¿El fin del smartphone? El desafío de superarse a sí mismo

Los teléfonos inteligentes ya tocan su techo y los expertos analizan qué dispositivo reinará en la próxima era de conexión
Sebastián Campanario
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2 de diciembre de 2017  

Las imágenes se convirtieron en un lugar común del paisaje urbano contemporáneo: familias enteras, grupos de amigos, gente en el subte, colectivo o tren, compartiendo un espacio, pero cada uno absorto en su teléfono celular, con el cuello inclinado, ajeno al contexto, con la cara algo iluminada por el brillo de la pantalla. Para algunos especialistas en un futuro cercano es probable que veamos estas fotos y percibamos este ensimismamiento con el smartphone como algo lejano, propio de una época anterior, de una "era paleodigital".

Crédito: Shutterstock

Las visiones que postulan el fin del reinado de los smartphones se multiplicaron en el último mes y medio, luego del lanzamiento del iPhone X, que desilusionó a muchos especialistas en tecnología que ven el actual patrón evolutivo de estos aparatos muy lejos del salto disruptivo que provocó el lanzamiento del primer iPhone diez años atrás. Hay varias justificaciones y pronósticos interesantes en este campo.

El más extendido es que el ciclo de innovación tecnológica de los smartphones llegó a una meseta, con mejoras pero sin novedades que vuelvan imperativo tener el último modelo. Algo parecido a lo que sucedió con las computadoras personales en 2004: una vez que Intel entró al mercado con su procesador de doble núcleo ya no era tan necesario cambiar de dispositivo todos los años.

Algunos análisis sobre la decadencia de la era de los teléfonos inteligentes preceden al lanzamiento del último iPhone. En marzo de este año, Benedict Evans, graduado de Cambridge y uno de los tecnólogos más escuchados en la actualidad, escribió un ensayo titulado "El fin de la innovación en smartphones". "Cualquier nueva tecnología recorre un camino en S: al principio la innovación va lento porque se deben definir los parámetros y conceptos fundamentales, luego empieza un rally de cambio acelerado y luego, a medida que los «espacios en blanco» (en este caso funcionalidades del celular) se van llenando, la dinámica entra en una meseta. Las PC hogareñas hace años que están en esta curva achatada y los celulares empiezan a estarlo", dice Evans.

Esta trayectoria no es ninguna novedad para los grandes gigantes de la tecnología (Google, Facebook, Apple, Samsung, Microsoft) que están encarando distintos proyectos tendientes a definir cuál será el dispositivo que reinará en nuestra próxima era de conexión.

Una de las explicaciones de este fenómeno tiene que ver con la mayor competencia de otros dispositivos conectados que se están volviendo masivos en el mercado. "Hoy, las funcionalidades del smartphone se están extendiendo a otros dispositivos", cuenta Santiago Greco, especialista en innovación y estrategia digital. "Si no tenés el teléfono encima podes responder por WhatsApp de escritorio; o probablemente tengas múltiples conversaciones con la misma persona en el desktop web usando Facebook messenger, WhatsApp de escritorio o los mensajes directos de Twitter".

Para Greco, así como hace un par de años usábamos el ejemplo de que el teléfono inteligente reemplazó a veinte dispositivos (televisión, radio, calculadora, billetera, reproductor música, correo, juegos, cuaderno, linterna) en un mediano plazo el smartphone volverá a tener menos usos ya que estaremos hiperconectados.

Un final (no tan) cercano

Consultados para esta nota, otros expertos en innovación y tecnología, Gustavo Buchbinder y Alan Daitch, se mostraron más escépticos con la posibilidad del fin del reinado de los celulares inteligentes.

"No creo que desaparezca ese dispositivo, de ese tamaño, que entra más o menos en un bolsillo y que utilizamos para chatear, usar videojuegos, leer, escuchar música y ver videos. De hecho, creo que su uso va a aumentar, sobre todo al utilizar el dispositivo como medio de pago universal", explica Buchbinder, socio y fundador de Webar Interactive.

Según Buchbinder, "es probable que algunas funcionalidades sean reemplazadas por otros objetos contactados: con el smartwatch probablemente hagamos alguna que otra llamada, o con otros dispositivos conectados en las casas (como el Amazon Echo) podremos escuchar música o saber el pronóstico, pero en esto siempre la practicidad gana: ¿para qué tener cinco dispositivos cuando en uno puedo tener todo?".

Daitch, fundador de Digodat, especialista en big data y colaborador de Google, cree que esta predicción -la del fin del reinado smartphone- es real en un sentido muy amplio (nada es para siempre). "Sin embargo, no existen indicios de que este final se encuentre cerca", sostiene.

Los desafíos para lograr terminar con los smartphones son dos, sigue Daitch: por un lado, la cuestión tecnológica (¿qué hace falta para inventar algo superador?). "En segundo lugar, el tema de la usabilidad: es decir, de animarnos a imaginar algo que cubra las mismas necesidades que nuestro celular, pero de una manera más conveniente".

¿Cómo serán los caminos futuros de este tipo de tecnologías? Hay varios aspectos en discusión.

Están los tecnólogos que creen que los algoritmos de reconocimiento de voz llegarán más pronto de lo que se cree a la perfección -gracias a la inteligencia artificial-, con lo cual habrá dispositivos en todos lados -en la calle, los aeropuertos- que reconocerán nuestra voz. Las opciones más de "ciencia ficción" incluyen los proyectos como Neuralink, de Elon Musk, una firma de "neurotecnología" que promoverá el implante de interfaces en el cerebro para comunicarse con las máquinas.

Si de imaginar se trata, Buchbinder apuesta a que en un futuro el factor sorpresa en los teléfonos inteligentes vendrá por el lado del diseño. "Cuando uno mira hacia dónde va el arte, puede intuir un camino: alcanza con seguir al mayor escultor moderno, a Jeff Koons, con sus objetos pulidos, sin bordes ni contornos, de colores brillantes (¿se acuerdan de la Ballerina del Malba?)", dice el director de Webar. "O quizás estos objetos van a ser como el Terminator T 1000, de metal líquido, que de acuerdo con las necesidades se adaptaban en tamaño y forma. ¿Por qué no?".

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