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Reseña: Humo y espejos, de Neil Gaiman

Treinta y un cuentos fantásticos
Felipe Fernández
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26 de noviembre de 2017  

“El humo desdibuja los perfiles de las cosas”, afirma Neil Gaiman (Portchester, Inglaterra, 1960) en la introducción de Humo y espejos, un libro que reúne treinta y un relatos, incluyendo ocho que están narrados en verso. “Las historias –agrega– son espejos que utilizamos para explicarnos cómo funciona el mundo y nos distraen de lo que acecha en la oscuridad.”

La obra se publicó originalmente en 1998 y la mayoría de los cuentos que la componen–dice su autor, popular por la serie de cómics Sandman– fueron escritos por pedido de diversos editores para antologías específicas (“supersticiones”, “venganza”, “sexo” o “cuentos infantiles contados por adultos”, entre otras consignas temáticas).

“El puente del trol” se refiere a ese ser de la mitología escandinava. “No preguntéis a Jack” y “El barrendero de sueños” pueden considerarse relatos infantiles de terror. “Nieve, cristal, manzanas” presenta una perturbadora versión de “Blancanieves” para adultos que adopta el punto de vista de la Reina Malvada y se halla signado por un erotismo vampírico.

El humor negro dirige “Podemos proporcionárselo al por mayor” (acerca de una agencia de asesinos cuya oferta especial es “dos por el precio de uno”) y “Tartas de bebés” (un breve ensayo sobre la práctica de un canibalismo pragmático). En tanto, “Cambios” imagina el descubrimiento de una cura para el cáncer cuyos efectos secundarios son “la reasignación de sexo”.

Una traducción falta de sutilezas conspira contra las composiciones versificadas: confunde el hilo del argumento e impide valorar sus méritos poéticos con justicia. “Shoggoth’s Old Peculiar”, situado en un Innsmouth inglés, propone un divertido homenaje a H. P. Lovecraft, que continúa en “Es sólo el fin del mundo otra vez” con el agregado de hombres lobos. “Una vida, decorada con

Moorcock temprano” recrea –a través de un chico– el mundo del escritor fantástico Michael Moorcock y de su héroe Elric de Melniboné.

El humor –típicamente británico– es el principal catalizador dentro de la heterogeneidad narrativa. Le quita el exceso de solemnidad a lo prodigioso y su poder de convencimiento ayuda con la voluntaria suspensión de la incredulidad, sobre todo en los diálogos, que exponen lo disparatado con la mayor naturalidad.

En este aspecto sobresale “Caballería”, en el que una señora encuentra el Santo Grial en una tienda de productos usados y debe atender los insistentes requerimientos de Sir Galahad por obtener la legendaria copa, a cambio de la cual le ofrece la Piedra Filosofal y el Huevo del Fénix.

Sin perder la fidelidad por lo fantástico, se exploran distintos matices de lo sexual en “Degustaciones” (un telépata que se prostituye y es capaz de satisfacer los deseos más íntimos de sus clientas), “Cuerpos extraños” (un hombre contrae una uretritis que le hace sentir que su pene pertenece a otra persona) y “En busca de la chica” (la fascinación por una misteriosa chica de Penthouse que nunca envejece y “está en todos los lugares, en todos los tiempos”, habitando las fantasías masculinas).

“El estanque de los peces de colores y otros cuentos” transcurre en Los Ángeles, donde un escritor inglés ha ido para trabajar en un guión sobre “los hijos de Charles Manson”, y consigue una delicada atmósfera de alienación mediante una feroz sátira a Hollywood.

La calidad de los cuentos de Humo y espejos es despareja, quizá debido a la cantidad de textos que contiene la antología. A veces, Gaiman parece indeciso en su enfoque estilístico: ¿se está dirigiendo a un público infantil o a uno adulto? Este aspecto no desmerece que en ocasiones consiga combinar con éxito los elementos para conformar a ambos. Aunque algunas de sus historias no alcancen un desenlace satisfactorio, todas tienen la virtud de atraer la curiosidad del lector y de retenerla hasta el final.

HUMO Y ESPEJOS

Por Neil Gaiman

Salamandra. Trad.: Sonia Tapia. 395 páginas

$ 395

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