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Agatha Ruiz de la Prada: "Soy una diseñadora democrática"

La modista más colorida estuvo de visita en la redacción de OHLALÁ y nos contó sobre sus miedos, sus proyectos y sus mayores aprendizajes
Inés Pujana
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10 de noviembre de 2017  • 14:30

Agartha Ruíz de la Prada vino a Buenos Aires, invitada por Carminne Dodero, para presentar su última colección en el Six O´Clock Tea, el evento de Moda que ya va por su 26° edición y que esta vuelta se celebró en el exclusivo jardín de la Embajada de España. Tuvimos la oportunidad de charlar con ella en nuestra redacción, y nos encontramos con una mujer alegre, llena de optimismo y de ganas de trabajar.

Completá la frase. La moda para vos es. . .

Es fundamental, porque una persona que va bien vestida, tiene una altísima probabilidad de ser feliz. Si tú te encuentras bien vestida, por regla general, estás feliz, al igual que si comes una comida fabulosa y te pones feliz. Hay cosas que te dan felicidad inmediata.

Mirtha Legrand tiene una frase que dice algo parecido… “Como te ven te tratan, y si te ven mal, te maltratan”.

Es muy cierto. La conozco mucho a Mirtha. Es una amiga. La primera vez que vine a Buenos Aires fue una cosa espectacular, hice de todo. Y una de esas cosas fue ir a su programa, que yo no lo conocía, y aluciné. Le regalé un pañuelo y un abanico. Volví al cabo de unos 8 o 9 años para una cena que habían organizado, y ella llegó impresionantemente vestida de fucsia, que es mi color, junto con el pañuelo y el abanico. Y yo dije: “esta tía tiene una cabeza como yo no le conozco a nadie. ¿Cómo es posible con la de gente que va a ese programa, con la de regalos que le hacen cada día, tenga la cabeza de vestirse totalmente de mi color y de llevar puesto el abanico y el pañuelo?”. Pues bueno, me convertí en una fanática suya para toda la vida.

¿De dónde surgió tu idea de escaparte de los límites de la moda? Hasta tenés una colección de velas de barco.

Lo de las velas de barco es una de mis colecciones favoritas y más desconocidas. Hay varias personas que han sido un ejemplo para mí. Javier Mariscal, por ejemplo, un reconocido diseñador español al que, cuando fueron los juegos olímpicos de Barcelona, le encargaron el Cobi, el muñequito de los juegos que era una monada. Desde entonces empezó a hacer de todo. Es un tío brillante que hizo una exposición divertidísima que se llamaba “100 años de Mariscal”, lo cual era genial porque él tenía 40. Y en esa exposición había desde pins de un dólar, hasta cuadros que valían 35 mil dólares. Una silla, un taburete, un comic, una tela, un delantal, de todo. Y yo dije: “Oye, pero qué divertido es esto”. Y luego, yo vengo de una familia de arquitectos, y en el mundo de la arquitectura ha habido siempre una ansiedad por hacer muebles, telas, vajillas, lámparas. Además hay otro gran genio de mi generación, que es un poco mayor, que es Phillippe Starck, que ha hecho de todo. En una época me puse a contar cuántas cosas tenía yo de él en mi casa, y conté 30 o 40 cosas suyas. Me dio mucha envidia cuando sacó un cepillo de dientes, y fue genial, porque es un objeto que usas todos los días de tu vida y al que la gente menosprecia. Es que diseñar lo cotidiano, eso me parece a mi maravilloso…. porque también puedes tener una escultura o un cuadro en tu casa que vale una fortuna, y del que estás pendiente para que no te lo roben ¡pero un cepillo de dientes! Eso me pareció genial.

Hay algo de diseñadora industrial en vos…

Soy una diseñadora democrática. Es importante tener pocos objetos, y que los pocos objetos que tengas, que sean bonitos.

Sos una persona tremendamente positiva y eso transmitís, pero, ¿cuál es tu mayor temor?

Bueno, y eso que soy bastante miedosa también eh… Soy muy positiva pero muy miedosa, aunque por suerte cada día menos. Por ejemplo, ayer estaba tan cansada que me subí al avión, me senté y me quede dormida 10 horas. Ni siquiera incliné el asiento, porque ya estaba dormida. No me enteré de que pasaron la cena, nada. Antes le tenía tanto miedo al avión que me moría, pero poco a poco lo he ido superando. ¿Ves? Todo lo malo tiene una parte buena. ¿Estás súper cansada? Bueno, pues no tienes miedo, bendito sea el cansancio.

¿Qué hay para vos en el horizonte? ¿Hacia dónde te dirigís?

El año pasado me pasó una cosa muy inesperada ( su pareja y padre de sus hijos le pidió el divorcio a sólo 3 meses de haberse casado y después de haber estado juntos por más de 30 años) pero ha habido una cosa mágica en eso, que yo ya sabía que ocurría, y es que de repente, el día que se cierra una puerta, se abren mil. Te das un disgusto morrocotudo, pero dices, qué tonta soy ¿por qué me estoy llevando yo este disgusto sabiendo que hay tantas puertas abiertas? Lo bonito del futuro es que no tienes ni idea. Yo jamás me imaginaba hace un año y medio que iba a estar así de contenta. Lo que tú tienes que tener es ilusión de hacer mil cosas, pero siempre sin esperar. Yo creo que cuando deseas mucho algo, y luego lo consigues, dices “¡Qué suerte he tenido! He conseguido lo que yo quería”. Y es que inconscientemente has hecho todo lo que tenias que hacer para conseguirlo. Vas haciendo cositas todos los días, y esas cositas luego se convierten en lo que deseabas.

Lo importante entonces es tener en claro lo que uno quiere.

Más que eso tener deseos. El deseo es una cosa maravillosa, y si estas muy cansada, no tienes deseo. Ahora las madres les ponen demasiadas exigencias a los niños pequeños: clases de futbol, de alemán, de violín, piano, de todo…. Y los niños llegan a la cama y se desmayan. ¡Y es que tienen que tener deseos y aburrirse! Yo siempre he dicho que hay que aburrirse, porque ahí es cuando dices: “Ay, como me gustaría tener un barco de vela, o ser diseñadora, o conocer a Hugh Grant, yo que sé, y entonces un día te encuentras con Hugh Grant, y dices: “¡Qué maravilla, con las ganas que tenía yo de conocerlo!

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