Circuito Crespo: el barrio porteño que se transformó con los teatros independientes

En los últimos años se instalaron más de diez salas queproponen una oferta única de obras del off que combinan una escala pequeña, cuidado en las puestas y hacen foco en la originalidad
Jazmín Carbonell
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4 de noviembre de 2017  

Nün, en Velasco 419, combina las artes escénicas con un bar para tomar algo
Nün, en Velasco 419, combina las artes escénicas con un bar para tomar algo Crédito: Ignacio Sánchez

¿Será que todavía resuenan en sus calles las palabras de Alberto Vaccarezza ("Pintoresco patio de un conventillo en Villa Crespo ...") que este barrio terminó convirtiéndose en un sinónimo de teatro? Como si la letra de El conventillo de la Paloma de la calle Serrano estuviera todavía tallada en las veredas de esta zona de la ciudad, abren cada vez más salas teatrales fieles a esa prolífica vertiente del " off porteño", que reúne las obras menos conocidas y más creativas de la escena argentina.

El "circuito Crespo" remite, sin exagerar, a aquel acto pionero de 1886 cuando en el barrio se instaló la fábrica de zapatos, La Nacional, y la historia cambió por completo. Hoy cuesta imaginar el ambiente de aquel entonces, una zona prácticamente descampada rodeada de pampa, con el arroyo Maldonado imperturbable, que irradiaba aires melancólicos y un olor que, cuenta los rumores, se extendía a casi todos sus rincones. El paisaje urbano jalonado por las típicas casas de clase media, galpones textiles, talleres mecánicos, ahora incluye también teatros y centros culturales. Los antiguos conventillos de obreros que inmortalizó Vaccarezza en 1929 en su sainete fueron transformados en salas teatrales pobladas de un público joven, hipsters y fanáticos del teatro. La identidad de Villa Crespo, forjada por los inmigrantes en su mayoría judíos, asquenazíes y sefardíes, polacos, rusos, croatas y armenios, de a poco va cambiando.

Una de las primeras actrices en llegar al Villa Crespo de hoy fue Cristina Banegas. Cuando fundó su escuela, sala, estudio, centro de investigaciones, El Excéntrico de la 18º hace treinta años, no fue sin un poco de valentía. Villa Crespo era un barrio bien poblado, pero su movida cultural era escasa. Tanto es así que el nombre (que se lo puso Alberto Ure) respondía a la extravagancia que implicaba alejarse de la avenida Corrientes para poner un teatro. Banegas y Ure inauguraron la sala con El padre de Strinberg, dirigida por él, actuada por ella. Banegas vivía ahí mismo y lo siguió haciendo durante diez años, así que tomaba las reservas desde la cama. La cuestión familiar no se abandonó nunca y aunque Banegas ya no vive allí, al Excéntrico lo gestiona su hija, Valentina Fernández de Rosa, y su madre, Nelly Prince, siempre está muy vinculada con el espacio. "Fuimos pioneros no sólo en Villa Crespo, sino en Buenos Aires como modelo de ese espacio que reúne la actividad teatral, los espectáculos, las performances, los shows con los talleres. Estoy muy orgullosa de haber sido pionera en este barrio extraordinario, como decía Vaccarezza: «Barrio lindo por lo feo», y que en este momento está lleno de lugares preciosos, de teatros, de tiendas. Ha cambiado mucho en estos últimos años y hay una actividad cultural muy intensa. ¡Villa Crespo, te amo!", dice elocuente Banegas.

Desde hace un par de años, en Pringles al 1200, llegó a la zona el centro cultural más importante de la escena del off: el Matienzo. El espacio no deja de crecer: incluye varias salas, un bar en la entrada y hasta un estudio de radio online (Radio Colmena). El Matienzo ya es un punto ineludible del "circuito Crespo".

Hace dos años, los directores, actores y docentes Francisco Lumerman y Lisandro Penelas, también encontraron en este barrio el mejor rincón para desplegar su arte. Arrancaron estudiando juntos en Andamio 90, fueron alumnos de Claudio Tolcachir, siguieron en Timbre 4 y, un día, decidieron independizarse con su propio espacio: Moscú Teatro. Desde entonces, la obra de Lumerman El amor es un bien -su versión libre y fresca de Tío Vania- y la que dirige Penelas, El amante de los caballos, siguen en cartel. Ambas obras, llenas de belleza y de teatralidad, son propuestas imperdibles.

Fuente: LA NACION

"Villa Crespo está todavía al margen. Quizá sea mi tendencia a buscar lo perfecto lo que me hace descansar en las márgenes. La luz da de rebote y eso me gusta más. Nos da el reflejo del brillo de Palermo, pero no somos Palermo. No estamos cerca del Obelisco, pero su extensión subterránea nos deja a una cuadra. Casi no conocía el barrio hasta que abrimos Moscú. Ahora es el lugar que elegiría una y otra vez para tener una sala", expresa Penelas, que adoptó con cariño al barrio. Algo similar les ocurrió a Andrea Calvo y María Paz del Río, amigas desde hace casi 30 años. Juntas estudiaron en Timbre 4 y empezaron a proyectar la idea de tener una sala propia. Recorrieron Almagro, pero no daban con lo que buscaban. Y al final llegaron a los confines de Villa Crespo.

"Nos encontramos recorriendo sus calles, sorprendiéndonos del fuerte arraigo de la gente con el lugar y sus historias conmovedoras. Todos los vecinos que nos cruzamos nos manifestaron su enorme apoyo y empuje, se veían entusiasmados con la idea de tener nuevos teatros en el barrio", narran las amigas emocionadas por haber dado con el espacio que deseaban. Hasta tal punto se arraigaron al barrio que tomaron de la calle el nombre de la sala, El Jufré, "para tomar un poco de la historia del lugar y sentirnos parte de este escenario de poetas y músicos suspendido entre el presente y el pasado", dicen. Como un guiño, algunos de estos nuevos teatros fueron bautizados con el nombre de las calles del barrio: El Jufré, Espacio Aguirre; la sala Vera Vera y el espacio, escuela y centro de experimentación de Matías Feldman y Santiago Gobernori, Defensores de Bravard.

Hace unos meses, Maruja Bustamente también llegó al barrio con su Cooperativa Cultural Qi. Y no hay que olvidar a Patio de Actores, instalada hace diez años en el barrio. Otra que en este último tiempo creció muchísimo y su cartelera rebalsa de propuestas es Nün. La nueva sede de Microteatro, por primera vez en Buenos Aires, encontró en Villa Crespo el lugar ideal para afincarse. Y la lista sigue y, seguro, crecerá año tras año porque Villa Crespo se expande y los vecinos, felices.

Agustina Stegmayer fundó la revista de distribución gratuita, Amo Villa Crespo, que se consigue en los bares y teatros como modo de tener activos los canales de recomendaciones. "Me encontraba recomendando muchos lugares, negocios, bares, teatros del barrio, y como venía de trabajar en Wipe, una revista guía de Buenos Aires, me animé a armar mi propio proyecto. Es que Villa Crespo es un barrio muy especial porque en él conviven las viejas tradiciones, ligadas a su origen inmigratorio, con las nuevas generaciones que hoy eligen Villa Crespo para vivir. Se da un mix interesante. Aquellas familias que llegaron y se asentaron alrededor de la fábrica de zapatos eran principalmente comerciales y obreros, y armaron sus locales en el barrio, por eso sus hijos se quedaron aquí y armaron sus propias familias".

Los "villacrespenses" son fácilmente reconocibles: nunca abandonarán la costumbre de decirle Canning a la avenida Scalabrini Ortiz aun cuando su nombre cambió hace 32 años. El periodista deportivo Nicolás Cayetano intenta dar con las claves que hacen de este barrio un lugar moderno de la ciudad, aunque muy poco reconocido frente a sus vecinos Palermo, Colegiales o Chacarita. "Villa Crespo es el barrio donde nací, me crié, vivían mis abuelos, mis papás. Cuando con mis hermanas nos fuimos de la casa de mis viejos, cada uno volvió a elegir el barrio. Es bien barrio, pero a la vez, si te movés por las principales avenidas, tenés de todo. Existe en mi familia una tradición con el Café San Bernardo, mi abuelo que era sobreviviente de la Segunda Guerra Mundial se murió ahí adentro jugando al dominó. Él paraba ahí y jugaba con sus amigos polacos. Hoy se puso de moda y van muchos jóvenes hipsters, pero siempre fue una especie de antro en donde paraban (y paran) los vecinos. Y por supuesto está Atlanta, es el club del barrio, el club de mi vida", agrega.

Pero..., ¿qué es Villa Crespo? Es un lugar que está cerca de todo, con un poco de Palermo, pero no; un poco cool, pero no tanto como Colegiales, y vecino de Chacarita que tiñe a toda la zona de una atmósfera misteriosa. Villa Crespo les pide prestado cierto aire bohemio a Boedo y a Almagro, y es, por sobre todo, un barrio porteño de pura cepa. Quizás ahí está la respuesta a todo este fenómeno teatral: Villa Crespo es lo que Buenos Aires fue y seguirá siendo, aunque hoy luzca un poco más moderno.

Cinco propuestas para anotar

  • El amor es un bien: La versión fresca, contemporánea que muy acertadamente construyó Francisco Lumerman a partir de Tío Vania, de Chéjov, transita su tercera temporada y se convierte en uno de los imperdibles del off. Sábados, a las 22, y domingos, a las 18, en Moscú Teatro.
  • Enamorarse es hablar corto y enredado: Ganadora del torneo de dramaturgia en el Festival Temporada Alta en Timbre 4, es una propuesta sensible, emotiva, que demuestra que menos es más, y que cuando hay buenas ideas y actuaciones no hace falta más que un banco de plaza, un árbol y unos mates. Jueves, a las 21, en Nün.
  • Todo lo que nadie ve: Javier Rodríguez Cano escribe y dirige esta propuesta que se adentra en la relación de un joven con su madre luego de haber perdido a su padre. La obra está inspirada en el relato de la escritora Charlotte Perkins Gilman, El empapelado amarillo, que es considerado uno de los primeros manifiestos feministas en contra del maltrato hacia la mujer. Viernes, a las 21, en Vera Vera.
  • Presidio: La obra de Lucio Bazzallo pone a funcionar a los cuatro cuerpos de los actores que narran y comunican sin texto sino a través de sus movimientos. Sábados, a las 17, en Patio de Actores.
  • Proyecto pequeño: Esta propuesta tan singular de Laura Kalauz indaga sobre la crianza, los tabúes sociales, lo que no se dice, pero se necesita, y sobre todo en la difícil tarea que implica mantener unidas las tareas de cuidado y crianza con las de creaciones artísticas. Para esta propuesta se puede ir con niños y las actrices en escena también lo estarán. Domingos, a las 17, en C. C. Matienzo.

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