¿Te cuesta delegar? No te conviertas en una acaparadora laboral

Crédito: Ilustración de Maite Ortiz
¿Por qué no podemos dejar de ser una mujer orquestapara convertirnos en la directora de la orquesta?
Denise Tempone
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18 de noviembre de 2017  • 00:00

“Soltar”. Nos cansamos de ver paredes tapizadas con esa palabra. La llevamos puesta en remeras. Algunas, incluso, nos la tatuamos. Pero, ¿cuántas logramos realmente ponerla en práctica? “Soltar”, en entornos laborales, significa “delegar”, “dejar en manos de otros”, “confiar”, “ceder”, “apostar a un potencial ajeno”. Y aunque hay personalidades más flexibles que otras, delegar es algo que podemos y, más aún, necesitamos aprender en contextos como el actual. Hay un mundo de cosas nuevas que podríamos lograr si solo pudiéramos apartarnos del patrón de la repetición y empezáramos a pensar cuál podría ser el próximo nuevo paso para nosotras. Pero ojo, que este “nuevo paso” casi siempre termina con una reinvención personal. Por eso, acá van algunas puntas para ayudarte a pensar por qué estás trabada en este aspecto y para que puedas empezar a no absorber todas las responsabilidades sola.

"Me da miedo reinventarme"

Cuando sos buena, buenísima, excelente para algo, te hacés carne con tu don, es decir, te apropiás de ese talento para definir tu identidad. Puede suceder lo mismo con un rol: si tu fuerte es apagar incendios, por ejemplo, es razonable que después de un tiempo sientas justificada tu presencia en un grupo o estructura gracias a esa capacidad. Todo esto es aún más intenso cuando, solita, te encargaste de crear un proyecto propio que ahora comienza a despegar. La vida es muy irónica; cuando te estás sintiendo muy confortable en un papel, es hora de ir por más. En general, estamos acostumbradas a dar grandes saltos por necesidad, pero no por elección. Y eso es exactamente lo que es la delegación: elegir no hacer, para hacer algo nuevo, algo diferente, para adquirir otro talento o capacidad. Es elegir volver a apostar sobre lo que ya ganaste para convertirte en una nueva persona.

"Me cuesta confiar en los talentos del otro"

Cuando delegás, hay una relación recíproca, en la que alguien da y otro toma. Lo que hacen los que “dan” es crear las condiciones y un contexto con reglas claras para que los que “toman” entiendan, puedan y quieran estar a la altura del desafío. Delegar plantea las mayores dificultades para el que “da poder”, el dueño o jefe que hasta ahora fue el centro de las miradas de la organización. Para esa persona, delegar es un desafío adaptativo, que no solo le implica desprenderse de los hábitos que lo llevaron al éxito y aprender nuevos, sino también un ejercicio de humildad que le permita contemplar que, con diferentes estilos, otras personas podrían cumplir esa función con la misma eficacia. Los fantasmas, los miedos, suelen aparecer justo en ese momento. Es un clásico que las personas que aseguran querer delegar se comporten igual que cuando no admitían la posibilidad, al menos hasta que terminan de entender los verdaderos beneficios de un team sólido. En lo que a negocios se refiere, estamos mucho más entrenadas para pensar en “modo guerra”, que en “modo equipo” y es en eso en lo que tenemos que trabajar.

"Me asusta perder el control"

Es un error súper común creer que, por hacer más, conocés mejor tu negocio o tenés más control sobre él. Esto puede funcionar en pequeñas escalas y cuando la energía te sobra. Pero a medida que vas creciendo, que tu vida se vuelve más compleja y tu negocio también, tenés que construir una nueva identidad. “Delegar” es pasar de la figura de la jefa como “mujer orquesta” a la de la jefa como “directora de orquesta”. La idea es dirigirte hacia un punto en el que “todo suene bien” sin que vos toques ningún instrumento. Esto implica dedicarse a la estrategia, a dar dirección al equipo, a obtener recursos y atraer y desarrollar talento. No tiene nada que ver con extenuarse haciendo servicios de cadetería hasta la medianoche o trámites en la AFIP.

"No tengo un método para hacerlo"

Si tu intención es genuina y tu necesidad, imperiosa, puede que lo que te esté frenando sea una pregunta muy razonable y sistemática: ¿cómo se delega bien?, ¿cómo se reducen los riesgos al hacerlo? Este planteo, cuando te gusta trabajar con método, es válido. Lo recomendable en estos casos es que te sientes a pensar y hagas una lista, objetiva, clara, innegociable, de las características que tiene que tener la persona que te dejaría tranquila desempeñando el rol que buscás. Luego verás si esa persona ya está en tu equipo o tenés que salir a buscarla. Después de eso, hay una serie de protocolos que te conviene aplicar a la hora de proponerle al elegido desarrollar un rol que hasta ahora era tuyo –fijate en el recuadro el paso a paso–. Hoy, además, hay muchos asesores que pueden ayudarte, en pocos encuentros, a definir y desarrollar las herramientas que estás necesitando.

"No soy consciente del costo de no hacerlo"

Los problemas que trae recargarse de tareas pueden repercutir en tu vida personal, en tu vida social y hasta en tu salud. Y como si esto fuera poco, también en el crecimiento de tu empresa o proyecto, porque si acaparamos todo, lo que termina pasando es que solemos demorar su ejecución, y cuando esto sucede nos transformamos nosotras mismas en el cuello de botella de la empresa y en la principal causa de la reducción de eficiencia. Es tragicómico ver cómo hay ciertos jefes y jefas que logran opacar las cualidades brillantes de sus empleados, servicios o productos. El desgaste de un líder suele esparcirse hacia todo el team. La energía y entusiasmo de esa persona puede lograr el efecto contrario del que todas las empresas desean.

"Nosotras, más capaces"

No es cierto que para las mujeres sea más difícil que para los hombres liderar. Esta es una “tara” para ambos géneros. Sin embargo, nosotras tenemos un estímulo muy concreto para sortearlo: somos más capaces para entender el poder de la unión y el armado de nuestra manada. Sabemos que, en grupo, somos más fuertes. Y es ese conocimiento lo que hay que llevar también a nuestros ámbitos laborales.

5 pasos para pasar la posta

  • 1. Explicale a la persona elegida por qué la consideraste a ella. Esto sirve para generar sentido, para resaltar las cualidades que querés que aplique y para darle confianza y autonomía en su rol. Siempre preguntale antes si está dispuesta a aceptar. No asignes, dialogá y manifestá tu confianza. Creá el lazo que ambos necesitan.
  • 2. Definile los objetivos claramente.
  • 3. Enumerale las herramientas con las que va a contar y el proceso de aprendizaje que va a transitar.
  • 4. Explicale qué parte del poder le transferís claramente.
  • 5. Definí la modalidad de seguimiento y control. Diseñá una medición de resultados a través de entrega de informes, de números, de charlas, y transmitísela.

Experta consultada: Paula Molinari. Fundadora y presidenta de Whalecom.

¿Y a vos, te cuesta delegar? Además te mostramos Trabajo: por qué son buenos los cambios

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