás mucha técnica. En el Alzheimer se te cruzan los cables y empezás a llorar de repente. Yo aprendí que hay muchos momentos graciosos en el proceso de la enfermedad y Norma los incluye en el personaje. Mi mamá era muy graciosa, irónica, sarcástica, muy rápida para el retruque. A medida que iba perdiendo características de su personalidad, en ella iba quedando el sentido del humor, era increíble.

Campanella
Campanella

-Te voy a hacer una pregunta incorrecta, ¿se puede, entre comillas, disfrutar un poco esas situaciones en que vuelve la madre a ser como una niña?

-Lo disfrutás como disfrutás un vaso de agua en el desierto, dentro de lo que es la cosa, ves un rasgo que todavía está. Una de las preguntas que uno más se hace es: ¿está la persona, está ahí todavía? Yo creo que está ahí hasta el final.

-¿Cuándo detona el cine en vos?

El cine en mí como elección consciente de laburo surge desde chico, en el 78-79, tenía 18 o 19 años.

-En Te rompo el rating , en el 81, una película de Hugo Sofovich realizada en plena dictadura, ¿vos ahí qué eras exactamente?

-Yo era meritorio de dirección. Cuando me dejaron tener la pizarra, le pedí al fotógrafo de filmación que me sacara una foto con Olmedo y Porcel. También está Moria en la película, que era remacanuda, una excelente persona con el equipo.

-¿Te veían o eras transparente?

-Para muchos era transparente, pero para ella no. Para Sofovich tampoco, me trataba con un respeto tremendo, como trataba a todos. La película era apta para todo público y ella hacía alguna escena con algún desnudo para Corea y público de otros mercados. El guión era que Moria y otra chica se cambiaban la ropa. Entonces ella se saca la remera... yo ahí tenía 20 años y hago ¡plop!, como que me caigo para atrás, y se ve que se dio cuenta y después del corte se me acercó totalmente en su naturaleza y me las puso acá. Y me dice: "Y, Juanjo, ¿qué te parece? ¿Doy Canela? ¿Doy ama de casa tipo clase media?" No me olvido más.

-En estos años de grieta, en que tomaste partido y en algún momento te pusiste militante, ¿no te perdiste una parte del público?

-No me gusta la palabra militante y no me la aplico a mí porque no sigo órdenes, ni es una adhesión ciega ni justifico cosas con las que no esté de acuerdo. Seguramente el público pase factura. Hice Metegol y Entre Caníbales en ese momento y hubo mucho ataque por la grieta, y estoy seguro de que todos los que expusimos nuestro parecer, ya sea por nombrar Echarri o a mí, claro que hemos perdido público.

-¿Cómo es el proyecto con Toty Flores en La Juanita?

-Con Mundo Loco, mi productora de animación, empezamos a hacer una escuela de técnicas digitales, de animación y programación para chicos incluso que hayan dejado la Secundaria. Tenemos que dejar de discutir la grieta, los 70, y empezar a hablar de lo que se nos viene, que es la robótica. Debemos retransformar la matriz de educación y de los oficios en la Argentina, sino vamos a estar en serios problemas.

-El premio Oscar seguramente te abrió muchas puertas a la industria en Estados Unidos, ¿por qué tomás la decisión de vivir acá?

-Porque me reconozco como argentino, quiero trabajar acá. Después de un premio así vienen muchas ofertas y aún hoy, pero rechazo muchas.

-¿Cómo te va cayendo el paso del tiempo?

-Pésimo, no me gusta envejecer. Esto de envejecer con sabiduría no me gusta, pero hay que hacerse amigo de la idea, de eso se trata la nueva película.

-Proyectos para el futuro...

-Una obra de teatro que estrenamos en enero, en el Multiteatro, con Miguel Ángel Campi, Karina K, Vicky Almeida, muy graciosa. Estoy con la remake de Los muchachos de antes no usaban arsénico; con la nueva película; con Mundo Loco y con Power Rockers, en Discovery Kids, Es la primera serie diseñada desde Argentina que va a todo el mundo. Y con el deseo a punto de concretar de reconstruir un teatro en la avenida Corrientes, el Politeama.

Con la colaboración de Cecilia Martínez.

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