Poderío visual sin ambición estelar

Hernán Ferreirós
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1 de noviembre de 2017  

Star Trek: Discovery

Creada por: Bryan Fuller, Alex Kurtzman y Akiva Goldsman/ con: Sonequa Martin Green, Jason Isaacs, Anthony Rapp, Doug Jones/ Disponible en Netflix (capítulos estreno todos los lunes)/ Nuestra opinión: buena

La Star Trek original, estrenada en la televisión norteamericana en 1966, era una utopía científica que reflejaba oblicuamente el presente complejo de sus espectadores (en este reflejo, los belicistas y conflictivos klingon representaban a los soviéticos), pero, a la vez, imaginaba el futuro como una era de paz y racionalidad. Sin dinero, ni escasez ni clases sociales, la Federación es una sociedad hedonista abocada a la expansión, el descubrimiento y la incorporación no violenta de nuevas culturas. A pesar de su optimismo integrador en un mundo fracturado, la serie no fue un éxito en su emisión original, pero las sucesivas repeticiones la convirtieron primero en un programa de culto y, luego, en un imperio con una media docena de títulos en TV y otros tantos en cine.

La nueva iteración de la franquicia es Star Trek: Discovery, el nombre de la nave en la que viajan los protagonistas (la única que tiene la capacidad de atravesar el espacio con la ayuda de unos extraños hongos, pero esto es mucho menos psicodélico de lo que suena).

La acción transcurre aproximadamente una década antes de la serie original y, contrariamente a las expectativas, no se dirige -explícita misión de su predecesora- "hacia donde nadie había llegado antes", sino a un lugar conocido: la guerra con los klingon. Lejos de ser una novedad, tampoco es exactamente lo mismo: los klingon recibieron (como todo lo demás: escenografía, maquillaje, efectos especiales) un considerable upgrade, algo esperable considerando que pasaron más de diez años desde que vimos el último título de Star Trek en pantalla. Visualmente, Discovery no es muy distinta de un film y puede ser favorablemente comparada a la actualización que recibió Battlestar Galactica hace unos años. Justamente por esta disponibilidad de recursos es decepcionante que un relato, en cuyo ADN debería estar inscripta la sensación de perplejidad ante lo nuevo, nos regrese a lugares conocidos, aunque "recargados".

Su intento de no naturalizar el privilegio del hombre blanco -está protagonizada inicialmente por dos mujeres empoderadas, interpretadas por Sonequa Martin Green y Michelle Yeoh-, y poner su énfasis en políticas progresistas raciales y de género acaso pretenda desarticular la equivocada impresión de que los asesinos monstruosos del programa -los klingon- pueden ser muy fácilmente vistos como negros, reproduciendo el más rancio de los clichés racistas. Los productores se apresuraron a aclarar que el segregacionismo y el fanatismo de esa civilización están inspirados en los seguidores de Trump.

La serie abandona muchas de estas coordenadas en el capítulo tres y empieza de nuevo con un nuevo protagonista: Jason Isaacs como el controvertido Gabriel Lorca, que se suma a Kirk, Picard y otros grandes capitanes de la Federación. Este cambio se debe a la partida del showrunner Bryan Fuller (Hannibal, American Gods), el artista visual más barroco de la pantalla chica. La serie quedó en manos de los mucho más pedestres Alex Kurtzman ( La momia) y Akiva Goldsman ( Batman y Robin). Si antes la serie no parecía dirigirse audazmente a lo desconocido, ahora su viaje hacia lo de siempre alcanzó velocidad warp.

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