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Aterballetto, un elenco que va más allá de su literal oscuridad

La compañía italiana regresa al país con un tríptico que confirma su tradición en la senda contemporánea; paso a paso, lo que ocurrió en las últimas dos décadas
Néstor Tirri
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1 de diciembre de 2017  

Escena de #hibrid, una de las piezas que interpretará el team italiano en su escala argentina, este fin de semana
Escena de #hibrid, una de las piezas que interpretará el team italiano en su escala argentina, este fin de semana Crédito: Alfredo Anceschi

Hacía 17 años que no venía. El Aterballetto era un asiduo visitante de los teatros porteños en los años 80 y 90, época en que el prestigioso grupo era dirigido por Amedeo Amodio, legendario bailarín que se había hecho famoso por una perversa escena danzada en un campo de concentración del film El portero de noche (Liliana Cavani, 1974). Hay quienes aseguran haber visto tres veces, en otras tantas temporadas, la pieza Coccodrilli in abito da sera, una fantasía del propio Amodio, que bailaban hombres de frac blanco y bellas ninfas nocturnas enfundadas en vestidos de gala con tajos, un verdadero hit concebido sobre la célebre reunión cumbre de tres guitarristas pesados: Al Di Meola, Paco de Lucía y John McLaughlin. Ahora, con otra conducción, la troupe regresa para actuar en el ciclo Nuova Harmonia de la Fundación Cultural Coliseum.

El grupo había nacido en 1977 como Compagnia di Balletto dei Teatri dell'Emilia-Romagna, por iniciativa de Vittorio Biagi, prestigioso coreógrafo que pocos años después, en 1983, montó en el Colón su rara versión de Romeo y Julieta sobre Prokófiev. Amodio se incorporó dos años después, cuando asomó la nueva denominación (Aterballetto), y se mantuvo al frente durante 18 años. Después lo dirigió el talentoso Mauro Bigonzetti (1997/2007), por entonces un joven valor, de quien el Ballet Argentino de Julio Bocca interpretó alguna de sus piezas.

Italia ha sabido atraer la atención del público internacional con figuras trascendentales del ballet clásico, como Carla Fracci, Luciana Savignano, Elisabetta Terabust o, más recientemente, Alessandra Ferri, o el actual puntal del Ballet del Teatro alla Scala de Milán, Roberto Bolle. En cambio (ya fuera de lo académico), en la Península no proliferaron expresiones actuales relevantes. El caso del Aterballetto es único: a lo largo de 40 años ha desplegado una línea de trabajo coherente para con los cánones contemporáneos de la danza, sea con piezas de repertorio revisitadas (como la celebrada La sacre, versión de Bigonzetti de La consagración de la Primavera, a partir de Stravinsky), o bien con creaciones originales sobre músicas populares, en una simbiosis de bailes regionales italianos y códigos contemporáneos.

Desde hace seis temporadas, por lo demás, cada año el Aterballetto da un salto a la Lombardía y cumple un breve ciclo en su "sede alternativa", el Piccolo Teatro Giorgio Strehler de Milán.

"Me lanzo a esta aventura creativa que involucra valores de calidad y evolución, necesarios para afrontar una representatividad internacional", manifestó hace unos días Gigi Cristoforetti, el nuevo director general del Aterballetto, antes de emprender la gira que lo traerá a Buenos Aires con 24 integrantes, 16 de los cuales son bailarines. Cristoforetti, de 55 años, es un entusiasta especialista en management de la cultura que antes dirigió compañías en Venecia, Roma, Capri y en la Emilia-Romagna. Chevalier des Arts et des Lettres del Ministerio de Cultura de Francia, acaba de ponerse al frente de la Direzione Nazionale della Danza de Reggio Emilia, que cobija a la compañía que ahora regresa a la Argentina.

"Somos protagonistas de 80 fechas de cada año solar -apunta el director-, y las ventas comprometidas de espectáculos en el exterior, incluidas las programadas para Buenos Aires, se extienden hasta el primer semestre de 2019; este emprendimiento viene respaldado por la nueva ley de ordenamiento del espectáculo del Ministero per i Beni Culturali, impulsada por el ministro Dario Franceschini".

Hombre fundamentalmente "de gestión", Cristoforetti confía en las orientaciones estéticas que imprimirá a la compañía la flamante directora artística, Pompea Santoro, ex bailarina del emblemático Cullberg Ballet de Estocolmo, el que -desde 1980- dirigió el genio sueco Mats Ek, en cuyas obras Pompea interpretó la mayoría de los roles femeninos. En 2010 montó una Giselle en el Teatro San Carlo de Nápoles, siguiendo parcialmente el modelo no convencional con que la había "reciclado" su maestro Ek, hasta que en septiembre de este año asumió la supervisión artística del Aterballetto.

De la producción y del nivel de repertorio del grupo de Reggio Emilia hablan los nombres de los coreógrafos, que, en calidad de invitados regulares, montan allí sus obras: Michele Di Stefano, Andonis Foniadakis, Johan Inger, Cristina Rizzo, Giuseppe Spola y dos checos notables, Jirí Pokorni y Jirí Kylián. En el programa que el Aterballetto presentará hoy y mañana, en el Coliseo porteño, figuran, precisamente, una pieza de Spota que abrirá la velada, Lego, con música de Bosso, Johannsson y Nils Frahn, y otra de Inger, Bliss (2016, música de Keith Jarrett), además de una tercera, compuesta por un ex bailarín del grupo, Philippe Kratz, titulada #hybrid (2015).

Si bien el lenguaje de la danza contemporánea apunta a una dimensión estilística global, tanto quienes aplaudieron el Aterballetto un cuarto de siglo atrás como los nuevos espectadores celebrarán esta expresión del movimiento, en la que -cuanto menos- destella una marca de identidad inocultablemente italiana.

Aterballetto

Tres piezas contemporáneas, Lego, #hybrid y Bliss.

  • Funciones, hoy y mañana, a las 20.30
  • Teatro Coliseo, M T. de Alvear 1125.
  • Localidades, desde $ 450.

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