Eduardo de la Puente: “Con Pergolini hay una cuestión de incompatibilidad de caracteres“

« No extraño la tele, nunca tuve pasta de estrella ni figurita»
« No extraño la tele, nunca tuve pasta de estrella ni figurita» Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Viercovich
Visceral, honesto y políticamente incorrecto, así es, fue y será el conductor y ése es el sello que le imprime a su nuevo programa en la Rock and Pop
Malen Lesser
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21 de noviembre de 2017  • 00:44

Luego del colapso de la mítica la Rock and Pop, Eduardo de la Puente lidera la resistencia de un medio que fue emblemático y afronta con actitud un momento crítico. Con varios cambios de dueños, polémicas y ajustes económicos mediante, figuras como él siguen dando batalla detrás de un micrófono con el espíritu de seducir oyentes y sumarse al competitivo panorama radial de la primera mañana. Con el amor por el éter intacto y sus verdades acuestas después de 28 años de rockearla al aire, De la Puente se pone al hombro su programa, Qué pasa, y asegura que disfruta de levantarse a las 5 de la mañana acelerado y con la mente en lo que ocurrirá en el estudio con los oyentes.

-¿Cómo ves la radio en los tiempos que corren?

-Es un momento incierto. Las nuevas generaciones no escuchan demasiado radio y cayó la audiencia. La FM actual tiene un nivel de complacencia que yo no disfruto, es todo muy chato, se conforman con poco: pasar temas, hablar boludeces y mandar saludos. Para mí, la radio es conexión con el oyente y no tres tipos charlando y pasando música. Eso es dejar afuera al que escucha y no hacer ese enlace, ese ida y vuelta. Es un medio que es lo más parecido a tener una persona al lado, con la que te podés divertir, compartir cosas, reflexionar e informarte. Es compañía humana. Y lo que siento es que si es eso la radio en este momento estás siendo acompañado por alguien demasiado correcto y aburrido.

-Quizás tenga que ver con una época en la que la gente no está muy conectada entre sí, con el celular en la mano todo el día... ¿Vos cómo sos con eso?

-Con 53 años soy de otra generación, claramente. No estoy chequeando todo el día los likes o si me contestaron un mensaje. Aparte soy respetuoso de los demás, no vivo con el aparatito pegado a la mano, veo gente que no lo suelta, que no puede ponerlo ni en el bolsillo, es una extensión del brazo. Terrible. Y ojo que disfruto de las redes, me divierto, es un lugar con mucho sentido del humor, sarcasmo y también con filo desmedido, pero eso es otra historia.

-Vos también sos filoso en tus comentarios en las redes y fuera de ellas...

-Pero no me gusta armar quilombo, para nada, porque no me gusta el puterío... Lo que pasa conmigo es que a partir de un comentario o postura montan una montaña de polémica que no se condice ni con el tenor ni con el volumen en que yo dije las cosas. Agigantan de una manera increíble. Por suerte, aprendí a manejarlo. Antes me angustiaba mucho, la primera vez que se me ocurrió tuitear acerca de las misas multitudinarias del Indio Solari fue tremendo. Me cayeron con todo y yo no estaba tan curtido todavía. De pronto, que tanta gente te odie fue fuerte. Después empezás a ver que el que te re putea, ayer puteó a Santos Biasatti, anteayer a Catalina Dlugi por cosas totalmente distintas y entonces bueno, son odiadores seriales. Ahí caí en la cuenta de que existen personas así, con mucho odio para dar y que encuentran un sentido a la vida sabiendo que alguien que tiene radio o pantalla va a leer su puteada. Momento en el que dejó de interesarme.

De la Puente asegura que aprendió a manejar las redes sociales y los comentarios que le llegan, porque al principio los duros mensajes que recibía lo angustiaban hasta que se dio cuenta de que hay « odiadores profesionales»
De la Puente asegura que aprendió a manejar las redes sociales y los comentarios que le llegan, porque al principio los duros mensajes que recibía lo angustiaban hasta que se dio cuenta de que hay « odiadores profesionales» Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Y con los fans te llevás bien?

-De la misma forma aprendí a pasar de largo aquellos apoyos incondicionales, en donde siempre soy el capo que tiene razón porque es lo mismo del otro lado. Con un poco más de mimo, pero eso del fanatismo ciego no lo soporto, sigue siendo lo que me molesta de las polémicas y los escándalos: se mete cualquiera.

-Protagonizaste varias faenas públicas, pero de la que inevitablemente se habló más es sobre tu distanciamiento de Mario Pergolini...

-No tenemos decretada distancia para nada. No tenemos relación, pero no es que si viene yo me voy a ir, al contrario, le digo 'vení sentate'. Con Mario hay una cuestión de incompatibilidad de caracteres. Realmente nos conocemos desde hace muchos años y estamos juntos desde muy chicos. Ahora somos grandes y todo lo que te va pasando en el medio te va haciendo madurar, para un lado, para otro y, por ahí, va ahondando las diferencias o sumando diferencias. Y por ahí pasa la cuestión, fundamentalmente. Después, en lo que tiene que ver con la realidad de Rock and Pop y su incidencia en el deterioro sistemático del medio, no me consta.

-¿Cómo ves el periodismo?

-Bueno, el periodismo se ha aberretado de una forma terrible. De esa interpelación al poder que había en programas como CQC, olvidate. No critico la falta de objetividad, jamás creí en ella porque el ser humano no es objetivo y punto, ya desde el momento que construís un mensaje de la forma que lo hagas estás estableciendo un hecho crítico, pero de ahí a la grosería que estamos viviendo me parece que hay un abismo. Basta hacer un paseo por la primera plana de los diarios o por los canales de noticias para darte cuenta a quién responde cada medio de una manera alevosa, flagrante. Ni disimulan. Se dicen barbaridades. Y fuera de eso no hay casi nada. Quedan pocos lugares de independencia, de real libertad y creatividad.

«Hoy garpa el show, la chatura y que deje buena plata»
«Hoy garpa el show, la chatura y que deje buena plata» Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Tu programa?

-Es el último reducto de independencia mediática. (Risas). Y bueno, inmerso en la realidad de Rock and Pop , que está buscando nuevas fórmulas y en esa búsqueda constante mi crítica es que no hay tiempo de que ninguna se asiente... son los acelerados tiempos que corren. Pero en serio, ¿qué pasa?. Por ahora, sigue siendo en ese sentido Rock and Pop: visceral, honesto y políticamente incorrecto. Sin muchos secretos, interactuando con el oyente, imponiéndole el ritmo de la primera mañana, en donde por ahí te escuchan 20 minutos mientras viajan al laburo, o sea, hay que sacudir la modorra porque te siguen por ahí no mucho tiempo como para desarrollar un tema con demasiada extensión. Creo que también hay que encontrarle el lugar a las redes, que te nutren, pero no podés estar pendiente porque sino no es un programa de radio, es otra cosa. Te alimentan, pero hay que terminar de amalgamar bien esos dos códigos que son diferentes. Hacerlo participativo sin correrte del lenguaje. A mi la radio me apasiona, no sé si por el medio, por el formato, si estuviera pasando temas me aburriría, calculo. Es la propuesta y el juego de lo que me gusta hacer, esa mezcla irónica de acompañar a la audiencia y también gastarla porque está levantada a esa hora, ese vínculo un poco de pares, porque estoy levantado también.

-¿Extrañás la tele? ¿Podrías vivir sin hacer radio?

-No extraño la tele. Nunca tuve pasta de estrella ni figurita, ni me comí la historia de la fama. Mejor sueldo y mejor producción, sí capaz da, pero también el precio es la hiperexposición, cada medio tiene su lado B. Me parece que es el medio, es el formato. Haciendo lo que me gusta me siento cómodo y lo que sé hacer también. Me gustó lo que hacía en televisión, claramente, hoy no tendría lugar un programa como el que hacíamos. No hay lugar para formatos rupturistas ni para gente que rompa estructuras, en general. Cuánto más uniforme todo, mejor. Los dueños de los medios hoy tienden a eso. Compran una radio o un canal porque dan ganancia, pero mañana apuestan a una cadena de supermercados o invierten en vagones de subte. Son empresarios. Y si yo fuera dueño de medios hoy no querría un Fernando Peña. Lo amo, lo extraño y necesitaríamos 64 Fernandos Peña al aire a mi criterio, pero como empresa mediática no lo le doy aire. Tendría quilombo y no ganaría plata, pero también pasa en las discográficas. Un Spinetta sería un éxito del under, pero no de ventas ni por asomo. Sería culto, respeto, arte, pero no negocio. Hoy garpa el show, la chatura y que deje buena plata.

-¿Lo sufrís?

-No, yo simplemente hago y prefiero otra cosa. Me quedo con disfrutar lo que hago y con que eso sea genuino. No tengo postura de nada, soy al aire como soy en realidad.

-¿Qué opinás de lo que hace Tinelli?

-Me parece genial, le va muy bien. Los contenidos en general de la televisión no apuntan más que a entretener livianamente. La degradación cultural que hay es enorme y está relacionada con el vaciamiento de los medios, la concentración de poder, la unilateralidad para decidir y producir contenido, para ir en busca de lo que deja más margen de ganancia. Es así. Yo no es que no lo quiera a Tinelli puntualmente, sino que lo único que veo en la televisión, en cualquier formato ya, noticieros incluidos es show. Y a mí, me aburre.

-¿Estás en pareja?

-Estuve casado 20 años y hace 10 que estoy separado. Estoy algo escéptico con el amor y aparte soy muy ermitaño. Sumale a eso que el enamoramiento me dura apenas horas.

- Contaste que tuviste problemas con el alcohol, ¿es un tema superado?

-Tiene diez años ese tema y lo conté 4 mil veces en la radio... Sí, no soy ejemplo de nada ni me gusta que me juzguen, no hablo más de eso.

«No soy ejemplo de nada ni me gusta que me juzguen »
«No soy ejemplo de nada ni me gusta que me juzguen » Fuente: LA NACION - Crédito: Gerardo Viercovich

-¿Cómo ves el mundo del rock?

-Lavado. Me gustaba más el de antes, me parece que creativamente está en un pozo importante, al menos en lo que tiene que ver con el mainstream, en el under hay gente creativa a morir, pero en lo más comercial o exitoso lo veo medio estancado, nada nuevo, por algo también somos tan receptivos de los hermanos charrúas, que vienen con sus numerosas bandas. Creo que no hubiese sido tan permeable el público acá si no fuese porque hay un vacío grande.

-¿Y porqué crees que se da eso?

-Inciden un montón de cosas que van desde la difusión de música por internet, hasta la madurez y muerte de un montón de figuras y sobre todo que cambiaron las pautas de consumo de música de las nuevas generaciones, no hablo de los gustos, sino de la maneras. Nadie se junta a escuchar un disco entero y hay bandas que si no entendés el concepto entero, no entrás, como Pink Floyd por ejemplo.

-Estás nostálgico...

-No, me parece que aún se están reacomodando muchos planos, incorporando nuevos códigos y que luego del reacomodamiento y cuando los medios independientes y virtuales despeguen, vamos a darnos cuenta para dónde hay que romper, que es mi parte preferida, por ahora es todo una gran confusión.

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