El sábado más agitado del Abierto de Hurlingham: una final con susto, sudor y lágrimas

Nicolás Pieres llora emocionado, mientras lo abraza su cuñado y coach, Mariano Aguerre. En la foto se ve, además, a su mujer, Ángeles Pedreira, y a su hermana Cecilia, que fue la encargada de comunicarle a Facundo que finalmente habían ganado.
Nicolás Pieres llora emocionado, mientras lo abraza su cuñado y coach, Mariano Aguerre. En la foto se ve, además, a su mujer, Ángeles Pedreira, y a su hermana Cecilia, que fue la encargada de comunicarle a Facundo que finalmente habían ganado. Crédito: Juan Roncoroni
Facundo Pieres sufrió un fuerte golpe en el quinto chukker y tuvieron que reemplazarlo. Así y todo, Ellerstina se coronó campeón
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3 de noviembre de 2017  • 12:52

La tarde transcurría como estaba previsto: el pasado sábado, el equipo de los Pieres, Ellerstina, disputaba la final del Abierto de Hurlingham contra el equipo del canadiense Frederick Mannix, Alegría, que hasta el quinto chukker llevaba la delantera. Pero de ahí en adelante, la historia fue otra. Es que Facundo Pieres y su yegua, Candy Kiss, cayeron en medio de una jugada a alta velocidad. Fue un golpe durísimo, tanto, que el capitán de Ellerstina quedó tendido en el suelo, sin reaccionar.

Enseguida corrieron a su encuentro su mamá, Cecilia Rodríguez Piola de Pieres, y su mujer, Agustina Wernicke. También sus hermanos y compañeros de team, Nicolás , que estaba totalmente desconsolado, Facundo, y su primo Polito . Uno a uno los jugadores de ambos equipos fueron desmontando para asistir a uno de los mejores jugadores de polo del mundo. Los médicos sacaron una camilla y las ambulancias taparon la escena. La preocupación se extendió al público, que respetuosamente guardó silencio. Alrededor de 10 minutos más tarde, la voz del estadio anunció la mejor y más esperada noticia: “Facundo Pieres está bien”. Y todos respiraron aliviados.

Lucas James, cuñado de los Pieres (casado con Cecilia, la menor del clan) entró en su reemplazo y así, muy unidos y a puro coraje, volvieron a la cancha. Al revés de lo que podría esperarse en una situación del estilo, lejos de estar distraídos o en shock, lograron convertir la adrenalina de la adversidad en un motor de energía imparable. Tanto es así que una hora después del susto, lograron coronarse campeones, tras vencer al equipo rosa 16-14.

Hubo risas, llantos, abrazos y sentimientos encontrados una vez que los jugadores de la Z se relajaron. Había mucho que festejar: no sólo el triunfo, sino que Facu –que había sido trasladado hacia el sanatorio Los Arcos de Palermo– no tenía ni un rasguño (por precaución pasó la noche en terapia intermedia). Es el segundo año consecutivo que los Pieres se quedan con la corona de Hurlingham, luego de cinco años imbatibles del temido team de Adolfo Cambiaso.

  • Texto: Lucila Olivera
  • Fotos: Juan Roncoroni

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