La verdad como amenaza mafiosa

Alessandra Minnicelli ha dicho que su esposo, el ex ministro Julio De Vido, "tiene mucho que contar"; es de esperar que pasen de la extorsión a los hechos
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29 de noviembre de 2017  

Antes y después de aprobarse la ley del arrepentido se especuló mucho sobre lo que podrían llegar a confesar importantes figuras del kirchnerismo que caían presas por su protagonismo en graves casos de corrupción. Sin embargo, muy pocas lo hicieron. Entre ellas, Leonardo Fariña y, más recientemente, Alejandro Vandenbroele.

Silencios como los que guardan Lázaro Báez y el ex ministro de Planificación Julio De Vido pueden interpretarse de diversa manera, desde el temor a empeorar su situación hasta la esperanza de que un recurso procesal la mejore, sin olvidar viejas lealtades. Entre un extremo y el otro, el silencio de estos grandes conocedores de la trama fina de la corrupción también puede considerarse como un capital que ellos cuidan para emplearlo en caso de emergencia.

Pero la esposa de De Vido, Alessandra Minnicelli, ha aportado una nueva interpretación, por lo menos para el de su marido: el silencio es endeble y puede romperse perjudicando a quienes han abandonado al detenido. La síndica general adjunta de la Sindicatura General de la Nación (Sigen) durante el gobierno kirchnerista -cargo que le valió una avalancha de fundadas críticas pues tenía que controlar a su marido- dijo sin pelos en la lengua que "Julio tiene mucho que contar". No fue un anuncio de que De Vido estaba dispuesto a declarar cuanto sabe, sino un torvo mensaje mafioso, una amenaza o quizás una extorsión. También afirmó que su marido es "un preso político", absurdo habitual y de larga data que suelen repetir quienes finalmente deben rendir cuentas ante la Justicia.

Poco antes, Minnicelli había expresado que se sentía defraudada por la ex presidenta Cristina Kirchner, quien había asegurado que no pondría las manos en el fuego por De Vido. "Fue un gesto inhumano", agregó hipócritamente.

Nadie duda de que su esposo tiene mucho para contar. Integró el núcleo más granado del kirchnerismo desde los lejanos años en que Néstor Kirchner inició su ascenso al poder como intendente de Río Gallegos. Lo acompañó durante casi treinta años, en la provincia de Santa Cruz y en la Nación. Además, su cantera de secretos no se limita a funcionarios y ex funcionarios, también abarca a empresarios con los que trató y negoció durante muchos años cuando encabezaba el más poderoso de los ministerios, hecho a su medida y del que dependían la obra pública, el transporte y la energía.

Lo preocupante es el matiz gangsteril que Minnicelli imprimió a su frase: a De Vido lo abandonaron sus viejos jefes y socios, pero él puede desquitarse contando la verdad. La verdad como arma, la verdad como venganza, es el mensaje que subyace en su frase.

De todos modos, si se trata de la verdad, bienvenida sea, al margen de sus motivos. En efecto, es mucho lo que De Vido tiene para aportar a la Justicia en materia de estafas al Estado en complicidad con empresarios inescrupulosos. Estafas que, por ejemplo, degradaron el sistema de transporte y la capacidad de generar energía de nuestro país.

También podría contar cómo se enriqueció, y a su narración podría sumarse su actual mujer, pues en 2008 ambos fueron denunciados por presunto enriquecimiento ilícito debido a inconsistencias en sus declaraciones juradas de bienes. Si bien fueron sobreseídos por el entonces juez Octavio Aráoz de Lamadrid, posteriormente la Sala IV de la Cámara de Casación revocó ese sobreseimiento y mencionó el "carácter sospechoso" de las declaraciones de bienes de los De Vido.

Sólo resta aguardar que el ex ministro y su mujer pasen de la amenaza a los hechos y comiencen a hablar.

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