Nos hipnotizamos con Leo Sbaraglia

Hace algunas semanas estrenó la segunda temporada de "El Hipnotizador" y nosotras aprovechamos para charlar con el actor sobre cómo es darle vida a Arenas
Soledad Venesio
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9 de noviembre de 2017  • 12:46

Dentro del mundo de la televisión argentina, El Hipnotizador trajo a la pantalla una producción que resultó atrapante tanto a nivel narrativo como estético. Por primera vez en muchísimo tiempo no sólo nos encontramos con una historia con un altísimo nivel estético y actoral, sino también con una narrativa que logró manejar el elemento de la incertidumbre con maestría. Nos vimos envueltas en una serie de época, pero en ningún momento teníamos la seguridad del momento histórico exacto y, de esta misma manera, se construyeron los escenarios y paisajes en donde se desarrollan los hechos.

Combinando ese aura de la incertidumbre con una narrativa onírica, basada en los problemas de sueño que tiene el protagonista, la primera temporada lleva a la pantalla la historieta creada por Pablo De Santis e ilustrada por Juan Sáenz Valiente, y publicada por entregas en la revista Fierro durante el 2008. Con Leo Sbaraglia dando vida a Arenas, esta segunda entrega tiene el desafío creativo de expandir el texto original y traer una historia completamente novedosa:

¿Qué nos podes contar de esta segunda temporada y los desafíos que Arenas se va a enfrentar?

Leo Sbaraglia: Creo que lo más interesante de esta segunda temporada es que tiene una estructura diferente a la primera que estaba organizada de una forma más episódica. En la primera parte la historia atravesaba los ocho episodios pero también, en cada uno de ellos, trabajábamos un caso en particular. En esta segunda, los ocho episodios tienen una línea argumental un poco más completa, como si todo fuese una gran película.

Otra de las características de esta segunda temporada es que Arenas dejó de lado la hipnosis que, en la primera temporada, era este "hipnotizador hipnotizado" que no podía dormir; como que de alguna manera estaba hechizado para no poder dormir. Ahora nos encontramos con una persona un poco más normal que está escapando de una suerte de Estado de sitio, una suerte de dictadura que hay en el pueblo donde estaba. Eso también se va a explicar en la segunda temporada y además llega a un lugar nuevo en donde parece que todo es idílico.

Así como en la primera temporada todos los escenarios eran oscuros, en esta segunda está todo casi a la luz del día. Esto no quiere decir que no se escondan cosas, hay una especie de misterio escondido a los ojos del día. Él ahí empieza a encontrarse con ese lugar perfecto donde parece que no hay sufrimiento, no hay dolor o pérdidas; sin embargo nada es lo que parece. En este lugar, no sabemos bien qué mecanismo del lugar lo produce, hace que Arenas pierda su facultad de hipnotizar. Es como que cada vez que hipnotiza recibiera un golpe, como si se encontrara con algo prohibido que no lo deja ver. Bueno esto va a ir avanzando y desarrollando la trama.

Por otro lado, y desde una opinión muy personal, creo que esta temporada también habla sobre la posibilidad de eliminar el dolor, las pérdidas y el sufrimiento. La historia trabaja esto como un elemento de lo posible y me parece que los capítulos van jugando a lo largo de esa idea de qué hacer con la pérdida y qué hacer con el dolor, qué hacer cuando uno no puede más. Creo que esto es lo más interesante de la temporada: preguntarnos si el dolor se puede desterrar o si simplemente uno debe aprender a vivir con él, trabajarlo, construir alrededor de él pero que eso sea parte de tu propia historia, de tu propia experiencia.

¿Cómo fue reencontrarte con Arenas para la segunda temporada y, de alguna forma, acompañar al personaje en ese progreso y crecimiento que tiene? Simplificando, reencontrarlo en ese recorrido que hace Arenas de la oscuridad a la luz.

Como experiencia es interesante primero porque pasaron dos años entre una temporada y la otra, entonces en esos dos años uno como actor también se encuentra en momentos muy diferentes. En cuanto la primera temporada, me agarró en determinado momento de mi vida y ahora en otro; han pasado muchas cosas, muchos personajes en el medio. Fue extraño recuperar el personaje, sobre todo porque yo sentía que mi energía estaba muy diferente a la energía que tenía cuando hice la primera temporada. Además el personaje tenía cosas mágicas como esto de la insomnia, de estar dormido, de estar hechizado y que ya no están más en la segunda temporada. Entonces esos aspectos tan concretos, tan físicos de los cuales me podía agarrar, en esta segunda no los tuve. Yo los siento como si realmente hayan sido dos personajes diferentes que tienen el mismo nombre. Este Arenas es un Arenas más despierto, mas vital, es un Arenas al que parece que le sacaron cinco o diez años de encima. Paradójicamente, a pesar de que yo crecí dos años, Arenas rejuveneció diez; y junto con esto es como si hubiese recuperado algo de su humanidad, de su juventud. Como si hubiera recuperado algo de su pasado y, al mismo tiempo, recuperado la posibilidad de amar. Y eso también está muy presente en esta segunda temporada.

Una de las cosas que más me gustaron de la primera temporada era tener esa sensación de no saber bien en qué época o lugar estábamos parados. A la hora de construir el personaje, ¿cómo fue eso para vos? Pensando que el lugar en donde crecimos y la época, sin duda nos marca como personas ¿no?

Sí, es tal cual. Justamente esa fue una de las mayores dificultades. Porque no poder atribuirle una identidad concreta a un personaje es muy complicado. Inevitablemente terminás eligiendo un camino y te sostenés de eso. Pero es cierto que tardé mucho tiempo en entender primero cómo hablaba Arenas, de dónde venía, si era un médico de barrio o un tanguero de 1940 o si era un detective de policial negro. Había muchas de estas cosas que creo que terminaron conviviendo en mi imaginación y fueron conformándolo. Pero esta fue una dificultad añadida, el hecho de no saber de dónde es esta gente de la que estamos hablando.

En cuanto al tono de esta segunda entrega, con la pérdida del poder de hipnotizar ¿se aleja un poco de lo fantástico?

No, de hecho esta segunda historia tiene más fantasía que la primera temporada; está más llevada al delirio y fantasía que la primera. Pero también tiene muchas cosas que todavía la convierten en un relato poético porque, para mí, El Hipnotizador tiene mucho del Romanticismo. Es una historia romántica y Arenas es un personaje romántico. Y con él, también las dos heroínas que son como "La Dama de las Camelias" y se construyen como esas heroínas clásicas que parece que siempre están a punto de desmayarse.

Y pensando en el enorme boom de producciones que hay, ¿qué te parece que aporta El Hipnotizador como diferencial?

Creo que lo más interesante de esta serie es que se trata de una producción original en donde ves involucradas personas de un montón de países: está escrita por un argentino, protagonizada por un argentino y con un elenco internacional. Hay actores uruguayos, argentinos y brasileros, estamos dirigidos por directores brasileros, contado en Brasil y distribuido por HBO. Esto permite que haya muchos lenguajes conviviendo en la serie y esa es su principal característica y valor.

La primera temporada tenia una cosa pictórica, una cosa extraña de un universo que la mayor particularidad era que sentías que estabas en un mundo creado con leyes propias; esto es algo que se mantiene en la segunda temporada pero quizá lo que más cambió es que, así como Arenas está más vital, la serie también cambió su ritmo. Además está lo que dice Pablo De Santis que es muy cierto: no hay tantas series que asuman el genero fantástico y esta serie lo hace.

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