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Las series reavivan la llama inextinguible del western

Ficciones como Godless, The Son y Frontier confirman que el género, que tuvo a John Ford, Howard Hawks y Anthony Mann como maestros, tiene signos vitales; el valor y la amistad y la utopía de una vida salvaje, las claves del éxito
Marcelo Stiletano
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21 de noviembre de 2017  

Godless, una de las grandes apuestas de Netflix, ya está disponible
Godless, una de las grandes apuestas de Netflix, ya está disponible Crédito: Netflix

¿Por qué el western siempre vuelve? ¿Qué lleva a este arquetípico género cinematográfico, considerado una especie en extinción, a renacer una y otra vez de las cenizas y a encontrar razones para desafiar a quienes lo creen terminado para siempre? La respuesta tal vez pase por los valores que encarna por definición el cine del Oeste, que al mismo tiempo funcionan como motores de los relatos más perdurables: el valor y la amistad, la individualidad y el espíritu de grupo, el viaje y el descubrimiento, la utopía de una vida salvaje y el sueño del progreso y la civilización. Y sobre todo la épica, representada en tiempo y espacio por la conquista del Oeste, el espíritu de los pioneros y algunos elementos identificatorios de la esencia estadounidense, expresados en su máximo esplendor desde el cine por artistas mayores: John Ford , Howard Hawks, Anthony Mann, Budd Boetticher, Clint Eastwood .

Una nueva ola de westerns se instala en la pantalla. Más propiamente en las pantallas, porque buena parte de esta reivindicación (una de tantas) tiene que ver con producciones para TV concebidas en el formato que más parece agradar en estos tiempos a los narradores y al público: el modelo de miniserie (o limited series, según el argot televisivo norteamericano) en el que Netflix y otras usinas de producción se sienten tan cómodos.

No sólo hablamos de cine del Oeste en clave de época. El western no se agota en las historias instaladas entre la segunda mitad del siglo XIX y los comienzos del siglo XX en la vasta geografía de los Estados Unidos. También abundan los neowesterns. Historias con temáticas propias del viejo cine de cowboys, pero instaladas en el mundo de hoy y expuestas a las tensiones de la vida contemporánea. Así ocurre con dos creaciones del talentoso Taylor Sheridan, primero guionista de Sin nada que perder (David Mackenzie, 2016), magistral pintura de la marginalidad, las injusticias sociales y la dignidad personal frente a esas adversidades que mereció muchas más nominaciones al Oscar de las que tuvo: apenas cuatro y ningún premio.

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Sheridan dirigió después Viento salvaje, que a aquellos temas les agrega la segregación de las comunidades nativas y el efecto hostil (real y simbólico) de un clima insoportablemente áspero en el ánimo de los personajes. La maldición de Harvey Weinstein (productor del film) puede lograr que se cometa otra injusticia y esta gran película ya estrenada en la Argentina quede completamente marginada del Oscar 2018. Hacia allí, auguran algunos observadores, se dirige Hostiles, un western con reminiscencias de Danza con lobos dirigido por Scott Cooper ( Loco corazón, Pacto criminal) y con Christian Bale en la piel de un soldado de la caballería del Ejército de la Unión que debe acompañar a un nativo a su reserva. Fue muy bien recibido en los festivales de Telluride y Toronto, habituales puntos de partida de cada temporada de premios.

Del otro lado aparecen las producciones de más largo aliento pensadas para pantallas más chicas y los nuevos modos de consumo impuestos por el modelo on demand. A partir de hoy están disponibles en Netflix los seis episodios de la primera temporada de Godless, creada por Steven Soderbergh y Scott Frank, guionista de Wolverine: inmortal y Logan y director de la magistral Caminando entre tumbas. Frank, además, dirigió los seis episodios.

Muchos calificaron anticipadamente Godless de "western feminista", porque la trama gira alrededor de La Belle, una ciudad minera manejada por mujeres luego de que un accidente provoca la muerte de casi todos los hombres del lugar. Hasta allí llega un peligrosísimo fugitivo, Frank Griffin (Jeff Daniels), que sigue los pasos de su ex socio y ahora enemigo Roy Goode (Jack O'Connell). "No me interesaba hacer una gran declaración en favor de las mujeres. Sí, en cambio, contar algo que nunca se había contado en los relatos del Oeste: el caso de un grupo de mujeres que toman el mando. Personas que jamás imaginaron vivir de esa manera", contó Frank a Variety.

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Instalar a las mujeres en un primer plano no es habitual en el clasicismo del western. Algunos realizadores clásicos, Hawks sobre todo, ensalzaron siempre a sus personajes femeninos, cuya valentía y cuyo arrojo están en sus películas siempre a la altura de los héroes masculinos. Tal vez esta mirada acentuada en Godless funcione como un efecto tardío de la película que muchos consideran el western definitivo, Los imperdonables (Eastwood, 1992). A partir del sufrimiento indecible al que son sometidas las mujeres de ese film sólo es concebible desde allí un viaje hacia la afirmación progresiva y cada vez más protagónica de personajes femeninos. Así ocurre en films de diversos orígenes y enfoques producidos en los últimos años, desde Meek's Cutoff (Kelly Richardt, 2010) y The Homesman (Tommy Lee Jones, 2014) hasta Jane's Got a Gun (Gavin O'Connor, 2015). Ninguna de ellas se estrenó en los cines argentinos. El modelo serial de Godless se refleja en The Son, cuya primera temporada de 10 episodios puede seguirse cada domingo, a las 22, en el canal AMC, y, completa, a través del dispositivo Flow. Aquí, como ya se ha dicho, el relato habla de los pioneros (más precisamente del jefe de una familia fundadora del estado de Texas, encarnado por Pierce Brosnan ) y de toda una configuración económica y social. El recorrido temporal de The Son es, a la vez, un viaje por toda la línea de tiempo del western, desde el prólogo marcado por los enfrentamientos entre blancos y nativos hasta los rotundos cambios de identidad geopolítica que experimenta Estados Unidos en los albores del siglo XX y que marcan la despedida definitiva de una manera de vivir y de actuar sobre el terreno. La segunda temporada de esta ambiciosa producción, ya confirmada, seguramente mostrará más en detalle el cuadro completo.

Si The Son se asoma al desenlace de la larga historia del western como género y como modelo social en un tiempo y un espacio de la historia estadounidense, Frontier explora sus tiempos originarios, casi como un protowestern a la manera (conceptual, temática e histórica) de The Revenant-El renacido, la premiada película de Alejandro González Iñárritu. Como en aquel film tan comentado que tuvo a Leonardo DiCaprio como protagonista, aquí el centro de la acción pasa por el próspero (y oscuro) escenario del comercio de pieles a ambos lados de la frontera entre los Estados Unidos y Canadá durante el siglo XVIII.

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También disponible en Netflix (una primera temporada de ocho episodios y una segunda en camino, ya confirmada), Frontier refleja con sadismo y crudeza el comportamiento de quienes participan sin escrúpulos ni ahorro de sangre de este juego de compraventas y ambiciones. A diferencia de DiCaprio, cuyo calvario se hace explícito en la película de Iñárritu, el principal personaje de esta serie, el traficante de pieles Declan Harp (mitad irlandés y mitad nativo norteamericano) parece aquí como una suerte de manifestación del estado de naturaleza que parece regir en ese tiempo y espacio tan hostil cualquier tipo de relación humana. No es casual que un actor de imponente presencia física como Jason Momoa (el flamante Aquaman de Liga de la Justicia) haya sido elegido para encarnarlo.

El western viaja también a Europa, cuna de aquella mezcla de renovación y parodia que funcionó a la perfección durante un breve lapso de los años 60 y perduró con identidad propia, el spaghetti western. Una de sus columnas vertebrales, el Django que Sergio Corbucci dirigió en 1966 y convirtió en estrella a Franco Nero (luego revisado por Quentin Tarantino en Django sin cadenas), tendrá nueva vida en una serie que se prepara en Italia y tuvo su primer anuncio en el último Mipcom de Cannes. Sus responsables ya no se preguntan si tiene sentido la vuelta del western. Respondieron a la pregunta, como tantos otros a ambos lados del Atlántico, volviendo a los grandes mitos del Oeste, que se resisten una y mil veces a ser dados por muertos.

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