Un camino de conocimiento y empoderamiento

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Deborah Maniowicz
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3 de noviembre de 2017  • 00:33

31 de marzo de 2015. A las 01.30 am, ya dormida después de ir a cenar con amigos, una contracción me sacudió de la cama y me anunció que ese día iba a terminar en parto (finalmente fue una cesárea pero el anuncio fue de parto). Cuatro horas de contracciones hasta estabilizarse. Duración: un minuto. Frecuencia: cada cinco. Tres horas más hasta encontrarnos en el sanatorio con la partera. Un tacto. Cuatro centímetros de dilatación. Colocación de vía. Epidural. Rotura artificial de bolsa. Presencia de meconio (sumado a antecedente de retraso de crecimiento). Monitoreo constante. Nuevo tacto. Seis centímetros de dilatación. Pulsaciones del bebé en 60. No repuntan. Cesárea de urgencia. Dos minutos de contacto. Controles con el papá por media hora (todas las de rutina). Listo. Por fin juntas en la habitación.

Tuve una cesárea necesaria. No soy del grupo de mujeres que consideran que les robaron el parto. Tengo mucho cariño por quién fue mi obstetra y aún hoy lo sigo recomendando según qué busca la persona que me está pidiendo referencias.

Sin embargo, Julieta nació de una madre que no tenía información, que no conocía de derechos, intervenciones innecesarias (que si las tuve), importancia precoz del contacto con el recién nacido y una cascada de etcétera.

Cómo se va a desencadenar el nacimiento de Camilo es imposible de saber y les diría que es casi anecdótico. Hoy escuchaba a Jorge Drexler y justamente sonreí escuchando sobre “amar la trama más que el desenlace”. Pensaba en el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy parada. En mi crecimiento personal y cómo todas esas herramientas que adquirí hoy las pongo al servicio de otras mujeres.

Si Camilo nace por cesárea será una cesárea distinta, acompañada de un equipo amoroso que sé que va a hacer lo necesario y donde se va a cuidar el primer contacto mamá-bebé (siempre y cuando los dos estemos bien) como lo más sagrado.

Hoy se que mi cuerpo puede parir, que tiene ese conocimiento y esa capacidad. Que por mi pelvis puede pasar mi bebé y que el parto es un proceso involuntario, donde prima el cerebro primitivo, por lo que hay que dejar la razón de lado. Conozco los beneficios de esperar a que el cordón deje de latir, del libre movimiento durante el trabajo de parto, que los monitoreos pueden ser intermitentes, que los baños de inmersión disminuyen la adrenalina, que la epidural es una opción y no un mandato y que las mujeres necesitan intimidad para traer al mundo a sus bebés.

Michel Odent, en el libro El Bebé es un Mamífero (que fue un gran aliado durante estos nueve meses) dice: “La secreción de las hormonas necesarias para que el parto se desarrolle con normalidad sólo se puede producir si se reduce la actividad de este nuevo cerebro. Es por ello que, en determinada fase del parto que llamamos fisiológico, la mayoría de mujeres parece que desconecte del mundo y se vaya a otro planeta. Cambia de estado de conciencia, y este cambio es necesario para que se mantenga el equilibrio hormonal. Si en ese momento, preguntamos a la madre el número de su cartilla de la Segundad Social, podemos detener el progreso del parto: hemos estimulado su neocórtex”.

Por último quería contarles una anécdota que pasó la semana pasada cuando fui al consultorio del obstetra. Como él manda a hacer muy pocas ecografías y la última que me hice fue en semana 33 le pregunté durante la consulta qué peso calcula que va a tener el bebé al nacer. Su respuesta: “¿Para qué querés saber? Para nosotros es anecdótico si pesa 2,5, 3 o 4 kilos. Ningún peso es motivo para no intentar un parto”. Esas son las respuestas que empoderan, las respuestas que necesita una embarazada en semana 39.

¡A las que están próximas a su fecha de parto les deseo un hermoso encuentro y un excelente comiendo de lactancia!

Y a las embarazadas que busquen un camino de autoconocimiento de su cuerpo y sus posibilidades les recomiendo algunos libros: El bebé es un mamífero, de Michel Odent; La maternidad y su propia sombra, de Laura Gutman; El arte de amamantar a su hijo, de Beccar Varela; Nosotras parimos, de Veronica Marcote.

Un beso!!!

Debbie

Las espero en Instagram para compartir los últimos días con panza.

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