Jacky Terrason: amable, elegante y con pulso propio

Ricardo Saltón
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22 de noviembre de 2017  

Jacky Terrason - Buenos Aires Jazz / Con: Jacky Terrason (piano) / Sala: Salón Dorado del Teatro Colón / Nuestra opinión: muy bueno

Jacky Terrason es un músico de origen ecléctico. Nació en Berlín, de padre francés y madre afronorteamericana. Se instaló en París. Se formó en la música clásica, pero se entusiasmó con el jazz. Estudió en la escuela de Berklee de Boston y hace rato que cultiva esa particular manera de encarar esta música popular sin dejar de lado ninguna parte de su historia. Había estado en la Argentina para una pequeña gira nacional, al frente de un trío, en 2003. Y ahora volvió para ser parte del festival de jazz porteño, en solo-piano (como lo vimos en el Colón) y a dúo con el trompetista Stéphane Belmondo, precisamente como cierre del encuentro jazzístico oficial.

Dueño de un pianismo elegante, capaz de jugar cómodamente en diferentes ligas, en el caso de esta actuación solista decidió entregar un concierto amable, en complicidad con el público, combinando temas propios con standards jazzeros, melodías muy populares y hasta con su propia versión de una clásica canción francesa. El "Waltz Hot" de Sonny Rollins, "Smile", "Smoke Gets in Your Eye", "Caravan", "Take the A Train" o "La vie en rose" fueron algunos de esos títulos muy reconocibles que Terrason mezcló con composiciones propias como "Mirror", "O café o soleil", "My Church" o "Alma". Con más evidencia en las piezas "que sabemos todos", pero incluso con su propio repertorio, construido casi siempre en modo canción, el músico presentó los temas sin caer en la exposición más convencional y, a partir de eso, se dedicó a romperlos sutilmente, a abocetarlos, a ir y volver por estrofas y estribillos. Prefirió los desarrollos y las improvisaciones breves, armando todo como pastillas sonoras, como si quisiera disfrutar diciendo: "¿Se acuerdan de esta canción?; bueno, esta es mi pequeña mirada". Jamás saludó con palabras ni presentó su repertorio, antes o después de interpretarlo. Llegó puntualmente para arrancar su concierto, con el sol entrando por las ventanas del imponente Salón Dorado del Colón, se ubicó frente al Steinway & Sons sin necesidad de amplificación -¡qué placer cuando un espacio permite que eso sea posible!- y se fue una hora después, siempre sin abrir la boca, con una sonriente reverencia hacia el público, al que luego dedicó un largo rato para selfies. Antes, había pasado por ese estilo a veces neoclásico, a veces impresionista, donde parecen estar los espíritus de Bud Powell, Maurice Ravel o Claude Debussy. Quizá sintiendo la imponencia del espacio en el que estaba tocando, se atrevió apenas con algunos juegos armónicos, con algunos acordes fuera de norma, con las mencionadas y jamás brutales rupturas de la forma, con algunos pizzicati dentro de las cuerdas del piano y con un blues, su "Tragic Mulatto Blues", en el que fue el momento más pop de su muy buen concierto.

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