Dios y el diablo en la Tierra

29 de noviembre de 2017  • 02:27

La noción del bien y del mal es inherente a nuestra religión y también a muchas otras. Nuestro trabajo consiste en perfeccionarla, en nuestro caso la religión católica, que es la base de nuestra formación doctrinaria. Es sabido que todos tenemos una tendencia hacia el bien pero que, lamentablemente, viene unida a una tendencias hacia el mal, cuya nombre es el pecado, del que no hay nadie que esté libre del mismo, excepto Jesucristo.

Los santos han logrado apartarse del mal aunque no sabemos en qué grado y eso los diferencia del resto de los cristianos y otras religiones en grado sumo pues es la clave que todos deseamos alcanzar.

¿Cómo se inicia la idea de la religión judeo-cristiana? Es por medio de una persona y luego un grupo de personas, que se van recostando en la idea de hacer el bien a todos los de su comunidad y de otras sociedades. Básicamente llega un momento dado en que son doce tribus que se establecen en lo que hoy es Israel y sus reinados y que les dan a ellos su inspiración para hacer el bien.

Naturalmente también allí hay tendencias al mal, al pecado, que llevan a ellos hacer muchas cosas equivocadas, que no les gustan. No vamos a hacer una historia de la religión pero de allí surgen las necesidades de corrección y reparación de esos problemas.

En el año cero de nuestra era, con el surgimiento de Jesucristo verdadero Dios y verdadero Hombre, se produce un cambio sustancial en estas relaciones, pues Jesucristo es como todo hombre pero con la diferencia que no conoce el pecado. Eso le da una gran ventaja respecto a todos los demás por ser el único con esa condición. Vive solo alrededor de 33 años y con ese corto período logra captar al mundo a pesar de haber salido de una región muy pobre y sin recursos.

No vamos a hacer la historia de todas las peripecias y problemas que tuvo que afrontar desde que nació, por ejemplo que Él y su familia no tenía un lugar para estar, no tenía un lugar para que los pastores lo pudieran ver, para recibir a los magos, para atender a todos los que querían ir a verlo, hasta las persecuciones de los reyes romanos y a una edad ínfima se tuvo que ir con sus padres a Egipto, aunque después tuvo que volver y a esa edad temprana se estableció en Palestina.

Es una clave de este mundo que Él se estableció en esa zona por un designio del Padre y del Espirito Santo, que lo cuidaron pero no lograron impedir que los reyes y gobernantes de aquellas comarcas lo mataran. Aunque Él resucito en 3 días, como lo había previsto y estableció la religión cristiana que ha venido hasta nuestros días.

De todas maneras, tanto el Bien como el Mal están dispersos en el mundo y hay que ir clarificando las cuentas muy seguido para no perderse en el mundo de todos los días. Es la clave de este tiempo y de todos los tiempos, para sostener entre las tres religiones que creen en un solo Dios, cristianos, judíos y musulmanes, la idea del bien en el mundo. Naturalmente también está la influencia del diablo, que nos impulsa en mayor o menor grado según cada uno, a hacer las cosas que nos parecen que están bien, pero en el fondo después descubrimos que son malas, son pecados.

Por suerte Jesucristo nos dejó la confesión de los pecados para liberarnos del mal, y quedar blanqueados con la frecuencia que necesitamos. No podemos abandonar esas ideas en este momento. Es más, son las claves de la evolución del mundo, así que hay que seguirlas lo más cerca posible. Aunque hay mucha gente que no ve adecuadamente estas ideas como para guiarnos en las dificultades de esos tiempos.

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