Se terminó el amor entre Trump y su secretario de Estado

Según medios locales, la Casa Blanca tiene listo un plan para reemplazar a Tillerson por el actual jefe de la CIA; la relación entre ambos se deterioró rápidamente
Rafael Mathus Ruiz
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1 de diciembre de 2017  

WASHINGTON.- La desgastada relación entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su secretario de Estado, Rex Tillerson, ingresó en su tramo final luego de que los medios difundieron un supuesto plan de la Casa Blanca para reemplazar al jefe de la diplomacia por el director de la CIA, Mike Pompeo, un "halcón" muy cercano al mandatario.

Trump y Melania, ayer, en una ceremonia en Washington
Trump y Melania, ayer, en una ceremonia en Washington Fuente: AP

Tras conocerse la movida oficial para la salida de Tillerson, un secreto a voces en Washington tan comentado y anticipado que fue bautizado "Rexit" hace meses, la Casa Blanca ensayó una tibia desmentida, y ningún funcionario, ni siquiera el propio Trump en un breve ida y vuelta con periodistas, le brindó al canciller un respaldo categórico.

El plan, que fue publicado primero por el diario The New York Times y luego por The Washington Post, prevé forzar la salida del ex CEO de Exxon del Departamento de Estado y reemplazarlo por Pompeo, que dirige la CIA y que a su vez sería sustituido por Tom Cotton, un joven senador de Arkansas que fue uno de los primeros legisladores en respaldar al presidente cuando era candidato. Ambos comulgan con la visión de Trump. Cotton llegó incluso a decir que el "submarino", que la CIA aplicó a prisioneros en Guantánamo no es tortura.

La desvinculación del gobierno del antaño ícono petrolero cerraría una de las gestiones más cortas y turbulentas en la historia de la diplomacia norteamericana, signada por roces y una creciente marginalización de Tillerson por parte de la Casa Blanca. Trump y Tillerson han tenido opiniones antagónicas sobre el Acuerdo de París y el acuerdo nuclear de Irán, el presidente dijo que "perdía el tiempo" lidiando con Corea del Norte y el canciller nunca desmintió del todo haberlo llamado "maldito estúpido" en privado.

"Él está acá. Rex está acá", se limitó a decir Trump, ayer, cuando periodistas le preguntaron en el Salón Oval si Tillerson continuaría siendo su canciller. No hizo más comentarios.

Mientras más medios confirmaban el plan, siempre en off the record, la vocera de la Casa Blanca, Sarah Sanders, salió a ofrecer la primera postura oficial sobre el supuesto retoque en el gabinete: sólo se limitó a decir que no había anuncios de personal "en este momento". Punto. En un gobierno que critica seguido a la prensa, ni ella ni nadie dijo que los informes eran "noticias falsas".

"El secretario Tillerson continúa liderando el Departamento de Estado y todo el gabinete se enfoca en completar este increíblemente exitoso primer año de administración del presidente Trump", completó Sanders.

Unas horas después, fue el turno de la vocera del Departamento de Estado, Heather Nauert, que dijo que Tillerson permanecía comprometido con su trabajo, el cual, aclaró, le gustaba, pero que servía "al placer del presidente".

"La declaración de la Casa Blanca confirmó que no habrá cambios de personal. Es un hecho que el secretario Tillerson sirve a placer del presidente, como lo hacemos todos nosotros, al igual que todos los designados políticos y miembros del gabinete", insistió Nauert.

No dejó el tema ahí. Dijo, incluso, que el jefe de gabinete, John Kelly, había llamado para desmentir todo. Kelly, según los reportes, fue quien armó el plan.

"El jefe de gabinete Kelly llamó a nuestro departamento esta mañana y dijo que los rumores no son ciertos, que esos informes no son ciertos. Eso es lo que me dijeron, eso es lo que nos dijeron. Y ustedes escucharon de la Casa Blanca que no han anunciado ningún cambio de personal", insistió la vocera.

Una fuente diplomática que conoce las internas del gobierno de Trump dijo a LA NACION que la salida de Tillerson es un hecho y que lo único en discusión es la fecha. Dado que los republicanos están abocados a aprobar los recortes impositivos propuestos por Trump (ver aparte), todo indicaría que cualquier movida en el gabinete quedaría postergada, al menos, hasta principios del año próximo.

El reemplazante de Tillerson debe además ser confirmado por el Senado, un proceso que podría complicarse si se estirara durante todo el receso navideño.

Otra candidata para el puesto de Tillerson que se mencionó en los últimos meses es la actual embajadora de Estados Unidos ante las Naciones Unidas, Nikki Haley, una ascendente figura republicana. Pero Pompeo contaría con el visto bueno de Kelly, un funcionario predilecto de Trump y uno de los "generales" de su gobierno.

Pompeo está más cerca de Trump en el espectro ideológico que Tillerson, uno de los "globalistas" de la administración. Al igual que Tillerson, comparte con Trump un pasado en el mundo empresario, pero es un "halcón" graduado en West Point, la mítica academia militar.

Oriundo de Kansas, uno de los bastiones republicanos del país, el actual director de la CIA llegó a Washington de la mano del movimiento ultraconservador Tea Party y supo ganarse la confianza de Trump desde un puesto caliente. Varias veces por semana, Pompeo cruza el Potomac para ir desde la sede de la agencia de inteligencia, en Langley, Virginia, hasta la Casa Blanca para ocuparse personalmente de entregar los informes diarios de inteligencia al presidente. Trump, que valora el contacto personal, suele pedirle a veces que participe de otras reuniones y ha pedido su consejo en temas que exceden su portfolio.

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