Nuevos adversarios desafían a Macri

Carlos Pagni
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30 de noviembre de 2017  

Italo Calvino sostuvo que "cada ciudad recibe su forma del desierto al que se opone". Con los sujetos políticos sucede algo parecido. Su identidad se modela en relación con otros. Son lo que los demás los dejan ser. Hasta las últimas elecciones, el contorno del Gobierno se fue delineando en oposición al kirchnerismo. A partir de ese momento, han aparecido otras contradicciones más determinantes del perfil oficialista. Las reformas que Mauricio Macri envió al Congreso son un papel de tornasol para que aflore esta nueva generación de duelos. En el centro de la escena, estridentes y extorsivos, se instalaron los Moyano.

Hugo Moyano volvió al lugar que había ocupado durante el ciclo de Menem y después de que murió Néstor Kirchner. Se ofrece como una alternativa intransigente al dialoguismo sindical. Siempre dentro del peronismo clásico. Nada que se confunda con marxismo. Salvo esto: aquellas tragedias se convirtieron, ahora, en farsa.

A diferencia de lo que sucedió con la reforma laboral de Fernando de la Rúa, esta vez no fue Hugo quien habló de una "banelco". El que sugirió que corrieron coimas fue Pablo, su hijo hiperquinético. Hugo suele decir que él no lo maneja. Pero Pablo, que recibió como legado la conducción del sindicato, lleva su rostro tatuado sobre un hombro. Con su denuncia, el heredero de Moyano insultó a los demás dirigentes de la CGT. Sobre todo a Juan Carlos Schmid, quien está en la conducción en representación de los Moyano. Irreflexivo, Pablo también injurió a su hermano, Huguito, el abogado. Porque, cuando habló de la "banelco", Huguito ya había conseguido borrar de la ley la cláusula que más molestaba a papá Hugo: la que liberaba a las empresas de responsabilidades ante el incumplimiento de una subcontratista con los aportes patronales. ¿Se habrá beneficiado también Huguito de la "banelco" fantaseada por su hermano?

Los triunviros de la CGT no reaccionaron a la afrenta. Apenas Héctor Daer aclaró que "en la CGT suele haber matices". ¿Será un nuevo nombre de las coimas? Es una broma. Seguro Daer estaba distraído, paseando por Roma, con Schmid, de la mano del padre Carlos Accaputo. Habían ido a ver al Papa, que no los recibió. Prefirió hablar con Pablito, amigo de Gustavo Vera y huésped de monseñor Marcelo Sánchez Sorondo.

Los secretarios de la CGT no previeron que alguien reaccionaría con otra dignidad. Miguel Pichetto, el líder de los senadores peronistas, gritó, envuelto en llamas: "La reforma no se va a tratar hasta que Moyano pida que se apruebe". A la indignación por el ultraje Pichetto agregó la irritación política. Ayer los Moyano fueron al Congreso a protestar contra las leyes, sumándose a una fila de simpatizantes de Cristina Kirchner, la rival del rionegrino en el Senado. Nada que sorprenda. En los últimos días, papá Hugo se pregunta: "¿Para qué Pichetto se enfrenta a Cristina? Ahora, que está hecha pomada, tenemos que sumarla para enfrentar a Macri". Pablo fue a la plaza como secretario gremial de la misma CGT que había adherido a las reformas. Nadie en esa central se animó a pedirle la renuncia. Lo tratan con más respeto que sus nuevos socios kirchneristas, que ayer lo mandaron al descenso. Fue una figura de relleno, detrás de Sergio Palazzo, Hugo Yasky y Pablo Micheli.

La degradación de los Moyano tiene otras evidencias. Los sindicatos que acompañaban a Hugo en su vieja CGT ya no se pliegan a las embestidas de sus hijos en la central unificada. Para el plenario de anteayer, el camionero les mandó a Facundo, quien hace un año anunció que abandonaba el gremialismo. ¿Ya había decidido pasarse a la farándula? Lo cierto es que, durante la reunión, los antiguos aliados de su padre lo dejaron solo. Otro motivo para volver a dejar la vida sindical. Si hiciera falta uno, además de Nicole Neumann.

El aislamiento gremial de la familia se explica por la naturaleza particular de sus reclamos. Ninguno es tan acuciante como la situación de OCA, la empresa que, se supone, pertenece a Patricio Farcuh, otro hiperquinético, como Pablo. Sea o no testaferro de los Moyano, Farcuh montó su pequeño imperio aliado a ellos en una empresa de trabajo eventual, Guía Laboral, que ofrecía, a diferencia de sus competidoras, la paz social garantizada.

Farcuh realizó en OCA un desaguisado, sobre todo por no transferir a la AFIP los aportes patronales que retenía a sus empleados. Se trata de más de $ 3500 millones. En vez de enfrentar a este patrón, los implacables Moyano terminaron haciéndose cargo de los sueldos que él no podía pagar. Ahora esa complicidad es un problema: hay $ 50 millones que fueron a OCA y que en el sindicato no pueden explicar.

Acorralado por la AFIP, Farcuh anunció, en una solicitada delirante, un vaciamiento. Transferiría sus 7000 empleados y negocios a dos nuevas sociedades, también llamadas OCA. Los Moyano, tan enemigos de las tercerizaciones, ni chistaron.

OCA debe conseguir el 7 de diciembre que el Enacom renueve su licencia de correo. Para eso necesita un libre deuda de la AFIP. Ayer Farcuh y los Moyano celebraron que el juez Pablo Tejada, de Lomas de Zamora, habilitó el concurso de la empresa. "Pablito y Pato [Farcuh] arreglaron todo", decían en Camioneros. Tejada es un protegido del kirchnerista Santiago Carreras. En su juzgado trabajaría la suegra de Julián Álvarez, gerente judicial de La Cámpora. Nimiedades. Como ese almuerzo que habrían compartido "Chiqui" Tapia, yerno de Moyano y presidente de la AFA, con el rector de la Universidad de Lomas, Diego Molea, gravitante en Tribunales. Habrán hablado de Temperley. Tejada puede haber actuado de acuerdo con el derecho. Igual, sirvió de poco. El concurso es por un monto parcial de la deuda de OCA. Por lo tanto, la AFIP no está en condiciones de otorgarle el visto bueno. Y en este punto Alberto Abad es irreductible. En consecuencia, el Enacom no renovaría la licencia.

Moyano no atribuye estas desgracias a los desmanejos de Farcuh, sino a las maquinaciones de Mario Quintana, el vicejefe de Gabinete. Quintana confió la reconstrucción del Correo Argentino a Gustavo Papini, un ex gerente de OCA, enemistado con Farcuh. Papini recibe ayuda de Ricardo Rodríguez Tosti para la transferencia de clientes. Rodríguez Tosti es la mano derecha de Alfredo Romero, ex dueño de OCA, a quien Farcuh le quedó debiendo plata. Un detalle: el Correo tiene su propio sindicato.

La caída de OCA sería un golpe para Moyano. Algunos colaboradores le aconsejan enloquecer el país con un paro del transporte en medio de la cumbre del G-20. O de la de la OMC, que empieza el 8. Es una de las hipótesis de crisis del Gobierno. La otra es un bloqueo de los militantes mapuches de la RAM, en las inmediaciones de Bariloche: a eso se debió el operativo en el que el joven Rafael Nahuel fue muerto de un balazo. Ayer Macri se encargó de analizar estos escenarios.

Los hijos de Moyano no logran ocultar que quien le cruzó el camión a Macri es el papá. El enfrentamiento es particular. Los Macri conocen a Moyano desde los tiempos de Manliba, la empresa de residuos. Franco Macri lo incorporó como socio al Belgrano Cargas. Mauricio Macri negoció con él, a través de Diego Santilli, los contratos de basura en la ciudad. En abril de este año le cedió la AFA en la figura de su yerno, Tapia, que es funcionario del Gobierno como vicepresidente de la Ceamse. Además, su alter ego, Nicolás Caputo, fue socio de Farcuh en varias contrataciones porteñas durante su gestión como jefe de gobierno.

Por la gama de intereses de Moyano, sólo Macri puede administrar este conflicto. También por la gama de sus debilidades: desde aquel desembolso en OCA hasta las contrataciones de la obra social, que maneja su esposa, Liliana Zulet. Sin olvidar la prisión de "Bebote" Álvarez, el barrabrava de Independiente, o el procesamiento de Sergio Marchi, de Futbolistas Agremiados. Alguien que lo conoce como nadie dictamina: "El único límite que entiende Hugo es que alguien de su entorno vaya preso". Viva la República, tuitearía Elisa Carrió.

El conflicto está a la vista del país. Moyano ha logrado que la reforma laboral pase a febrero. Quiere hundirla. Es el primer desafío explícito que alguien con nombre y apellido le plantea al Presidente. Como las ciudades de Calvino, Macri ya tiene su desierto. Una adversidad que permitirá saber quién es.

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