Rock y electrónica en el País Vasco

Metronomy, uno de los grandes shows del festival de Bilbao
Metronomy, uno de los grandes shows del festival de Bilbao Crédito: Tom Hagen
Se celebró una nueva edición del festival Bime, con grandes shows de Metronomy, Ride, Royal Blood y The Prodigy
Humphrey Inzillo
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5 de noviembre de 2017  • 17:56

Bilbao.– Lo que impacta, ante todo, son las dimensiones. Ubicado en las afueras, en el barrio de Ansio, en Baracaldo, el “Gran Bilbao”, el Bec se impone: un predio de 250 mil metros cuadrados, una de las torres más altas del País Vasco y una estructura que no se asemejan en nada de lo que habitualmente conocemos e imaginamos para un festival de rock.

Luego, la logística. Para garantizar la comodidad de los 23 mil espectadores que hacen del Bime uno de los festivales indoors más convocantes de Europa, el servicio de Metro funciona toda la noche en las dos jornadas que dura el festival.

Los dos escenarios principales, por donde desfilarán las cabezas de cartel, están ubicados en un enorme espacio en común, techado, donde también se entremezclan los puestos de los sponsors (la gran mayoría, bebidas alcohólicas), el movil de Radio 3 (que transmite los conciertos en directo), las pantallas gigantes y los puestos de merchandising.

Hay un escenario alternativo montado en un anexo, hay un escenario dedicado a la música electrónica que es una rave en continuado y hay, también, una feria gastronómica: una caravana de foodtracks que podrían ser una atracción en sí misma.

Con una programación ecléctica, el BIME Live apunta a lo que todo festival debería ser: una experiencia integral por sobre los nombres que cuelguen del cartel en sus diversas ediciones.

Alex Kapranos, de Franz Ferdinand
Alex Kapranos, de Franz Ferdinand Crédito: Tom Hagen

En la primera jornada, Royal Blood, el dúo integrado por el bajista Mike Kerr y el baterista Ben Thatcher, impuso su rock pesado. Parece mentira que esa avalancha de riffs machacantes y solos malabarísticos la produzcan apenas dos tipos. Este grupo de dos ingleses, una de las revelaciones de la temporada, no va en busca de la originalidad. Pero a fuerza de buenas melodías y una energía arroladora, impone su sonido como una fortaleza avasallante, en un formato que, aunque cambie bajo por guitarra, igualmente nos remite al que patentaron The White Stripes hace tres lustros.

Ride, el grupo que el héroe y pionero del shoegaze Andy Bell fundó a fines de los 80 y le puso su sello al sonido de los primeros 90 fue otro de los puntos altos de la jornada. Pero no ha sido, sin embargo, un ejercicio de mera nostalgia. El grupo, reunido nuevamente hace unos pocos años (en el medio, entre otras cosas, Bell se desempeñó como bajista de Oasis y Beady Eye), se impone con el peso de su historia, pero suena definitivamente actual.

La presentación de Metronomy fue una verdadera fiesta. Las dimensiones del predio le daban al público la posibilidad de bailar con comodidad y esa fue la tónica de un set que provocó un estado de alegría y euforia generalizada, al punto tal que si hubieran filmado sólo al público, podría haber pasado por esas publicidades de cerveza u otras bebidas espirituosas que montan una fiesta en la playa o una terraza. A fuerza de altas dosis de groove, melodías pegadizas y una vocación por la pista de baile, al grupo de Joe Mount podemos colgarle el cartel de “Satisfacción garantizada”.

El cartel de esa noche incluyó también destacados sets: de la leyenda del Indie Bill Callahan, de Orbital y una seguidilla en el escenario electrónico con Willow, Joy Orbison y Jackmaster.

El sábado, Franz Ferdinand confirmó su poder de convocatoria, entregando una de las presentaciones más celebradas del festival, sostenido en sus hits y en el carisma del cantante Alex Kapranos. Antes, tocó BNQT, que un poco a la manera de Brasil del 70 (que tenía cinco números 10), es un supergrupo de compositores integrado por el propio Kapranos, Ben Bridwell (Band of Horses), Jason Lytie (Grandaddy), Eric Pulido (Midlake) y Franz Healy (Travis). El grupo Delorean revisitó al cantautor vasco Mikel Balboa (1934-2008) desde una perspectiva electrónica y The Prodigy coronó la noche con su arsenal de canciones y una parafernalia visual avasallante.

El mercado musical

A lo largo de tres jornadas, el BIME Pro convocó a profesionales de distintas partes de Europa y a varios representantes de América, como Eduardo Sempé, de la productora Rock & Reggae y presidente de la Asociación Latinoamericana de Managers Musicales; Francisco Wechsler, programador de Lollapalooza para Latinoamérica; Eduardo Calvillo, director del Ruido Fest en Chicago; Chucky García, programador del Rock al Parque (Colombia); Itzel González, promotora del Vive Latino (México); Ulises Sanher, productor independiente de Guadalajara, México, entre otros. La agenda de temas fue diversa: de la prevención de accidentes en espectáculos masivos al futuro de los festivales de música (Gabi Ruiz, de Primavera Sound, y Santo Carrillo, director de la revista especializada Rockdelux, conversaron de eso en una de las conferencias más interesantes).

Los emprendimientos Monkingme.com y Behelpie.es se alzaron en el Startup Summit, un encuentro de industrias creativas, emprendedores e inversores, que tuvo como jurados, entre otros, a John Uriarte (Stubhub), Lucía Graña (Beaz) y Kemel Kharbachi (IT Holding).

Entre el BIME PRO y el BIME CITY se programaron diversos showcases, algunos sólo destinados a los profesionales y otros abiertos al público de la ciudad. En el escenario de La Ribera, un boliche a la vera de la Ría, Kanakú y el Tigre, de Perú, mostró la solvencia de un proyecto que rinde honores a la canción en todos sus formatos (con la irresistible “Si te mueres mañana” como bandera), con arreglos delicados, una poética profunda y

La ecuatoriana Mina, producida por Ivis Flies, se confirmó como una de las revelaciones del año a partir de su dominio del escenario y canciones que, montadas sobre una electrónica tribal, resultan apabullantes. Desde Pamplona, Lazy Daisy Band, un grupo de country & bluegrass con sustrato rockero, liderado por el argentino Alex McGregor, logró una actuación destacada, sostenida por una sólida base rítmica y los solos de la guitarra de otro argentino, Fafu Charger. Y desde la campiña francesa, The Inspector Cluzo realizó una presentación arrolladora: el dúo de guitarra (Laurent Lacrous) y batería (Mathieu Jordain) emuló sin demasiada distancia a Royal Blood. Una propuesta minimalista en la escena pero que, a fuerza de riffs y de una performance incendiaria, multiplica su potencia.

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