Sergio Ramírez ganó el Premio Cervantes

El nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017
El nicaragüense Sergio Ramírez, Premio Cervantes 2017 Fuente: LA NACION
El novelista nicaragüense se queda con el máximo galardón de las letras hispanas, dotado con 125.000 euros; es uno de los mayores críticos del gobierno de Daniel Ortega, a quien acompañó en los inicios de la revolución sandinista
Martín Rodríguez Yebra
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16 de noviembre de 2017  • 10:45

MADRID.- A los 75 años, después de mil batallas culturales, políticas y literarias, el escritor nicaragüense Sergio Ramírez ganó hoy el Premio Cervantes, el máximo reconocimiento de las letras en castellano.

A Ramírez el galardón lo encuentra activo y en plena difusión de su última obra, Ya nadie llora por mí, en la que retoma desde el formato de la novela negra un tema recurrente de su narrativa: las cicatrices que dejó en su país la revolución sandinista, que lo tuvo a él como protagonista en los inicios y como crítico más visceral de aquello en lo que derivó.

Ramírez era el principal favorito a ganar el Cervantes, que, por una regla no escrita, le tocaba este año a un autor latinoamericano después de que en 2016 se le concedió al español Eduardo Mendoza. De todos modos hicieron falta siete votaciones para decantar el premio en su favor, según explicó el presidente del jurado y director de la Real Academia Española, Darío Villanueva.

Una de las voces más reconocibles del post-boom latinoamericano, sus libros han sido traducidos a una docena de idiomas. Obras como Castigo divino (1988); Margarita, está linda la mar (Premio Alfaguara 1998); y Sombras nada más (2002) reflejan la cima de una narrativa marcada por el realismo, la mirada política y un estilo que nunca rehúye del sentido del humor, en la senda de algunos de sus amigos célebres: Mario Vargas Llosa y Carlos Fuentes.

Ramírez escribió su primer libro en 1963 (Cuentos), poco antes de graduarse como abogado. Se ganó la vida como periodista -sigue siendo columnista habitual en diarios iberoamericanos, incluido LA NACION- y se involucró en la oposición a la dictadura de Anastasio Somoza, como parte de un grupo de intelectuales que apoyó al Frente Sandinista de Liberación Nacional.

Cuando triunfó la revolución en 1979, se integró a la junta de gobierno como presidente del Consejo Nacional de Educación. En 1984 fue elegido vicepresidente de un gobierno encabezado por Daniel Ortega. En 1990, con el recambio en el mando, siguió su carrera en la Asamblea Nacional. Dejó la política en 1995 después de competir, sin éxito, por la presidencia de Nicaragua. La literatura lo capturó para siempre.

Su desazón con el sandinismo quedó plasmada de manera definitiva en su libro de memorias Adiós muchachos (1999).

Ortega, que volvió al poder en 2007 y gobierna desde entonces con ansias de eternidad, lo tiene entre sus enemigos predilectos. Años atrás el presidente lo vetó como prologuista de una antología del poeta Carlos Martínez Rivas que iba a publicar el diario español El País. La censura originó un manifiesto de condena firmado entre otros por Gabriel García Márquez, Carlos Fuentes y otro de sus grandes amigos, Tomás Eloy Martínez.

El mes pasado, durante la presentación en Madrid de su última novela, Ramírez insistió en su mirada ácida sobre la actualidad de su país. “Daniel Ortega regresó con la idea de permanecer para siempre, y hoy lo que tiene el país es una caricatura de revolución”, dijo.

De eso habla en Ya nadie llora por mí por boca del detective Dolores Morales, un derrotado del sandinismo que mantiene la aspiración ética originaria de la revolución.

El Premio Cervantes, creado en 1975 por el Ministerio de Cultura de España, reconoce la trayectoria de un escritor que con el conjunto de su obra haya contribuido a enriquecer el legado literario hispano. Incluye una dotación de 125.000 euros.

Ramírez -el primer centroamericano en ganarlo- lo recibirá el próximo 23 de abril en Alcalá de Henares, en un acto solemne que presidirá el rey Felipe VI.

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