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Marco Sanguinetti: "Mi música es un discurso cargado de ideas que quiero expresar"

El pianista se sumerge en un universo instrumental repleto de referencias a la porteñidad sin caer en los lugares comunes de los géneros ya conocidos; su flamante disco 9 abre un camino distinto
Sebastián Chaves
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4 de noviembre de 2017  

Aunque no se anime a decirlo, Marco Sanguinetti tiene bien en claro qué es lo que quiere. "Por supuesto que Piazzolla es el norte", dice recién sobre el final de la nota. "Pero no queda bien que yo lo diga, sobre todo cuando en la escena hay alguien como Pipi que lo lleva en el ADN y encima es un genio", agrega.

Aunque entonces el reconocimiento sea tácito, sólo basta con escuchar algunos segundos de su flamante disco 9 para dar cuenta de que lo que suena es música porteña, incluso cuando en la deconstrucción puedan encontrarse rastros de todo tipo.

Al frente de una formación que se completa con batería, contrabajo, violonchelo, guitarra eléctrica y DJ, Sanguinetti, desde el piano, propone una música intensa que se mueve por los márgenes del jazz, pero también toma elementos de la música contemporánea, de Radiohead y hasta de los impresionistas franceses como Debussy o Poulenc.

"Me vendría perfecto un Festival Otras Músicas como hubo hace unos años", bromea Sanguinetti. "Siento con orgullo que pertenezco a una escena de música original instrumental de Buenos Aires", añade. En la enumeración de pares se extiende desde Sami Abadi hasta Diego Schissi pasando por el Esteban Sehinkman con Pájaro de Fuego y Paula Shocron con Acelerador de Protones. Aunque no se puede hablar de una escena objetiva, todos estos músicos y compositores comparten cierta estética y búsqueda compositiva difícil de definir en un género, pero que al mismo tiempo abordan los estilos con conocimiento y destreza. Lo distintivo es su anclaje en una tradición porteña que no ha tenido un referente masivo de este tipo de música.

-Es muy fuerte el componente porteño que se escucha en 9. ¿Te planteás la composición desde una perspectiva situacionista?

-Para mí eso es clave. Cuando uno hace música instrumental uno igualmente está declarando cosas. Mi música es un discurso cargado de ideas que quiero expresar, y la idea principal tiene eso que me preguntás. Yo creo que ahora que estamos en el siglo XXI podemos darle lugar a una música de Buenos Aires que no sea tango, el paisaje hoy es otro. Y a mí, en este discurso que tiene mi proyecto, me interesa asumir y blanquear las influencias que a veces parecerían estar ocultas. Para mí está claro que un músico de acá tiene influencia de la música clásica europea y también del rock británico. Y Buenos Aires, entonces, tiene que ver con eso, una música porteña hoy debería apuntar a esa mixtura de géneros que internamente asociás a las calles de la ciudad.

-El librito del disco trae un gráfico formal de las composiciones, lo que demuestra cierto interés en la estructura. ¿Por qué privilegiaste ese aspecto y no la improvisación, por ejemplo?

-En este disco tuve muy presente el oyente, me importan las sensaciones que tenga. Lo pensé casi desde una pauta cinematográfica; cómo atravesar partes de la música, transitar ese relato, en esas proporciones, va a generar una sensación particular. Entonces no se pueden modificar, es importante cuánto duran la introducción, el desarrollo y el desenlace. Si esas partes se extienden o se achican, la experiencia ya no es la misma.

-Y en esa subordinación a la idea, la densidad del ensamble parece primar por sobre los desarrollos solistas.

-Es casi una ética de la composición musical. No me importa demostrar todo mi repertorio técnico de pianista por sobre la idea. Eso es lo que rige todo, si el tema pide violonchelo vamos con el violonchelo. Ahí es cuando dejo que la idea se vuelva autoritaria, porque creo que merece ese lugar por sobre otros intereses que, en realidad, para mí marcarían posturas forzadas. Me parece muy importante que no aparezcan poses, la música tiene que prescindir de ese vicio del músico, tiene que ser lo que mande y un buen trabajo es encontrar la manera de respetar esas ideas.

-En este proyecto acotaste el registro casi por completo a la zona baja y media del piano. ¿Fue una búsqueda deliberada de empatar el registro del violonchelo?

-Es cierto que soy un pianista de la zona media, lo tengo claro y lo tengo que asumir. Estudié mucho para tocar de la mejor manera posible, pero no me interesa generarme los momentos para demostrarlo, no disfruto la música virtuosa como oyente, en todo caso, admiro las ideas ingeniosas y las sensaciones que producen, el virtuosismo me parece despreciable. Hay una frase de Brian Eno que dice que los músicos escuchan notas y el público escucha sensaciones. Yo no compongo prestando atención a las notas.

-Tu disco está en las antípodas del free jazz, pero en la idea de no prestarle atención a las notas hay un punto de contacto.

-Sí, puede ser. El discurso del free es muy lindo, pero después quieren demostrar todo lo que saben, se dejan tentar por desparramar todo el catálogo de posibilidades. El concepto está clarísimo: sensaciones. Pero en la mayoría de los casos te terminan dando con una patada por la cabeza todo lo que pueden hacer. Y obvio que eso es aceptable que exista y alguna vez me ha pasado y me va a pasar querer sonar así, pero yo ahora, en este momento, no estoy muy de acuerdo con eso, quiero demostrar fidelidad total a las sensaciones que propone la música.

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