Una rendición acordada, ante la soledad política

Paz Rodríguez Niell
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30 de octubre de 2017  • 13:47

Hasta hoy, Alejandra Gils Carbó había hecho de la resistencia su bandera. Rígida y terminante, decía que no iba a irse y que en su pelea iba a llegar a las instancias internacionales que fueran necesarias.

Los argumentos con los que renunció ayer son los mismos por los que antes se negaba a hacerlo. "No puedo dejar que destruyan la autonomía del Ministerio Público", decía. Algo muy parecido escribió en su carta de renuncia. La publicó en la página web www.fiscales.gob.ar al mismo tiempo que un mensajero salía con el texto impreso rumbo al Ministerio de Justicia.

Dicen en su entorno que terminó de decidir que se iba el fin de semana, convencida de que el "hostigamiento" sería cada vez peor.

Los diálogos que la llevaron a la salida se sucedieron durante la semana pasada, después de las elecciones. El ministro de Justicia, Germán Garavano , a quien hace tiempo le recriminaban el fracaso de su misión de sacarla, abrió un nuevo canal con el abogado de ella, Carlos Arslanian, según confirmaron fuentes de ambos lados.

Garavano y Arslanian se conocen desde hace años. No bien asumió, Garavano invitó a Arslanian -en su condición de ex ministro- a una reunión en el ministerio. Arslanian fue, junto con Gustavo Beliz y Ricardo Gil Lavedra. Desde entonces, tienen un diálogo cordial. La semana pasada, Arslanian habló con Gils Carbó y ella se convenció de que era una gesta muy difícil -y muy larga- la que iba a enfrentar si elegía el camino de resistir hasta el final. Y que probablemente terminaría echada de todos modos.

Pero no quería irse ya. Antes quiere encabezar la reunión de procuradores latinoamericanos que se hace en Buenos Aires y visitar, en funciones, al Papa otra vez (viaja la semana próxima).

Cuentan en su entorno que ayer la procuradora no llamó a nadie para despedirse, ni del Gobierno ni de la Corte. No es extraño. Con el fin del kirchnerismo, se había quedado sola. Se lleva mal con la Corte -fue famoso el desaire que le hizo cuando faltó al acto de los 150 años del máximo tribunal-, Mauricio Macri le pedía la renuncia desde que llegó a la Casa Rosada y es resistida por Comodoro Py. A pesar de que designó gente de su confianza, el grupo más poderoso en ese edificio compartía el objetivo del Gobierno: conseguir que se fuera. La relación con los fiscales de Comodoro Py fue tensa desde el principio y la muerte de Alberto Nisman profundizó la grieta. Gils Carbó tuvo varias causas abiertas en su contra, pero hace menos de un mes que está procesada por fraude, por la compra del inmueble de la calle Perón adonde mudó la Procuración.

Gils Carbó no venía del mundo del derecho penal, como la mayoría de los fiscales. Antes de ser procuradora, era fiscal de la Cámara Comercial. Llegó a la Procuración como el plan B de la designación fallida de Daniel Reposo, que no pasó el filtro del Senado, después de la súbita partida de Esteban Righi.

Como procuradora, tuvo una relación muy estrecha con el mundo kirchnerista. Se forjó a partir de un enemigo común: Clarín.

Como fiscal comercial, Gils Carbó se había opuesto a la fusión de Multicanal con Cablevisión, que Néstor Kirchner -por entonces de buena relación con el Grupo Clarín- había aprobado. Entre sus enemigos, Gils Carbó contó también al poderoso ex espía Antonio Stiuso. Están enfrentados desde los tiempos en que él todavía era un gestor de buenos resultados para el kirchnerismo.

Después, la agrupación que Gils Carbó fundó, Justicia Legítima, funcionó como un espacio de impulso y apoyo a los planes de reforma de la Justicia de Cristina Kirchner.

En el macrismo la acusaron siempre de ser una fiscal militante. De responder al kirchnerismo, de obstaculizar las investigaciones por corrupción contra ese gobierno y de empujar causas contra funcionarios oficialistas.

A medida que Macri iba consolidando su poder, la posición de Gils Carbó se volvía más débil. El procesamiento en su contra y el fallo del fuero en lo contencioso que habilitaba a que la removieran sin juicio político determinaron su salida. Casi tanto como el resultado de las elecciones.

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