Cambiarle el nombre al Centro Cultural Kirchner

El centro ubicado en el viejo Palacio de Correos debería recuperar su original denominación, asociada con el Bicentenario de la Patria
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21 de noviembre de 2017  

Recientemente, el Poder Ejecutivo Nacional dispuso que las dos represas hidroeléctricas de Santa Cruz cuya construcción ha sido autorizada dejen de llamarse Néstor Kirchner y Jorge Cepernic y recuperen sus denominaciones originales, Cóndor Cliff y La Barrancosa, referidas a los sitios donde se ubicarán ambas obras sobre el río Santa Cruz. Habría que esperar que, alguna vez, se siga igual criterio con el Centro Cultural Kirchner , que debería volver a llamarse Centro Cultural del Bicentenario, una denominación que representaría más cabalmente a todos los argentinos y no a una familia asociada a una de las etapas de corrupción pública más grandes del país.

Tras la muerte del ex presidente Néstor Kirchner, una ley modificó el nombre del por entonces proyectado Centro Cultural del Bicentenario. Esta norma, afincada en la necesidad política de asociar esta faraónica obra con la proyección de un movimiento que intentaba avanzar con la doctrina del "vamos por todo", le impuso el nombre del ex presidente.

No fue la única decisión inspirada por la gestión presidencial de Cristina Fernández de Kirchner para rendir un culto a la personalidad de su esposo, característico en buena medida de todos los gobiernos autoritarios. Más de 160 espacios públicos recibieron el nombre de Néstor Kirchner; entre ellos, plazas, escuelas, hospitales, barrios enteros, puentes, estadios, avenidas y hasta un torneo oficial de fútbol de la primera división.

Esta concepción, tan llamativa como contraproducente en una democracia, lleva a pensar que los bienes públicos no pertenecen a todos los argentinos, sino a una fuerza política o facción en particular.

La referida visión se asocia con el criterio de que el centro cultural emplazado en el viejo Palacio de Correos iba a estar prácticamente consagrado a exhibir los logros del matrimonio Kirchner, a la manera de un tributo a sus gestiones presidenciales. En tal sentido, no pareció casual que una de las salas dedicadas al ex presidente exhibieran, entre otros recuerdos, un par de mocasines que le pertenecieron y una birome Bic que acostumbraba utilizar para firmar importantes decisiones gubernamentales.

El culto a la personalidad de un líder no fue el único rasgo característico de esta obra. También lo fue la falta de transparencia presupuestaria. El gobierno de Mauricio Macri heredó, en diciembre de 2015, un centro cultural que dependía de dos ministerios -Planificación y Cultura-, sin una cabeza única, sin organigrama y con una sobrepoblación de personal con tareas superpuestas. La dotación de personal era en aquel momento de 880 personas, mientras que hoy es de 340 en temporadas altas.

Es de esperar que este centro cultural, cuya programación refleja actualmente un sentido mucho más federal y apartado de la política partidaria, recupere su denominación original, como una manera de seguir celebrando los 200 años del nacimiento de la patria y contribuir, al mismo tiempo, a la unión de todos los argentinos.

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