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¿Cómo mira la TV a la danza?

Flesh and Bones
Flesh and Bones
El boom de la danza en TV crece y cautiva diferentes públicos con distintas miradas
Laura Marajofsky
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9 de noviembre de 2017  • 00:26

No es necesario ver “Bailando por un sueño” para darse cuenta que la danza tuvo un resurgimiento, ya sea de la mano de un circuito local (comercial y off) que ha crecido en los últimos años, o de un renovado gusto por esta disciplina impulsado por la televisión y la web. Hoy en día, tenemos danza en la cartelera, danza vía streaming -en formato ficción o reality- e inclusive, danza en Instagram. La explosión de este arte, que se volvió más accesible al público gracias a Internet y al éxito de shows televisivos locales y extranjeros, parece haber abierto un apetito inesperado en el público.

¿La televisión el nuevo estudio de danza?

El jurado de So you Think you can dance
El jurado de So you Think you can dance

Un lugar donde se baila y mucho es en la pantalla chica y el modo en que más se consume hoy es el de reality show sumado al concurso de talentos, combo que en los EE.UU. supo popularizar el clásico y longevo Dancing with the stars, y perfeccionar como formato apuntado a un público más amplio (no sólo chicas adolescentes) So You Think You Can Dance. Este último programa, que ya va por su 14va temporada y que no parece dar señales de terminar pronto, pese a mostrar cierta fatiga creativa (en la temporada 13 se la jugaron con So You Think You Can Dance: The Next Generation con chicos pequeños y no funcionó), demostró ser una gran cantera de talentos. De allí salieron algunos de los bailarines y coreógrafos más premiados (ganadores de premios Emmy, entre otros) e interesantes del último tiempo... al menos en la pantalla chica. A su vez, al siempre tener como eje el baile en todas sus formas, a diferencia de otros shows donde el drama y los entretelones son lo central, muchas figuras del mundo profesional de la danza han participado como jueces y coreógrafos. En suma, un placer para el espectador que busca ver baile y no mucho más. En esta última temporada la invitada que no proviene de la danza fue la cantante y actriz Vanessa Hudgens.

Como bailar se ha convertido en el nuevo fetiche aspiracional para muchos jóvenes que sueñan con la fama y la exposición mediática, han surgido toda una miríada de productos del estilo en la última década, incluyendo numerosas subsidiarias de SYTYCD, el reality Dance Moms (de donde saltó a la fama Maddie Ziegler, la chiquita que baila en los videos de Sia), y con la llegada de danzas de la calle (street dance) al mainstream, America's Best Dance Crew. Con este último el público masivo empezó a entender cómo se conforma y coordina y cómo ensaya una “crew” de hip hop, y a familiarizarse con términos del vocabulario callejero como breaking, krump, tutting y jookin, entre otros.

Maddie Ziegler bailando en el video Chandelier, de Sia

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Por último, este año llegó World of Dance, el reality de danza de Jennifer Lopez, conducido por Jenna Dewan Tatum (la ex estrella del hit Step Up), quien explica a la perfección cómo este modelo ha evolucionado y qué impacto tiene en las nuevas generaciones de aspirantes a bailarines: “Cuando yo empecé el sueño era bailar para Janet Jackson, pero he visto como el sueño para los bailarines ha cambiado. Ahora el sueño es ser uno la estrella”.

La competencia de baile de Jennifer Lopez

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Ficción también

Bunheads
Bunheads

Sin embargo, la danza también se ha prestado como excusa o argumento central para shows de ficción. Así, los guionistas empezaron a ver que el universo de la danza tiene mucho que ofrecer en términos narrativos con personajes más que interesantes. En los últimos años, una de las que le prestó atención fue la guionista Amy Sherman-Palladino (Gilmore Girls) , quien en 2012 creó la entrañable serie Bunheads -para algunos una especie de Gilmore Girls, pero con baile-, interpretada por la talentosa actriz, bailarina y cantante Sutton Foster . La serie duró una sola temporada, pero fue aclamada por la crítica por su inteligente y dinámico guión y pasó a ser considerada una historia para atesorar hasta que Sherman-Palladino decida volver.

Tuvo que estrenarse en el cine El cisne negro (2010) para que viéramos el lado más traumático de la danza, más específicamente del ballet profesional (competencia brutal, sobreexigencia física y psicológica, trastornos alimenticios, postergación personal, etc). Con este vistazo previo, es que la experimentada guionista Moira Walley-Beckett ( Breaking Bad y ex bailarina) se animó en 2015 con la oscura Flesh and Bone, casi un thriller psicosexual con danza. Si bien la serie también tuvo una corta vida (una temporada de 8 episodios), quizás por ser demasiado turbia (mechaba promiscuidad y abusos en una compañía, con conflictos familiares, que incluían el incesto entre hermanos), constituyó un ejercicio interesante hacia experimentar con otros géneros y conflictos tabú. La historia se centraba en la llegada de una nueva bailarina, escapando de un pasado tumultuoso, a una compañía prestigiosa dirigida por un temperamental bailarín retirado. Asimismo, el programa incluyó tantos bailarines reales (la protagonista Sarah Hay, nominada al Globo de Oro por su trabajo aquí, Sascha Radetsky, etc) como actores, con figuras reconocidas como Ethan Stiefel como consultor y coreógrafo de la serie.

Localmente, la nueva miniserie El Maestro, interpretada por Julio Chavez, Inés Estevez y Carla Quevedo, parece tomar algunos elementos narrativos de Flesh and Bone (aparte de la estética y cierta similitud en la misma apertura), como las relaciones sexoafectivas que se establecen entre pupilos y maestros, los conflictos amorosos con un trasfondo de violencia, la competencia y la diferencia de clases, entre otras cuestiones.

Pero no todo es drama, también es posible hacer comedia sobre la danza. Por eso el bailarín Alejandro Alvarez Cadilla y la comediante Amy Cunningham crearon Off Kilter, que sigue a un coreógrafo ficcional, llamado Milton Frank, que debe montar su primer obra en dos décadas. Como señalaba la revista Dance Magazine, es posible hablar sobre tópicos relevantes dentro del ballet como el sexismo, la edad o el ego, mostrarte baile y encima arrancarte una carcajada.

El maestro - Trailer

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Desembarco en Instagram (y en forma de negocio)

La danza también ha desembarcado en las redes sociales, en particular en Instagram con cuentas que amasan miles de seguidores. En este sentido, la plataforma abre una ventana para espiar el mundo de los bailarines, transformándose en la elegida por profesionales y amateurs de todas las edades gracias a su inmediatez y estética. De hecho, varias de las principales compañías de ballet están participando activamente de este nuevo medio de comunicación, utilizando a su propio staff para retratar el behind the scenes –sin perder oportunidad para promocionar marcas o productos– y atraer a las audiencias. Dedos ensangrentados, clases y ensayos, pruebas de vestuario o fotos tomadas minutos antes de salir a actuar por los propios profesionales, son algunas de las postales que se encuentra en la red, reflejando la cotidianidad del bailarín dentro y fuera del escenario.

Muchos alaban estas cuentas porque permiten desmitificar la profesión, mostrando no sólo el glamour sino también el lado demandante y monótono de la danza donde no todo son sonrisas y tutús. Abierta esta ventana virtual todos podemos espiar momentos más o menos privados y transformarnos en voyeurs por un rato.

The life a dancer. At the makeup table with @sashadesola and special appearance from Tilly the dog!

Una publicación compartida por San Francisco Ballet (@sfballet) el

Lo que seguro nadie esperaba era el rol preponderante que Facebook, You Tube y otras plataformas podían significar en términos de promoción para figuras, compañías y sponsors por igual (por citar uno de los tantos ejemplos, el caso de Capezio que se asoció con la bailarina Sophia Lucia de Dance Moms). Y mientras las empresas cortejan a futuras estrellas de la danza y a participantes de concursos televisivos: correr el telón para dejar ver el entramado relacional y creativo detrás se ha convertido en el último truco de los relacionistas públicos. Y quién sabe, quizás el nuevo argumento de una ficción o una idea para un reality.

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