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A João Bosco le llegó la hora de dejar de ser el brasileño invisible

Ricardo Salton
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30 de octubre de 2017  

João Bosco

Intérprete: João Bosco (voz y guitarra)/ teatro: Sala Sinfónica del CCK/ función: anteayer

Bosco cautivó a una audiencia que, en su amplia mayoría, no conocía su obra
Bosco cautivó a una audiencia que, en su amplia mayoría, no conocía su obra Fuente: LA NACION

Nació en el estado de Minas Gerais hace 71 años, pero traza una línea imaginaria que lo une a muchos artistas de edades cercanas que salieron desde distintos lugares de Brasil. A ellos les tocó protagonizar nuevos cambios, después del samba que hace a la raíz musical del Atlántico y de la bossa nova que se hizo popular en el mundo. Con sus personalidades, con sus talentos diferentes, Chico Buarque, Caetano Veloso, Gilberto Gil, Milton Nascimento, Ney Matogrosso y este João Bosco que acaba de pasar por Buenos Aires fueron apenas algunos de los más grandes cantautores que le pusieron composiciones y voz al Brasil musical que aún conserva plena vigencia.

De todos los nombrados, sin dudas Bosco es el menos conocido por aquí. Compuso con Chico y cantó con él. Se codeó con Jobim, Vinicius, Caymmi y otros próceres. Construyó un extenso repertorio escrito, en buena parte, con Aldir Blanc. Elis Regina le estrenó montones de piezas. Grabó muchos discos. Pero el público porteño, que es muy seguidor de la música de nuestros vecinos, sabe relativamente poco de él.

En ese sentido, este concierto que entregó frente a una Sala Sinfónica repleta no podía haber sido más auspicioso. Porque llegó en medio de un proceso de retrospectiva después de varias décadas de carrera que lo lleva a revisitar muchas de sus canciones más importantes, pero a la vez a homenajear a algunos de los nombres que fueron fundamentales en su vida. Y para la ocasión eligió actuar solamente con su guitarra, "a la antigua", como en los comienzos, sin más elementos que la destreza enorme de sus dedos sobre un instrumento acústico con amplificación fuera de línea.

Subió puntualmente al escenario a la hora prevista, se acomodó sobre un taburete, puso sus pies sobre una tarima, agradeció al público por la presencia y a las autoridades del centro cultural por haberlo invitado, y arrancó sin más. Desde ese momento, y por casi dos horas, fue desplegando canción tras canción sin anunciarlas, sin volver a dirigirse a la platea hasta la despedida final. Pasaron varias de sus creaciones más divulgadas: "De Frente pro Crime" con la que dio el puntapié inicial, "Incompatibilidade de Gênios", "Agnus Sei", "O Mestre Sala dos Mares", "Sinhá" (que hiciera con Chico Buarque), "Quando o Amor Acontece", "Corsário", "O Bêbado e a Equilibrista" y el cierre con su clásico "Papel Machê", a las que sumó, por supuesto, unas cuantas otras. Recordó a Tom Jobim con "Aguas de Março" y "Fotografía", y a Dorival Caymmi con "Vatapá". Dialogó con la guitarra, como si se tratara de un dúo; una habilidad que no todos los cantautores tienen. Se apoyó, como lo hizo a lo largo de toda su historia, en el samba y la bossa nova, pero fue también tropicalista, artista pop y baladista sin recurrir a los sonidos electrónicos, o crudamente folklórico y tradicionalista. Usó reiteradamente el recurso del silbido, como la única concesión al cambio de timbre. Prefirió siempre la media voz; que por momentos se hizo casi un arrullo. Y se fue sonriendo, con la misma austeridad con que se mostró durante todo el concierto, ante un público que mayormente lo desconocía y que festejó el haberse encontrado con un artista que está entre el puñado de los más significativos de Brasil.

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