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Propuesta para un museo diferente

El Museo de la Shoá será, sin duda, una experiencia singular
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23 de agosto de 2000  

Cuando se iniciaron los planes para realizar la obra que hoy ya es visible en el edificio de Montevideo 919, los miembros de la Fundación Memoria del Holocausto proclamaron una frase que resumía el objetivo de la entidad: El futuro necesita de nuestra memoria .

Aun cuando, vale la pena señalarlo, esa memoria resulte lacerante y dolorosa, o quizá por eso mismo, para que esa evocación haga menos preocupante la visión del futuro.

El reciclado y puesta en valor del edificio de cuatro plantas, que fue en su origen una central eléctrica, fue proyectado y dirigido por los estudios de los arquitectos Dujovne-Hirsch y Grinberg-Dwek-Sartorio-Iglesias.

Los arquitectos trabajaron con una actitud de respeto por la construcción existente y con intervenciones certeras en el tratamiento de los espacios, despojados y austeros.

El proyecto

El edificio de la calle Montevideo fue objeto de un reciclaje integral de la planta baja y el entrepiso. En un edificio entre medianeras, de escaso ancho, los arquitectos se propusieron la revalorización de los espacios existentes, liberando al máximo la planta para permitir las exposiciones con la más amplia flexibilidad.

El criterio proyectual se percibe desde el acceso, en la circulación que nace a partir del hall y la iluminación que marca el ritmo. El concepto funcional se basa en un eje central que recorre los tres sectores del complejo: el así llamado edificio principal y que es el bloque que da a la calle; el patio central, y el edificio posterior donde estaban los transformadores de la antigua central eléctrica.

El eje central se define por un solado de adoquines, que recorre el edificio principal, el que se conecta espacialmente mediante arcos que vinculan visualmente la totalidad de la planta. La conexión con el patio se da a través de grandes ventanales.

El patio se mantuvo como un espacio abierto y adoquinado, que preserva su calidad histórica. Lo cruza la circulación que vincula los dos edificios existentes mediante un conector vidriado con estructura metálica.

El edificio posterior es una planta libre de gran altura. Por las funciones que cumplía originalmente, la nave tiene 15 metros de alto y una vigorosa espacialidad que se acentúa por la luz natural. La cubierta es de cabriadas de acero y hay debajo un entrepiso metálico. Desde este entrepiso se balconea sobre el espacio principal.

En este recinto de doble y triple altura, culmina el recorrido de la concurrencia. En un lateral, a la derecha, se diseñó una Sala de Meditación, con piso de granito y un banco de hormigón, lo que le otorga un clima de gran austeridad. Este espacio reúne las cualidades requeridas para el recogimiento de quienes demanden una pausa luego de un itinerario que puede resultar particularmente doloroso para algunos visitantes.

Se ha previsto la realización de una segunda etapa, en el edificio principal, con un auditorio localizado en el subsuelo y un primer piso para muestras itinerantes.

Convocatoria para un concurso de ideas

El Consejo de Administración de la Fundación Memoria del Holocausto, con el señor David Fleischer y la licenciada Sima W. de Milmaniene como interlocutores, explicó a La Nación el contenido peculiar que caracteriza el llamado a concurso de ideas para diseñar la muestra permanente del Museo de la Shoá.

Es obvio que no se trata de un museo convencional. Puede incurrirse con facilidad en imágenes truculentas y en extremo dolorosas, que deriven en lo que suele caracterizarse como golpes bajos . No es ésa la meta que se proponen los organizadores, que aspiran en síntesis a:

  • Concientizar acerca de las consecuencias del racismo y la xenofobia.
  • Educar en el respeto por el diferente y su diferencia.
  • Honrar a las víctimas de la Shoá con la memoria, y a sus sobrevivientes con la continuidad.
  • Para concretar esos objetivos, además de la obvia importancia que se asigna a la muestra permanente y a las exposiciones itinerantes, la fundación realiza una serie de actividades culturales, testimoniales, académicas, históricas y artísticas. El concurso al que se ha convocado a arquitectos y diseñadores contribuirá al logro de un marco adecuado para esas actividades.

    Fueron asesores honorarios: en estructura, el ingeniero Alberto Fainstein; en sanitarios, el ingeniero Eduardo Geijo; en electricidad, el ingeniero Rubén Dowek; en aire acondicionado, el ingeniero Roberto Trullas; en seguridad, el señor Rubén Ariel Fleischer, y en iluminación, el arquitecto Juan Carlos Massip.

    Palabras y conceptos

    No es raro que se utilicen palabras hebreas en el habla cotidiana. Amén (que así sea) es quizás el vocablo de ese origen que más veces se pronuncia todos los días en casi todo el mundo.

    Shoá es también un término bíblico (Isaías) y se refiere a una desgracia repentina, totalmente imprevisible. Los estudiosos han considerado que era una expresión más apropiada que la de Holocausto, palabra que refiere a un sacrificio en el que se quemaba a la víctima y que proviene de una traducción griega de la Biblia ( hólos : todo, y kaustós , quemado).

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