Dueños del aire: compartir la tenencia de... un helicóptero

Un cronista probó el flamante sistema que ofrece comprar una aeronave entre varios, sumándose a la ola de la economía colaborativa en el universo de transporte aéreo
Rodolfo Reich
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4 de noviembre de 2017  

Crédito: Paula Salischiker

Ahí estamos, a un par de cuadras de Av. Figueroa Alcorta y Salguero, cuatro pasajeros más el piloto, sentados en un precioso helicóptero Bell 206 B3, a punto de despegar. Nuestro destino es cercano: isla El Descanso, un lugar idílico escondido al margen del río Sarmiento, en el Delta, a bordo de Ventus Flights.

Hay excitación entre los cuatro pasajeros. Para la mayoría, es un vuelo de bautismo en estas pequeñas aeronaves capaces de quedar suspendidas en el aire, a unos metros del suelo. El ruido es fuerte, provocado por el motor y el viento que generan las dos palas del rotor principal, pero no lo escuchamos: tenemos puestos unos tremendos auriculares que no sólo cancelan el sonido exterior, sino que, gracias a micrófonos incorporados, permiten que hablemos entre nosotros. Dos frases más en código radial del piloto, y nos elevamos. En segundos, estamos a unos 250 metros de altura, cruzando la ciudad con dirección noroeste a 200km/h, sobre el helicorredor Palermo. Pasamos cerquita de la azotea de Le Parc Alcorta Torre Cavia, uno de los edificios más altos de Buenos Aires. Le sacamos fotos sosteniendo la cámara en el aire, por la ventana abierta (claro, en los helicópteros se pueden abrir las ventanas, pienso, como un niño descubriendo una obviedad), también a través del piso de vidrio que aumenta la sensación etérea del momento. A nuestra derecha, un avión se acerca a la pista de Aeroparque. Los lugares pasan rápido, uno tras otro. Por allá la cancha de River, ahora la Av. Cabildo, enseguida destaca el Parque Saavedra, un ojo verde entre tanta construcción. La General Paz marca el primer corte abrupto, con casas, edificios mucho más bajos, fondos verdes, tejas rojas y muchos más árboles. Ahora, vamos sobre el helicorredor Panamericana, hacia el de San Isidro. El Delta marca el segundo corte, con su inmensidad de bosques y humedales.

A 250 metros, en los dos o tres minutos que sobrevolamos la ciudad, la vista tiene el tiempo necesario para posarse en cada construcción y calle, enviando señales para que el cerebro reconozca los espacios.

Un paréntesis: perdón si parezco embobado por los helicópteros. Es sin duda un medio de transporte conocido y habitual, especialmente para algunos políticos, para la policía, para parte del sistema de salud o para empresarios de alto rango. Pero habiendo sido inventado hace poco menos de cien años (se le reconoce al argentino Raúl Pateras Pescara haber sido uno de los pioneros en su desarrollo, cuando en 1923 construyó un modelo con cuatro rotores de cuatro palas cada uno) sigue siendo para muchos un objeto maravilloso. Despega y aterriza sin precisar casi espacio, se queda quieto en el aire como un picaflor... ¡y tiene marcha atrás! Las diferencias con los aviones comerciales son enormes. En las últimas décadas, el duopolio ejercido por Boeing y Airbus buscó que los pasajeros perciban cada vez menos que están volando, con la insonorización, el hermetismo, la altura que anula la vista, el sistema de entretenimiento. Un objetivo logrado. Digámoslo: volar en avión (en los grandes) es aburrido. En cambio, el helicóptero es lo opuesto: uno nunca olvida que está flotando en el aire. Y, para quienes vivimos de un sueldo promedio, es un lujo que merece ser disfrutado.

Tras menos de diez minutos llegamos al Delta. El aterrizaje es suave y exacto, aprovechando el césped libre en el parque de esta isla. Ahí nomás, unos rosales hacen envidiar al Rosedal de Palermo. Hay obras de arte desparramadas de manera estratégica, generando paseos internos, entre puentes y canales. Entre café y medialunas, nos explican por qué estamos acá. "En la aviación hay tres grandes segmentos. El full owner, donde comprás tu helicóptero o avión y es ciento por ciento tuyo. El on demand significa que llamás a una empresa cuando precisás un vuelo y pagás el alquiler. Y lo que estamos ofreciendo nosotros, el fractional ownership, comprar una aeronave entre varios, es el punto intermedio", explica Sebastián Chicou, piloto y socio fundador de la empresa. Y aclara que todo esto es posible gracias a un reciente cambio a la ley de fideicomiso. "Antes, si comprabas un avión entre varios, todos eran solidarios entre sí. Si uno tenía una deuda impositiva, la AFIP podía reclamarle al resto. A partir de la nueva ley podés comprar una fracción de un avión o helicóptero, y sos responsable sólo por tu parte".

Un Bell 206 B3 nuevo cuesta, monedas más o menos, unos US$ 750.000, cifra prohibitiva para más del 99% de la población argentina. En eBay se acaba de subastar uno por US$ 408.000. En cambio, comprar la porción mínima que ofrece Ventus Flights sale US$ 75.000: representa el 12,5% del helicóptero. Sigue sin ser posible para un periodista como yo, pero sin dudas amplía el universo de individuos y empresas que podrían acceder al bien. "Lo pensamos como un segundo auto de alta gama, algo posible. Hoy, compartir es una tendencia mundial. Ahí están Uber o Airbnb para demostrarlo. Es también una búsqueda de eficiencia: un helicóptero promedio en la Argentina vuela unas 100 horas/año. Tiene mucho tiempo ocioso para ser compartido. Con US$ 75.000, por ejemplo, tenés derecho a 60 horas al año. A su vez, hacemos un sistema de clearing, donde te aseguramos que siempre tendrás una aeronave disponible. Si tu helicóptero está siendo usado por otro fiduciario, entonces te enviamos uno similar. O, si precisás ir a un destino más lejano, donde el helicóptero no es la mejor opción, te damos un Cirrus SR22 GT, el avión monomotor más vendido del mundo. O un jet, si es que hay una pista de aterrizaje adecuada", explica Sebastián.

Entonces, US$ 75.000. ¿Eso es todo? No: esta es sólo la inversión inicial, que además puede pensarse como una inversión, ya que puede ser revendida con poca depreciación. Luego, hay distintos costos para sumar. Una expensa fija que cubre hangar y seguro, de US$ 1500 al mes. Un gasto de mantenimiento que se distribuye según las horas que cada propietario usó la aeronave. Y finalmente el gasto variable de nafta y piloto. "Alquilar un helicóptero en Buenos Aires sale hoy unos US$ 1350 la hora. Usar el tuyo, en cambio, bajo esta modalidad; te sale en nafta y piloto 300 dólares. Nos mandás un WhatsApp 24 horas antes y lo tenés listo". Además, aseguran, hay modos de bajar los costos: el propietario puede, por ejemplo, ceder sus horas a la empresa para que las comercialice y llevarse el 80% de lo recaudado. ¿El mayor límite del sistema? Que todavía la Argentina no tiene la infraestructura adecuada para aprovecharlo al ciento por ciento. Hay pocos helipuertos habilitados en la ciudad, son pocas las pistas de material en cada provincia que permiten llegar con jet. Y, dato no menor, no es tampoco tanta la población que pueda tener acceso al equivalente de un segundo auto de alta gama (ni siquiera, de un primero). Por la ventana de la casa de El Descanso vemos cómo los helicópteros se acercan desde el horizonte, bajan lentamente. Es hora de irnos. Es hora de volver a flotar en el aire.

Para los interesados

Fractional ownership es una manera de acceder -por relativamente poco dinero- a ser dueño compartido de un helicóptero, un avión monomotor e incluso un jet con capacidad de vuelos regionales. Más información: Ventusflights.com

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